COLUMNA

Protección ante un parón chino

No sorprende que Hu Jintao, el presidente chino, quiera ensalzar su economía. Mientras el fin de semana hablaba de continuar con el robusto crecimiento, los datos muestran que el precio de las casas bajó un 1,5%, lo que, unido a la caída de la producción industrial, sugieren una desaceleración.

Pocos dudan de que China seguirá creciendo. Pero, ¿con qué velocidad? Los inversores más cautos han castigado los valores que dependen de que China crezca rápidamente. Pero aún hay inversiones que ofrecen protección para quienes no comparten la línea oficial. Primero, las opciones de venta sobre el dólar australiano. La moneda representa el creciente apetito de China por los recursos. Morgan Stanley estima que la moneda australiana podría caer un 15% si el crecimiento económico de China baja del 5% anual. Una lógica similar al dólar taiwanés. En este momento la moneda sirve como fuerza para expandir la inversión y el turismo en China, que podría sufrir si el crecimiento se desacelera. Tercero, los swaps de cobertura de impago de Corea del Sur. China es su mayor mercado exportador. El coste de asegurar los bonos soberanos contra impagos podrían crecer si las exportaciones se ralentizaran, presionando el balance comercial y las finanzas del país surcoreano.

Una inversión más defensiva serían las constructoras. Frenar la inversión en infraestructuras fomentó la desaceleración china. Ahora Pekín está apretando el acelerador. Esto debería ayudar a constructoras como China State Construction Internacional, que cotiza 12 veces bajo sus ingresos estimados para este año.

Finalmente, siempre están los bonos bancarios. La caída de la propiedad en China debería estrechar los beneficios de los bancos, pero es muy improbable que Pekín les deje incumplir con sus deudas. Por ejemplo, la deuda sénior del Banco Comercial e Industrial de China, en dólares, con un vencimiento a 10 años está rindiendo a un 4,35%. Puede parecer no muy tentador por ahora. Pero si China tropieza, el papel bancario puede resultar tan bueno como el oro.

Por Wayne Arnold