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Columna

Rendimientos muy bajos para EE UU

El mundo no le está haciendo ningún favor a EE UU. Los inversores, atemorizados por la desaceleración en China y la posible desintegración de la zona euro han estado, se han lanzado a los bonos del Tesoro americano, a pesar de que uno a 10 años rinde apenas un 1,5%. Normalmente, unos préstamos tan baratos serían una bendición para el crecimiento. En el entorno actual, parecen como galletas de menta para un país exigido por los límites de la política monetaria y unos déficits fiscales a largo plazo que se vuelven más difíciles de superar con cada año que pasa.

Para empezar, el trabajo de la Reserva Federal de estimular la economía a través de políticas futuras se vuelve excesivamente difícil de lograr cuando los rendimientos a diez años son tan bajos. Eric Rosengren, el presidente de la Reserva Federal de Boston, espera que una extensión del programa de compras de 400.000 millones de dólares en bonos a través del banco central, conocida como operación Twist, pueda empujar los tipos a largo plazo. Pero, ¿con qué efecto? Los rendimientos del Tesoro ya han caído más de la mitad desde 2009 sin apenas un impacto duradero en una economía que sigue luchando por alcanzar la velocidad para escapar.

Luego está Washington, donde los bajos tipos son como comida basura para los políticos. El año pasado, Standard & Poor's degradó a EE UU después de una desagradable batalla por el límite de deuda que colocó al Gobierno cerca de la quiebra. Pero esa experiencia no ha ayudado mucho para mejorar la gobernanza financiera. Con unas elecciones presidenciales muy apretadas, los legisladores tienen pocos incentivos para afrontar complejos problemas fiscales antes de noviembre.

Tristemente, el mercado de bonos ya no proporciona un excelente púlpito para que los políticos americanos confronten las decisiones difíciles. El estatus del dólar como la moneda de reserva mundial y una escasez de refugios seguros en unos tiempos difíciles significan que EE UU será capaz de exprimir más jugo de su excepcional posición en los mercados financieros globales. Esto tendrá algunas consecuencias particularmente desagradables cuanto el Tío Sam llegue a esa última galleta de menta.

Por Agnes T. Crane

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