EDITORIAL

El fútbol no puede ser una excepción

El protocolo presentado ayer por el Gobierno, el Consejo Superior de Deportes y la Liga Profesional de Fútbol para controlar y reducir progresivamente la voluminosa deuda tributaria que los clubes mantienen con Hacienda -nada menos que 673 millones de euros- pretende resolver un problema que se ha convertido en urgente por distintas razones. El flamante mecanismo de control, que entre otras medidas faculta a la Liga de Fútbol para expulsar de la competición a aquellos equipos que incumplan sus deberes fiscales, nace de un estado de laxitud en las relaciones de algunos de ellos con Hacienda que ha levantado ampollas y suspicacias tanto dentro como fuera de España. Dentro, porque como el propio ministro de Educación, Cultura y Deporte, Juan Ignacio Wert, reconocía durante la presentación, en la opinión pública española se ha instalado la sensación "de que se ha dado un trato de favor" a este deporte. Y fuera, cuando la Comisión Europea ha realizado una petición de información al Gobierno español, tras haber recibido una queja sobre la posibilidad de que las facilidades para reducir la deuda de los equipos puedan considerarse ayudas de Estado y, por tanto, violar las normas europeas de competencia. Aunque el Gobierno ha aclarado que lo analizado por Bruselas no tiene nada que ver con el protocolo firmado ayer, parece evidente que existe una duda más que razonable sobre la naturaleza del trato fiscal que reciben los clubes españoles y que esta debe ser despejada a fondo y cuanto antes.

El hecho de que desde el Ejecutivo se tenga que recalcar que las deudas del fútbol "las va a pagar el fútbol" da una idea de lo importante que resulta, más aún en la coyuntura actual, dejar claro que la Administración tributaria no va a tolerar tratos diferenciales injustificados. El protocolo presentado ayer no implica que los clubes con dificultades financieras deban ser excluidos de la posibilidad legal de aplazar el pago de sus deudas tributarias, pero sí que esa medida debe aplicarse con criterios rigurosos y sin que quepan dudas sobre su motivación o su oportunidad. Como tampoco puede olvidarse que, hoy por hoy, el fútbol español constituye una importante fuente de ingresos para las arcas públicas.

En tiempos de austeridad fiscal, ni a Hacienda ni al conjunto del Estado les sobra un solo euro, lo que hace doblemente necesario aumentar el celo en materia de exigencia fiscal. Por eso la mano de hierro que el Gobierno está aplicando para cuadrar las cuentas públicas del Estado tiene que completarse con el mantenimiento, en el terreno de los hechos, de un mensaje sin fisuras acerca de la responsabilidad que comparten todos los españoles en la tarea de culminar con éxito un ajuste presupuestario que no admite excepciones.