Análisis

Los mercados cargan contra la España de las reformas

La austeridad de Rajoy no logra conjurar el temor a un rescate, alimentado por la falta de crecimiento, la inquietud sobre los bancos, la incertidumbre general y los fallos de comunicación

Los Presupuestos Generales más austeros de toda la democracia pusieron a primeros de mes el colofón a los 100 primeros días de Gobierno de Mariano Rajoy. Un maratoniano trimestre de reformas, en supuesta sintonía con las demandas de Berlín y los inversores, que paradójicamente ha puesto fin al periodo de tregua que los mercados habían venido dando a España. La Bolsa ha caído a plomo y la prima de riesgo ha vuelto ha dispararse hasta el punto de que el rumor de que el país podría necesitar ser rescatado ha vuelto a resurgir. El razonamiento que avala esta tesis es que el interés que se exige a España por pedir dinero prestado es insostenible, a largo plazo. Esta semana ha rozado el 6% y ningún país ha durado más que unas semanas por encima del 7% sin ser intervenido. Mariano Rajoy negó con insistencia la posibilidad de un rescate, que también rechazó tajante el expresidente del Gobierno Felipe González: "No habrá rescate. Si lo hay se acaba el euro y hay que rescatar a toda Europa. Y punto". Además, aunque el país afronta vencimientos de deuda por 107.270 millones, el Tesoro ha aprovechado las semanas de bonanza para emitir el 40% de la deuda prevista a buen precio. Pero ocurra lo que ocurra, los analistas coinciden en que el vía crucis español no ha concluido. Las razones son varias.

En primer lugar, aunque los primeros ajustes anunciados por el Gobierno o la reforma laboral aprobada están en línea con lo que piden los mercados, estos estaban esperando a ver el detalle de los Presupuestos Generales de 2012. La prueba de fuego se saldó con una cierta decepción. "Los anuncios presupuestarios representan una oportunidad perdida en un momento importante para la credibilidad y las perspectivas de España", aduce Andrew Benito, analista de Goldman Sachs. Desde su punto de vista, aunque el Ejecutivo hace bien moderando el ritmo del ajuste del déficit al 5,3% en lugar del 4,4% para este año, debería haber aportado una estrategia más convincente para asegurar que cerrará 2013 en el 3%.

"Teniendo en cuenta que hay un agresivo proceso de desapalancamiento en marcha, tiene sentido que el Gobierno no se apresure a consolidar demasiado rápido", expone, "sin embargo, la consolidación dibujada exige un esfuerzo más ambicioso para el medio plazo". Un equilibrio especialmente delicado ya que, como avanza el analista de Goldman, "el objetivo de déficit de España va a ser difícil de conseguir" a la vez que "generará un significativo viento en contra para el crecimiento". Un círculo vicioso, el de recortar la inversión un 17% -27.300 millones- mientras se busca crecer, al que The New York Times dedicó su editorial del viernes -Sobredosis de dolor-, alertando de que España terminará hundiéndose si la canciller alemana no ceja en su "obsesión" por la austeridad.

El gran reto de España es encontrar un nuevo modelo de crecimiento con menos peso en la construcción

Desconfianza en los Presupuestos

A su vez, hay quien considera excesivamente optimista el objetivo de recaudación de los Presupuestos: 119.000 millones, un 14,3% más. "Existe mucho miedo a que la recesión económica sea más profunda de lo oficialmente previsto, lo que dificultaría la consecución de los objetivos de ingresos de los Presupuestos", detalla Rosa Duce, economista del centro de inversiones de Deutsche Bank. "A esto se añaden las dudas sobre la capacidad de las comunidades autónomas de cumplir con los objetivos fiscales", añade. Una de las grandes bestias negras que los inversores perciben en España, a la que creen poco capaz de embridar a sus regiones para que recorten 15.000 millones este año y cierren con un déficit del 1,5% (1,1%, en 2013).

"El ejercicio de reequilibrio será particularmente difícil", coinciden los expertos de Bank of America Merrill Lynch, que exponen que "la economía se enfrenta a la contracción de este año y al débil crecimiento del próximo año, debido a la combinación de un gran ajuste fiscal y una restricción del crédito". Un panorama de pesadilla para reducir la tasa de paro que roza ya el 23%, lo que lleva a otra de las principales inquietudes que comparten hoy inversores, economistas y ciudadanos: el gran reto de España es que "necesita encontrar un nuevo modelo de crecimiento, donde construcción e inmobiliarias jueguen un papel menor", resumen desde Merrill.

