Efectos del 'corralito'

Las alternativas a la banca de los ahorradores argentinos

España vive hoy en día el temor de que se produzca uncorralito financiero como el que asoló Argentina en 2001. Entonces, los más pudientes sacaron sus recursos al exterior, pero la mayor parte se tuvo que conformar con guardarlos debajo del colchón. 11 años después, se mantiene la desconfianza hacia el sector financiero, lo que ha provocado el auge de negocios como el alquiler y venta de cajas fuertes.

Los ahorradores argentinos tuvieron su triste momento de fama al ser la cara visible de la Argentina en crisis en 2001. Fueron protagonistas e impulsores de los llamados cacerolazos y del discurso de la desconfianza hacia la clase política y los bancos. Ahora predican de sus prácticas de ahorro y refuerzan algunas ideas ante el nuevo escenario.

¿Qué hicieron con su dinero una vez se levantó el corralito? La opción más utilizada en los primeros años tras la crisis fue -al mismo tiempo- la más insólita: guardar la plata debajo del colchón. Pero eso sí, antes de guardarlos se imponía cambiarlo a una moneda más fuerte y con menos riesgos como el dólar. Esta práctica es cada vez más difícil, dado que el Gobierno intenta controlarla con el denominado corralito verde.

Los jubilados argentinos fueron los primeros en mostrar su desconfianza con las entidades bancarias en 2001. Fueron ellos quienes dieron el primer paso y retiraron sus ahorros de los bancos en masa para llevarlos a donde creían el sitio más seguro: su propia casa. Sin embargo, esto ocasionó un problema aún mayor: la creciente ola de robos en domicilios. Y así, la clase media -que le siguió los pasos- se vio obligada a poner a prueba su ingenio. Casi como si fuera una película, escondieron el dinero debajo de colchones, envuelto en nylon y enterrado en algún sector del patio entre las flores preferidas, en una lata de leche en polvo o entre las páginas de un libro. Los más rebuscados diseñaron incluso dobles fondos en roperos, han descubierto baldosas del piso o el fondo de un cuadro.

Otro sector de ahorradores se ha inclinado por adquirir cajas fuertes. También se encuentran dentro de las viviendas pero cuentan con un sistema sofisticado para poder abrirlas y algunas tienen un monitoreo vía satélite con el control de cada movimiento desde la central de la empresa proveedora, asociada a compañías de seguridad privada.

Quienes optaron por retomar su vínculo con los bancos, lo han hecho sin entregar el poder de manejo de su dinero a las entidades, sino utilizando su sistema de vigilancia. El alquiler de cofres de ahorro en las bóvedas bancarias cubre a 700.000 personas actualmente y aseguran que hay listas de espera de hasta seis meses para ahorristas que esperan su espacio. En estas cajas de ahorro, los usuarios no deben declarar el dinero que colocan, simplemente contratan la caja, obtienen la clave de acceso y cada vez que lo requieran hacen uso de ella escoltados por un agente de seguridad. Además de dinero, se pueden guardar bonos, joyas, objetos de valor, títulos de propiedades y otras pertenencias.

En tanto, los que tienen mayores recursos, han abierto cuentas bancarias en el exterior. El propio expresidente Néstor Kirchner se vio envuelto en una polémica años atrás cuando se detectó que colocó las reservas de la provincia de Santa Cruz -cuando era gobernador- en un banco de Suiza. Ahora su esposa, la presidenta Cristina Fernández, busca evitar la fuga de divisas y ha ordenado la profundización de controles en las fronteras, especialmente con Uruguay, donde se han apostado cientos de perros adiestrados por la Administración Federal de Ingresos Públicos para detectar el traslado de dólares.