No hay pruebas de que la triple A ofrezca más seguridad

Aprender a vivir menos pendientes del rating

Fachada de la sede principal de Standard & Poor's, en Nueva York
Fachada de la sede principal de Standard & Poor's, en Nueva York

No siempre fue así, pero el hecho es que hoy las agencias de calificación están metidas hasta el tuétano en los circuitos de la economía mundial. Nada se mueve sin ellas, pese a que no hay pruebas empíricas de la fiabilidad de las notas de rating, más allá de la simple evidencia de que se dan más impagos en las emisiones con grado especulativo que en las que tienen grado de inversión. Esa es una de las conclusiones principales del estudio sobre las agencias de calificación que ayer presentó en Madrid Funcas, la fundación de las cajas de ahorros. Algunos de los expertos que han participado en la elaboración de este documento, el número 103 de la revista Perspectivas del sistema financiero, ven la labor de las agencias de rating como "imprescindible", pero aconsejan relativizar su trascendencia.

En el haber de las firmas de calificación cuenta su papel decisivo para la globalización de las finanzas y el acceso al crédito de numerosas empresas y hogares; en el debe destacan las consecuencias derivadas del oligopolio ejercido por las tres mayores agencias (Standard & Poor's, Moody's y Fitch Ratings) y la falta de autorregulación en la forma de divulgar sus decisiones de rating, que en los últimos tiempos las ha convertido en una fuente de permanente inestabilidad.

El análisis realizado por el presidente ejecutivo de Intermoney Titulización, José Antonio Trujillo, revela que el interés de la comunidad financiera internacional se ha centrado en la máxima calificación de solvencia financiera, la triple A, y en las consecuencias de la pérdida de esta nota, cuando en realidad no existen diferencias perceptibles de riesgo dentro de la escala que va de la A hasta la triple A.

"Es llamativo la ausencia de contraste con la realidad. No hay prueba empírica de que los ratings sean indicadores de calidad contrastables con la realidad", explicó Trujillo. El directivo de Intermoney subrayó la paradoja de que las escalas de medición del riesgo de solvencia "se hagan con una precisión a la que no se atreven disciplinas científicas como, por ejemplo, la medicina. Hay más de 20 niveles de rating, que cuentan cada uno de ellos con escalones intermedios y cuya mínima variación tiene repercusiones" en el precio de los activos sometidos a calificación.

Como ejemplo de la distorsión entre los hechos y la percepción que transmiten las actuaciones de las agencias de rating, Trujillo recordó que el porcentaje de impagos en productos estructurados emitidos en Europa acumulado en los últimos cuatro años es de un 0,9%, según datos de S&P.

Un protocolo de actuación

El director general de Funcas y exsecretario de Estado de Hacienda, Carlos Ocaña, hizo una defensa cerrada de las agencias de rating. "Si no existieran, habría que inventarlas", aseguró. "Sin las agencias de calificación no habría sido posible emitir tan fácilmente", reconoció el economista Santiago Carbó, que elogió la labor de "disciplina" financiera que las firmas de rating han introducido en los emisores. Pero Carbó admitió que es necesario "tipificar los tiempos"; en definitiva, que las agencias no puedan emitir sus calificaciones cuando quieran, sino siguiendo un protocolo de actuación.

En Europa, las agencias deben enviar toda la documentación de sus cambios de rating a los emisores afectados 12 horas antes de la difusión pública; este envío debe realizarse, además, dentro del periodo de jornada laboral.

Reparto

El negocio de las firmas de calificación

Las 'tres hermanas': las tres mayores agencias controlan el 95% de la cuota de mercado y el 98% de los ingresos por calificaciones.

Hay ratings que se dan, como los de la deuda emitida por países, y ratings que se piden. Los bonos subprime se diseñaron ad hoc para tener un rating de triple A.

En el mundo hay cerca de 90 agencias de calificación.