Más compromiso, mejores medios
Las decisiones para devolver la calma a los mercados de deuda pública no han tenido efecto. El autor reclama acciones relevantes o el coste de financiación para el Estado será insostenible.
La crisis de deuda pública del área del euro parece no tener fin, se han tomado muchas decisiones desde su inicio, enero de 2010, pero ninguna de ellas ha servido para recuperar la calma de manera sostenible en el tiempo. De hecho, desde el verano del año pasado, solo las subastas de liquidez a largo plazo del BCE han tenido un impacto significativo y duradero sobre los mercados de deuda pública. Si bien se ha aprobado un abanico significativo de instrumentos y compromisos, pocos de ellos han tenido un calado importante en los mercados y muchos han sido meramente generadores de expectativas favorables, que posteriormente no se han materializado.
El conjunto de analistas económicos convergen, o convergemos, en que es necesaria una mayor integración fiscal, una pérdida de soberanía y una autoridad bancaria común, así como en que el tiempo restante para acometer estos objetivos, tan ambiciosos, se está agotando. No obstante, considerando que todos los actores coinciden en cuál debe de ser el objetivo, las disputas se centran en cómo se deben acometer. En este sentido, existen dos posturas asimétricas, ya muy conocidas, una, la que se ha implantado en el conjunto del área del euro desde principios de 2010, la de la austeridad, y la segunda, la de incentivar el crecimiento económico para garantizar la recuperación del empleo.
La primera considera que la mejor manera de mantener abiertos los canales de financiación es la de garantizar la capacidad de reducir los excesos, mientras que la segunda parte de la premisa de que sin crecimiento no se podrá devolver la deuda. Ambas premisas son ciertas, sin embargo pensamos que el problema es el del diagnóstico de la situación actual.
El conjunto de Europa se encuentra en recesión y, si bien aún no se conocen los datos del segundo trimestre del año, es muy probable que estos sean negativos, por lo que desde el tercer trimestre del año pasado Europa no es capaz de aumentar su producción ni de generar puestos de trabajo, lo que ha provocado una tendencia al alza de la tasa de paro del conjunto del área, alcanzando máximos históricos en abril de 2012. Por tanto, en un escenario donde la actividad económica se contrae, las políticas de austeridad acentúan la recesión económica, a la vez que dificultan la devolución de la deuda, ya que en etapas de contracción se incrementa el gasto público derivado del incremento de las prestaciones, a la vez que los ingresos se contraen con intensidad por el deterioro de la actividad económica.
En 2007 no disponíamos de la capacidad de predecir los resultados de ejercicios empíricos de políticas fiscales y monetarias sobre la crisis actual y las proyecciones económicas o estudios de investigación solo podían aportar conclusiones de aproximación. No obstante, en la actualidad podemos comparar los resultados económicos de las decisiones de política monetaria y fiscal, ya que tenemos ejemplos empíricos de políticas asimétricas. Así, como ejemplo de política fiscal y monetaria expansiva, destacamos EE UU, que mantienen planes de estímulo al crecimiento tanto desde la política fiscal, como a través de los diferentes instrumentos de política monetaria heterodoxa de la Reserva Federal. Los resultados de estas políticas expansivas han sido que EE UU registró un crecimiento del 3,0% en 2010 y del 1,7% en 2011, al mismo tiempo que se generaron más de 2,8 millones de empleos. Por el contrario, en Europa, desde 2010 la política fiscal se tornó restrictiva, mientras que, si bien la política monetaria se ha mantenido expansiva todo el periodo de recesión, los instrumentos que ha utilizado el BCE no han servido para restablecer la confianza de los inversores internacionales, lo que ha encarecido los canales de financiación públicos y privados.
En consecuencia, la evidencia empírica nos muestra como las políticas restrictivas del conjunto del área del euro han provocado una prolongación de la recesión económica, que muy probablemente se agudizará en la segunda mitad de 2012, mientras que en EE UU, si bien se mantienen elevados desequilibrios y niveles de endeudamiento, las políticas expansivas introducidas tanto en el ámbito fiscal como en el monetario han permitido restablecer una senda de crecimiento sostenido, capaz de generar empleo.
Bajo esta óptica, la cumbre de los líderes europeos se enmarca en un escenario cada vez más delicado para la moneda común. Ya que, tras haber salvado alguna que otra pelota de partido, tras las elecciones griegas y la solicitud de ayuda del Gobierno español para cubrir las necesidades de capital del sistema financiero, el tiempo para solucionar los problemas de sostenibilidad del euro cada vez es menor. Es por ello que deberíamos esperar un cambio hacia una política fiscal neutra en el conjunto del área del euro, donde las economías con capacidad de endeudamiento deberían liderar los planes de estímulo fiscal, mientras que las economías con elevados excesos, entre las que se encuentra España, deberían acometer la senda de consolidación fiscal, aunque sería deseable una cierta flexibilización de los planes de ajustes pactados. Entre las medidas que se reclaman con más urgencia a la economía española está el incremento del IVA, así como la eliminación de la deducción por vivienda habitual. Al mismo tiempo, es necesario un mayor respaldo por parte de la autoridad monetaria europea, a través de la compra directa de deuda en los mercados secundarios, para restablecer la estabilidad de los mercados financieros y, así reducir los costes de financiación de las economías con problemas.
Si bien parece que la primera de las peticiones parece haber calado en los líderes del centro de Europa, se ha presentado un plan de estímulo económico del área del 1,0% del PIB, unos 130.000 millones de euros, el respaldo por parte del BCE parece más difícil de conseguir, ya que desde el inicio de la crisis de deuda la postura del banco central ha sido ajena a los problemas de financiación de los países, excusándose en su objetivo de estabilidad de precios.
En consecuencia, si en el corto plazo no se acometen acciones relevantes que permitan recuperar la confianza de los inversores internacionales, el coste de financiación del Estado se mantendrá en niveles elevados, insostenibles según la opinión del ministro de Economía, lo que podría provocar que España ampliara la solicitud de ayuda financiera.