Propiedad industrial

Las innovaciones, mejor con todos los derechos reservados

Muchas pymes españolas desarrollan tecnologías de su propia creación, pero muy pocas las protegen con patentes

Las innovaciones, mejor con todos los derechos reservados
Thinkstock

Si algo odian los usuarios de ADSL es que su conexión vaya lenta.

Hasta hace poco, lo único que podían hacer para descargar su frustración era darle un manotazo al ordenador o pelearse por teléfono con el servicio técnico. Al no existir medios probatorios, el Ministerio de Industria no podía sancionar a las operadoras.

Pero un grupo de profesores de la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) y la Universidad Pública de Navarra (UPNA) halló una solución en las carreteras.

Cuando un conductor recibe en casa una multa de tráfico, encuentra, junto a la foto que prueba su infracción, un documento que certifica que el radar está debidamente calibrado. De esa forma, no puede alegar fallos en la medición.

Inspirados en este sistema, el grupo ideó un aparato que, además de medir la velocidad de la banda ancha, puede ser calibrado.

El invento habría sido un experimento universitario más de no ser porque sus autores vieron en él una oportunidad de negocio y decidieron patentarlo. Hoy es el producto estrella de Naudit, una empresa constituida por los mismos profesores y en cuyo capital también participan la UAM y la UPNA.

La compañía analiza tráfico de redes para BBVA, Movistar, Indra e Inversis. También presta servicios al Ministerio de Industria, que, gracias a ella, ya dispone de un certificado susceptible de ser presentado como prueba pericial en la eventualidad -no se ha dado el caso- de ir a juicio con una operadora.

La experiencia de Naudit -que para este año se ha propuesto duplicar los cerca de 500.000 euros en ventas de 2011 y alcanzar así su primer millón- demuestra la importancia de patentar las innovaciones, una práctica común entre las grandes empresas, pero casi inexistente entre las pequeñas.

La Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM) no dispone de estadísticas de solicitudes desagregadas por tamaño de empresa, pero desde Fundetec, una fundación dedicada al fomento de las nuevas tecnologías, aseguran que la mayoría de ellas son presentadas por grandes compañías. "Es evidente que las pymes necesitan sensibilizarse de la necesidad de patentar sus desarrollos y que una gran parte de ellas aún no lo hace", señalan.

Jorge López de Vergara, uno de los socios de Naudit, atribuye esta situación a la falta de recursos para financiar el proceso. "El coste de patentar en España no es muy alto, pero sube bastante si quieres extender esa protección a nivel internacional", explica.

En su caso, han decidido limitar la protección a España y Europa (los 17 países de la UE y algunos del Este, como Turquía, Ucrania y Rusia, con los que la Oficina Europea de Patentes tiene acuerdos). "Al final, uno nunca sabe dónde va a terminar vendiendo las cosas, pero si quiere protegerse en cada país, tiene que pagar las tasas respectivas en cada uno de ellos, lo que encarece mucho el proceso".

Según Iván Manzanares, director de la Oficina de Transferencia de los Resultados de la Investigación (OTRI) de la UAM, patentar en España cuesta entre 3.000 y 4.200 euros, dependiendo de muchos factores. Las tasas, por ejemplo, varían si el solicitante es un organismo público o privado. "Varios registros en diferentes países multiplican los costes. Por eso, las empresas patentan únicamente en los países donde tienen presencia comercial o prevén introducirse. No tiene sentido que lo hagan en EE UU si este mercado no está en sus planes de negocio".

Las pymes interesadas también pueden optar a algunas de las ayudas y subvenciones que conceden las distintas Administraciones. Los gastos pueden ser cuantiosos, pero como recuerda Manzanares, pedir la patente siempre vale la pena. "Es un trámite costoso, sí, complicado, sí. Pero durante 20 años te concede una especie de monopolio con el cual puedes conseguir unos beneficios y recuperar la inversión".

Escaso uso comercial

Pascual Segura, director del Centro de Patentes de la Universidad de Barcelona, estimaba durante una reciente jornada en la UAM que, a nivel mundial, se publican más de un millón de solicitudes de patentes distintas al año.

Muchas se abandonan antes de publicarse, pero el 40% de ellas se conceden, convirtiéndose en patentes (en una media de tres o cuatro países). Sin embargo, solo entre el 5% y 10% de ellas se explotan o usan para algo.

La electrónica y las TIC son los sectores donde más invenciones se patentan, aunque en pocos países. Estas son cruciales también en química fina y farmacia, así como en biotecnología y medicina. En España, las universidades tramitan el 13% de las solicitudes frente al 2% de Estados Unidos.

Aspectos a tener en cuenta

1. Un descubrimiento se convierte en una invención cuando se deriva de él una aplicación industrial. Entonces se puede presentar una solicitud de patente que otorga el derecho a explotarlo en exclusiva durante un periodo de 20 años improrrogables.

2. La patente es un derecho nacional. En España se tramita ante la Oficina Española de Patentes y Marcas (OEPM). A partir de ese momento, cuenta con un plazo de 12 meses para presentar la solicitud en otros países miembros del Convenio de la Unión de París o de la Organización Mundial de Comercio (OMC), manteniendo como fecha de presentación la de España. A esto se conoce como derecho de prioridad.

3. La materia reivindicada recibe el título de patente si cumple los requisitos de novedad, implica actividad inventiva y puede ser fabricada o utilizada en cualquier clase de industria. Por eso, antes de solicitarla, es conveniente buscar antecedentes en bases de datos y publicaciones científicas para convencerse de que lo que se tiene entre manos es algo absolutamente nuevo.

4. Evitar la divulgación prematura es crucial. Aunque solicitar una patente no implica que el invento no se pueda dar a conocer en una revista científica o una conferencia, es preciso proceder en el orden adecuado: primero solicitar la patente y luego publicar. De esa forma se preserva el requisito de novedad.