El deterioro de las cuentas públicas

España no logra la revisión de su objetivo de déficit pero abre el debate

España se rindió ayer a la evidencia de que deberá esperar hasta mayo, como mínimo, para obtener una flexibilización de su calendario de ajuste presupuestario. Bruselas se ha negado a adelantar esa revisión, como reclamaba el Gobierno español, pero el equipo de Rajoy ha logrado abrir el debate en la UE sobre la necesidad de moderar la lucha contra el déficit para no agravar la recesión de la zona euro.

La faena se presentaba complicada desde el principio y quizá por eso el presidente del Gobierno, Mariano Rajoy, invocó la suerte con tono taurino nada más aterrizar en el coso comunitario: "¡Que salga bien todo!", deseó antes de participar en la reunión que los líderes del Partido Popular Europeo celebran antes de cada cumbre europea.

Y eso que el paseíllo con los correligionarios era la parte más fácil de una jornada en la que Rajoy y su espada de Economía, Luis de Guindos, debían intentar por enésima vez que la UE revisase el objetivo de déficit exigido a España para este año (4,4% del PIB).

Pero los esfuerzos no obtuvieron recompensa. Al menos, de momento. La Comisión Europea insistió en que su calendario no contempla una revisión de los programas de estabilidad hasta el próximo mes de mayo. Y solo entonces, señala la CE, e podrá tomar una decisión sobre el ajuste presupuestario en España y el resto de socios.

La negativa de Bruselas obligará al Gobierno a presentar hoy un techo de gasto ligeramente superior al que requeriría el objetivo de déficit (4,4%) exigido por Bruselas para este año. De Guindos advirtió que "España va a cumplir sus compromisos", pero "teniendo en cuenta que las circunstancias han cambiado", lo que podría desencadenar un conflicto con la CE. Para evitarlo, el ejecutivo de Rajoy parece dispuesto a presentar una banda presupuestaria que fluctúe en torno a un objetivo que, a su juicio, se ha quedado desfasado tras la drástica revisión a la baja de las previsiones del crecimiento de la economía española.

Si la estrategia no funciona, España podría exponerse a una sanción de la CE por no respetar las condiciones impuestas en la revisión del programa de estabilidad del pasado mes de octubre de 2009, cuando se le amplió un año (hasta 2013) el plazo para situar el déficit en el 3%.

Ayer, de momento, el presidente de la Comisión, José Manuel Barroso, no cedió un ápice y reiteró sus condiciones (detallar las causas del derrape fiscal de 2011 y las coordenadas del presupuesto para este año) para estudiar la posible revisión del calendario presupuestario español.

Más desoladora, si cabe, fue la respuesta en el seno del Eurogrupo (consejo de ministros de Economía de la zona euro), donde De Guindos presentó unos escenarios presupuestarios que muestran la aparente imposibilidad de cumplir los objetivos marcados tras el agravamiento de la caída de la actividad en España.

Aunque el argumentario español era plausible desde el punto de vista económico, el ministro reconoció que su presentación solo cosechó un ominoso silencio. Solo se escuchó la voz de la Comisión Europea y del Banco Central Europeo que, en este caso, era como si interviniesen el fiscal y el verdugo.

Ni siquiera el resto de las delegaciones en dificultades presupuestarias, terciaron en favor de España. No lo hizo Holanda, que ayer mismo fue advertida por la CE que deberá tomar medidas adicionales (se calcula que por valor de unos 10.000 millones de euros o 1,5% de su PIB) para cumplir los objetivos comprometidos. Y tampoco Francia, que desde hace 35 años no cierra un presupuesto en equilibrio, pero que ahora, con elecciones presidenciales en mayo, teme romper la alianza fiscal que a regañadientes ha sellado con Alemania. "Nosotros no tenemos opción, debemos seguir recortando el déficit", señaló el ministro galo de Finanzas, François Baroin.

La nota positiva fue la pasividad del tendido alemán, donde el ministro Wolfgang Schäuble no intervino para apretar las tuercas a los países con déficit excesivo. Alemania parece tranquila con la firma hoy del Tratado de Estabilidad Presupuestaria de la UE que suscribirán 25 de los 27 socios.

Algunas fuentes interpretan la falta de beligerancia de Berlín contra las pretensiones españolas como una señal de que la UE está cerca de abandonar la austeridad como receta exclusiva contra la crisis de la deuda.

Tanto Barroso como el reelegido presidente del Consejo Europeo, Herman Van Rompuy, abogaron ayer por la necesidad de impulsar el crecimiento, al menos en los países con margen presupuestario y, en todo caso, por evitar recortes en áreas tan importantes para mejorar la competitividad como la educación o la investigación.

La ofensiva española ha servido, en ese contexto, para impulsar un debate que podría cristalizar en mayo, cuando la Comisión revise los programas de estabilidad. Bruselas no ha descartado que en ese momento se pueda calibrar de nuevo el calendario de ajuste de los 24 países de la Unión expedientados por superar el límite del 3% de déficit.

A favor de España juega la revisión a la baja generalizada de las previsiones de crecimiento de los socios de la UE y la entrada en recesión de la zona euro durante este año. Pero los partidarios de mantener la senda de consolidación temen quebrar de nuevo la confianza de los mercados en la estabilidad de la Unión Monetaria. Y consideran que las inyecciones de liquidez del BCE ya han ampliado de manera indirecta el margen de maniobra presupuestaria de países como España o Italia al permitirles pagar menos intereses.

El inacabado rescate de Grecia tampoco ayuda. El Eurogrupo aprobó ayer la liberación de los fondos necesarios para efectuar la quita de la deuda griega a primeros de marzo, pero continúan las dudas sobre la sostenibilidad del país.