Monti necesita un nuevo ímpetu
Los hermanos Super Mario necesitan un relanzamiento. A finales del año pasado, los nombramientos casi simultáneos de Mario Monti, para reemplazar a Silvio Berlusconi como primer ministro italiano, y de Mario Draghi, como presidente del BCE, ayudaron a dar la vuelta a la crisis del euro, por lo menos temporalmente. Pero el temor ha vuelto. Italia será la próxima en la diana si las crisis en Grecia y España empeoran.
Después de alejarse de la crisis tras un buen comienzo, con la reforma de las pensiones y una mayor disciplina fiscal, Monti ha perdido algo de ímpetu. Tiene que comprometerse con la reforma laboral y la liberalización de los servicios. Es fácil explicar detalladamente qué debería hacer Monti ahora. Necesita mostrar que los cambios del año pasado en el sistema judicial están siendo implementados; empujar una renovación desde la raíz del sector público, especialmente sus hinchadas Administraciones regionales; recortar los beneficios políticos y presentar un plan creíble a largo plazo para rebajar la deuda italiana, que sobrepasa el 120% del PIB, a través de la privatización y la venta de bienes raíces.
El problema es que los italianos están empezando a cansarse de la austeridad y los partidos políticos que respaldan al Gobierno tecnócrata de Monti ya compiten por una posición antes de las elecciones generales de la próxima primavera. La incertidumbre sobre qué pasará después de las próximas elecciones no es solo una sombra sobre el programa de reformas. Dado que muchos de los partidos políticos tradicionales están desacreditados, hay un riesgo de que Italia pueda acabar con una versión menos severa de la enfermedad griega, en la que nadie puede formar un Gobierno. Todo esto está pesando en los mercados: los rendimientos de los bonos a 10 años están de nuevo en el 6%.
Si las cosas empeoran, la principal línea de defensa será el BCE. Puede mantener los bancos del país a flote con préstamos baratos a largo plazo, y comprar bonos soberanos para recortar los costes de financiación del Gobierno. Pero Mario Draghi no parece que ayude sin algo a cambio. Ese podría ser el ímpetu necesario para dar a Mario Monti fuerzas renovadas.
Por Neil Unmack / Hugo Dixon.