En paralelo a las dificultades técnicas, algunos expertos achacan las dudas generadas internacionalmente a cierta imagen de improvisación y a fallos de comunicación en los que ha incurrido el Ejecutivo. Un caso paradigmático tuvo lugar el pasado lunes cuando, en medio de una campaña de castigo a la marca España, La Moncloa quiso relajar los ánimos comunicando un recorte adicional de 10.000 millones de euros en el tercer párrafo de una escueta nota de prensa.

Falta de apoyo europeo

"El anuncio del 9 de abril de recortes adicionales en materia de sanidad y educación debe ser detallado antes de aceptarse como creíble", recrimina Cosimo Marasciulo, director de renta fija soberana europea de Pioneer Investments. La jugada le valió al Ejecutivo un varapalo del Finantial Times, que publicó un artículo el martes titulado El Gobierno español está haciendo las cosas peor, no mejor, criticando que la medida "fue muy mal comunicada", logrando "amplificar la desconfianza de la opinión pública".

"La necesidad por parte del Gobierno español de ser muy transparente en su comunicación es evidente", aporta José Luis Martínez Campuzano, estratega jefe de Citi en España. Rajoy eludió el martes comparecer ante la prensa para explicar sus últimos recortes, pese al repunte de la prima de riesgo, una tarea a la que tuvo por contra que emplearse con fuerza el resto de la semana. Su silencio contrastó con los ataques de algunos de sus colegas europeos. Es el caso del presidente francés, Nicolas Sarkozy, que para convencer a su electorado de que le reelija puso a España como ejemplo de la debacle que puede llegar a ocurrir con un Gobierno socialista. Mario Monti, por su parte, defendió el miércoles su gestión achacando los varapalos recibidos por el bono italiano al contagio español.

"Todos tenemos problemas y nosotros trabajamos para solucionar los nuestros. Esperamos que los demás hagan lo mismo y sean prudentes en sus afirmaciones y que trabajen para mejorar su país y la zona euro", replicó Rajoy. Efectivamente, la fortaleza del eurogrupo permitiría apuntalar la situación de su socios. "Una fuerza positiva para España sería la recuperación de las exportaciones", admite Merrill, "pero estas dependen en gran medida el crecimiento de la zona del euro". Que no es el caso. "Las condiciones del mercado se han deteriorado por las renovadas dudas sobre la economía mundial (China y EE UU) y la acumulación de incertidumbres en terrenos tan diversos como el político, financiero y geopolítico", desarrollan desde Citi. "Al final, un deterioro de las condiciones del mercado aumenta la aversión al riesgo y acentúa la debilidad de países como España", puntualiza Campuzano.

De hecho, los analistas imputan buena parte de la fortaleza que venía presentando la deuda española y el parqué madrileño a un claro factor externo ya amortizado por el mercado: la nueva barra de liquidez a tres años y tipos bajos ofrecida por el Banco Central Europeo desde el pasado diciembre. "Después de cuatro meses de rally para los activos con riesgo, parece que el efecto calma del BCE ha disminuido y que ha vuelto la aversión al riesgo", exponen desde Pioneer Investments.

Una ayuda inestimable, ante el cerrojazo de los mercados mayoristas de crédito, que ha maquillado durante semanas las inquietudes que despierta la banca española en los mercados internacionales. "Los bancos españoles se han beneficiado de la liquidez facilitada por el BCE pero sus balances no han mejorado", analiza Marasciulo. En su opinión, la reforma del sector financiero aprobada por el Ejecutivo, basada en la consolidación de entidades y la limpieza del fuerte peso del ladrillo en sus balances, "es una buena noticia y podría restaurar la confianza en el medio plazo" pero "a corto, no tendrá efecto en los mercados".

Es la suma de estos factores lo que ha vuelto a colocar al país en el centro de la diana de la desconfianza, en un momento en que el Gobierno ha consumido los dos grandes cartuchos con que arrancó la legislatura, la liquidez sin límite del BCE y la expectación ante el ímpetu reformista de los primeros días. La mayoría de analistas considera, sin embargo, que la situación no desembocará en una intervención de España.

"A diferencia de lo ocurrido en otros episodios anteriores de crisis, no creemos que estemos ante un riesgo sistémico para Europa", apuntan en Pioneer, donde destacan que la clave está en la cuadratura del círculo: "lo que nos exigen los inversores internacionales es una política creíble de ajuste del déficit, además de reformas estructurales que permitan elevar el crecimiento". "No concibo el rescate para España a corto plazo, si como ejemplo de rescate hablamos de Portugal e Irlanda", coincide Campuzano. "Con todo, no descarto que la inestabilidad se mantenga".

El paraguas de Draghi

La sola mención del programa de compras de deuda del BCE basta para agitar la Bolsa y la deuda españolas. El miércoles se activó la posibilidad de su activación, para alivio de la prima de riesgo, pero el viernes el BCE enfrió la expectativa, propiciando otro repunte.