TRIBUNA

La energía competitiva para la industria

A la vuelta de este verano recién estrenado, a los industriales les espera la preparación de sus presupuestos para 2013, y a la luz de estos, los comités de inversiones de las multinacionales decidirán en qué fábrica de qué país van a invertir. Para decidir una inversión se evalúan muchos factores; entre ellos resulta clave el coste de la energía, que puede suponer el 5%, el 10% y hasta el 30% de los costes de producción. Pero en los próximos presupuestos que preparen nuestros industriales en otoño, ¿cómo van a tratar el coste eléctrico? ¿Será capaz la industria española de atraer inversiones para continuar y mejorar su competitividad?

En lo que va de año, el coste regulado del precio eléctrico para nuestra industria ha aumentado ya un 7% de media y a ello deberemos sumar la repercusión del nuevo y tan temido impuesto a la generación -que está al caer-, que será repercutido por los generadores en el precio del mercado eléctrico de producción y que supondrá otra subida más para la industria de entre el 3% y el 4%. De cara a 2013 es evidente que estos costes no se van a ver recortados, sino todo lo contrario, teniendo además en cuenta que hay que rebajar el déficit del sector, que se cifra en unos 28.000 millones de euros. Es evidente que la cosa va de mal a peor. Pues bien, para unas 20.000 industrias de tamaño medio, la electricidad ha hecho retroceder su competitividad en 22 puntos en los últimos 10 años; y es más, unas 87.000 pequeñas industrias soportan un precio muy por encima del de la mayoría de los países de la Unión. Conclusión: el precio final que paga una industria española por la electricidad no es un factor que atraiga nuevas inversiones, es un factor que nos aleja de los países más competitivos.

Por suerte, hay industrias españolas que invirtieron en sistemas de eficiencia para generación de electricidad y calor -cogeneración- y esto les supone un ahorro en coste energético de entre un 10% y un 20%, lo que les hace claramente más competitivas.

Eso era así hasta enero porque desde la publicación del Real Decreto-Ley 1/2012 las expectativas de mantener costes energéticos más competitivos por haber invertido en sistemas de alta eficiencia se ha esfumado, aumentando la inseguridad jurídica de las nuevas inversiones en las fábricas que habían apostado por un modelo de futuro, al menos según Europa y sus recientes políticas de ahorro.

En marzo se alcanzó el máximo histórico de precio del petróleo Brent -95 euros por barril- y en esta coyuntura conviene no perder de vista la balanza de importaciones a la que la cogeneración recorta entre 600 y 900 millones de euros anuales.

Hace tres semanas Paul Krugman citaba como primera medida para activación de la economía un apoyo decidido del Gobierno a la industria manufacturera. Esa industria que en los últimos años ha ido recortando su aportación al PIB, pasando del 21,3% al 15,8% actual, lo que nos coloca por debajo incluso que Portugal, donde supone el 17%. Esa industria nacional manufacturera que ocupa a 2,5 millones de trabajadores y que soporta costes energéticos de hasta el 30%.

Es urgente e improrrogable esclarecer los precios futuros de la electricidad industrial y de los sistemas de cogeneración, como herramienta de equilibrio de la balanza de pagos y como herramienta de competitividad.

Europa empieza a dar mensajes muy claros relacionados con el rescate o simplemente con la permanencia en la Unión. Por un lado, Europa le pide a España para que no frene las renovables sino que se replantee los beneficios de las plantas eléctricas amortizadas nucleares e hidroeléctricas. Es decir, pide protección para el capital que ha invertido en los últimos años. Por otro lado, Europa requiere que se actúe en los casos de pésima gestión financiera, no sea que envíen 100.000 millones de euros y también desaparezcan. Al menos en una de las dos exigencias Europa tiene razón para dar una tranquilidad necesaria a los inversores industriales.

Y no es por aguar la fiesta, pero recientemente el consejero delegado de Banco Sabadell ya explicaba de forma extensa y clara en prensa por qué el rescate a España no iba a suponer activación del crédito a las empresas.

Aparte de tranquilidad, el país necesita avanzar hacia el objetivo de activación de la economía y de crecimiento del empleo, poner rumbo firme y optimismo. Hacienda debería afilar el lápiz e incentivar, junto con Economía, la competitividad del aparato industrial productivo de este país. El Gobierno tiene pendiente solucionar los proyectos de cogeneración atrapados por la reforma energética de enero y además no se puede equivocar en la señal para los inversores en economía productiva, economía industrial.

La industria necesita una señal clara para sus presupuestos de 2013. Ojalá el Gobierno ponga de moda esta canción de aumento de la productividad industrial cuando es necesaria, más pronto que tarde: la canción del verano.

Virginia Guinda Lacalle. Consultora energética y empresaria. Socia directora de Energía Local