Sernauto y Anfac median ante el Gobierno español

El automóvil lucha para frenar la discriminación fiscal del diésel

La industria de componentes de automoción y la de fabricantes de vehículos han unido fuerzas en España y en Europa para combatir en Bruselas contra la amenaza de una discriminación fiscal del diésel frente a la gasolina.

El automóvil lucha para frenar la discriminación fiscal del diésel
El automóvil lucha para frenar la discriminación fiscal del diésel

Las asociaciones Anfac (fabricantes de automóviles) y Sernauto (componentes) han unido fuerzas los últimos meses para trasladar al Gobierno español y a los eurodiputados españoles su oposición a la discriminación fiscal del diésel respecto a la gasolina. La batalla se inició a partir de la presentación por parte de la Comisión Europea en primavera de 2011 de la propuesta de revisión de la directiva para la fiscalidad de los productos energéticos, pero se ha intensificado en las últimas semanas ante la previsión de que el texto fuese analizado en el Consejo Europeo que se desarrolla entre ayer y hoy. Sin embargo, fuentes de Hacienda confirmaron ayer que, pese a estar inicialmente previsto, no se estudiará en esta cita.

Fuentes de la industria del automóvil consultados por este periódico declaran que el Gobierno español se ha alineado con las tesis de la industria y ha apoyado las modificaciones al texto inicial de la Comisión, primero en el Parlamento Europeo, y ahora de cara a la cumbre. De hecho, el pasado viernes el Ecofin se replanteó el texto para incorporar algunas de las modificaciones al texto aprobadas en el Parlamento Europeo. Hacienda no comenta en qué términos se modificará la propuesta.

A nivel europeo

Las asociaciones europeas de fabricantes de automóviles, ACEA, y su equivalente de componentes de automoción, Clepa, iniciaron una labor de lobby en Bruselas y encomendaron a sus afiliados nacionales que hiciesen lo propio ante sus Gobiernos y ante sus eurodiputados.

Fruto de esa presión, el Parlamento Europeo presentó un dictamen modificando varios de los puntos gordianos del texto de la Comisión. Concretamente, los europarlamentarios propusieron (su dictamen no es vinculante) ampliar hasta 2030 el periodo transitorio; mantener las ventajas al gasóleo profesional; y eliminar el principio de proporcionalidad. Tesis defendidas por la industria del automóvil.

Estas mismas fuentes declaran que el pasado viernes el Ecofin analizó la propuesta de directiva con la intención de adaptarla a las sugerencias del Parlamento.

La propuesta de Directiva de la Comisión, que modifica otra de 2003, cambia las reglas de fiscalidad actuales de los productos energéticos, para tener en cuenta tanto las emisiones de CO2 como el contenido energético de los mismos. Este último punto es lo que ha perjudicado al gasóleo frente a la gasolina, ya que el primero tiene mayor contenido energético que el segundo y, por tanto, la propuesta de futura directiva lleva consigo un aumento de la tributación del gasóleo frente a la gasolina. Algo que disgusta al sector automovilístico europeo, primer fabricante de vehículos diésel del mundo.

"Debilitaría la competitividad europea"

Subir el diésel es atentar contra la industria europea del automóvil. Sobre esta tesis están basando las patronales europeas su argumentario para que los políticos nacionales y comunitarios reconsideren la posición defendida por la Comisión Europea sobre la futura fiscalidad de los carburantes. En un documento conjunto elaborado por Anfac y Sernauto, que han presentado a las autoridades españolas, concluyen que "la propuesta de la CE pondría en peligro la consecución de los objetivos de emisiones de CO2, debilitaría la competitividad europea, pondría en riesgos puestos de trabajo y penalizaría a los consumidores".

La industria centra su oposición a la discriminación tributaria del diésel frente a la gasolina en aspectos medioambientales, de competitividad y liderazgo tecnológico, empleo e impacto social.

En contaminación, esgrimen que el diésel emite un 20% menos de CO2 que la gasolina. En términos de competitividad, recuerdan que los fabricantes de vehículos y de componentes europeos son líderes mundiales en tecnología diésel y que el 70% de los coches matriculados en España usan este carburante. Sobre aspectos laborales denuncian la pérdida de puestos de trabajo en Europa de alta calidad y en el impacto social defienden que, dado el peso del gasóleo, una subida de impuestos tendría efecto sobre los consumidores.