El 'coworking' crea un nuevo perfil de empleo

A pesar de la crítica situación económica que estamos viviendo, el mundo empresarial está viendo cómo se incrementa una variada gama de profesionales entre los que destacan emprendedores con ideas innovadoras, autónomos creativos... que prescinden —obligados o no— de la oficina tradicional para poner en marcha sus propias ideas de trabajo o negocio, aprovechando para ello las facilidades que ofrece el coworking.

Esta innovadora forma de entender el trabajo de oficina surgida en Estados Unidos hace algunos años y que inicialmente se orientó a profesionales del sector del diseño, de la programación, de Internet y el periodismo, se expande ahora al resto de sectores profesionales.

Si la crisis ha empujado el despegue del coworking, las soluciones han venido de la mano de las TIC y de una innovadora distribución de los espacios de trabajo, pero aunque sean muchos los que desean emprender y trabajar por su cuenta, los altos precios de alquiler de las oficinas o la incomunicación que supone trabajar desde casa actúan como un freno poderoso. El coworking ayuda a superar estos obstáculos, creando un nuevo perfil de trabajador.

Compartir espacio hace que el trabajo sea un asunto de carácter social

"Por lo general, este perfil corresponde a una persona joven y muy ligada a las nuevas tecnologías (periodistas, programadores, diseñadores, community managers...), aunque comienza a convertirse en una alternativa para autónomos que necesitan aligerar costes y aprovechar las ventajas que les ofrece el coworking. Es importante señalar que las personas o redes profesionales con las que se reparte el espacio sean afines y se comparta una misma filosofía de trabajo para de esta forma conseguir el incremento de la productividad deseado", comenta a EL PAÍS Gonzalo Barbadillo, director del área de human capital de Deloitte.

Por ello, que el trabajador pueda disponer del espacio que realmente necesita (nunca son demasiados metros cuadrados cuyo precio de alquiler oscila entre 120 a 180 euros mensuales), de una completa flexibilidad del horario que marca él mismo, el compartir el espacio de una oficina, sus servicios y gastos comunes con otros profesionales del mismo o de distintos entornos... no solo supone un ahorro en costes, sino una nueva forma de trabajar en comunidad.

Por este módico alquiler, el coworker dispone en un centro de este tipo, de un pequeño espacio, su mesa de trabajo e infraestructura de comunicación y servicios necesarios para iniciar y/o mantener su actividad laboral sin tener que efectuar grandes ni medianas inversiones. Un alquiler que incluye wifi, agua, luz, aire acondicionado, que suele ofrecer también un pequeño office con frigorífico y microondas, además de un espacio abierto tipo lounge para visitas o reuniones con clientes o proveedores.

Pero conviene señalar que no todo el mundo se apuntaría a esta manera de trabajar. ¿Cuál es el perfil de uncoworker? ¿Hasta qué punto les enriquece este nuevo ámbito de trabajo?

"Suelen ser profesionales muy relacionados con la tecnología, bien sea porque se trata de tecnólogos o porque su trabajo depende de ello. Al decir tecnología quiero decir que van desde lo más básico, como un smartphone, hasta lo más avanzado, como la nube. Creo que esto se debe a que están más enfocados a la movilidad y no les asusta no poseer un espacio físico íntegramente propio. Son más colaboradores, más relacionales, más abiertos a probar diferentes opciones y novedades. En su mente en general no existe el esquema típico de trabajo-oficina, sino el "trabajo donde estoy". Esto también está siendo posible por la evolución y el desarrollo tecnológico, que permite una movilidad y un acceso a la información y a la comunicación casi infinitos. De aquí que la mayoría de profesionales o empresas que utilizan estos servicios sean programadores, desarrolladores, diseñadores, consultores, etcétera", reflexiona âscar García, CEO de Busining Espacio de Negocios.

La productividad y la eficiencia en costes son temas a tener en cuenta, pero saber que tienes un punto físico, diferenciado de tu casa, donde puedes sentarte a trabajar, donde te dan una atención profesional o te relacionas con otros profesionales son aspectos muy valorados.

En el actual entorno laboral, la interacción y el intercambio de información y conocimientos se han convertido en elementos clave que deben de ser apoyados. Los empleados están mucho más por el empowerment respecto a cómo, hasta dónde y cuándo realizar sus trabajos. Esto permite que surjan relaciones colaborativas, partiendo de la idea de que todos estamos en el mismo barco. Los usuarios no se presentan a otros con el objetivo de vender, sino de compartir experiencias, de conocer opiniones, de sentirse parte de algo. Y luego surge el negocio o las sinergias. Es curioso que la mayoría de las relaciones profesionales que se establecen no son de negocios directos típicos de "te vendo y me compras", sino de colaboración frente a terceros, estableciendo lazos a largo plazo que generan mucho más valor que ventas puntuales.

Pero hay que tener en cuenta que no todo son ventajas. Trabajar en estos espacios exige respetar un poco la intimidad de las personas con las que se comparte el espacio de trabajo. Hay que tener muy en cuenta lo que pueda molestar al resto. Hay creativos que gustan de trabajar con música a tope, otros marcan constantemente ritmos sobre su mesa de trabajo mientras maduran una idea, a otros no les gusta perderse los informativos de radio, y así. Esto exige una serie de pequeñas renuncias o pequeños acomodos a costumbres o manías del coworker.

"Compartir espacio, pagar lo mismo que los demás, hace que el trabajo se convierta en un asunto de carácter social, por lo que el coworker no puede hacer lo que le venga en gana aunque pague, ya que están en igualdad de derechos. Prima el espíritu de convivencia. El intransigente verá cómo pronto le señalan la puerta de salida. Pero es una tendencia que tiene un excelente futuro", concluye un conocido especialista de infografía tridimensional.