El desafío de los nuevos mercados del transporte
De igual manera que otros sectores llevan años haciéndolo, ha llegado el momento en el que el sector del transporte español debería plantearse acelerar su proceso de internacionalización. El mercado doméstico presenta oportunidades limitadas de negocio en la actualidad; es un mercado maduro y condicionado por la recesión económica. A nivel global, los grandes operadores de transporte son conscientes de los riesgos de centrar su actividad en sus mercados tradicionales y ya han puesto su mirada en las grandes economías emergentes. Brasil, China e India son las más destacadas, pero no hay que olvidar a aquellas de menor tamaño que gravitan a su alrededor. Estos países no solo ofrecen unas expectativas de crecimiento más que razonables, sino que también cuentan con un enorme déficit en infraestructuras, especialmente de transporte. Del mismo modo que los grandes grupos constructores han visto esta oportunidad y llevan tiempo desarrollando estos mercados, los operadores de transporte tienen la oportunidad de constituir una segunda ola que opere las infraestructuras construidas por los primeros.
Pero, ¿qué parámetros objetivos nos hacen esperar un incremento importante de la demanda de servicios de transporte en estos mercados? Fundamentalmente tres: 1) elevado ritmo de crecimiento económico sostenido en el tiempo; 2) incremento de la población urbana, que genera mayor demanda de este tipo de servicios, y 3) redistribución de la riqueza, constituyéndose una gran clase media que será el principal demandante de estos servicios. Ninguno de estos elementos podría volver a darse en las economías desarrolladas en el corto plazo. Si a esto le añadimos el impacto, aunque limitado, pero relevante, de la celebración de determinados eventos globales de carácter deportivo, nos encontramos con una verdadera tierra de oportunidades para el sector del transporte.
Esta perspectiva general resulta muy alentadora, pero es importante bajar al detalle y reflexionar país a país y sector a sector, porque las barreras y riesgos regulatorios para los operadores extranjeros son importantes en este mercado.
Empecemos con el mayor de todos: China. Este país aún no ha liberalizado su sector ferroviario y no parece tener planes de hacerlo en el corto plazo, por ello es complicado encontrar oportunidades para los operadores ferroviarios de largo y medio recorrido. En todo caso, su apuesta por la alta velocidad puede representar una oportunidad para aquellos operadores que estén dispuestos a participar en proyectos en este ámbito con un rol de advisor. Sin embargo será más factible desarrollar negocio en el ámbito del transporte urbano, controlado por autoridades regionales y municipales con cierta autonomía para establecer esquemas que incluyan la presencia de iniciativa privada. En este sentido, hay ejemplos recientes, como algunas líneas del metro de Shenzen, que están siendo operadas directamente por el metro de Hong Kong, la singapuresa Comfort del Gro que opera 1.200 autobuses en Shenyang o la española Alsa que mantiene un negocio de transporte de pasajeros en el país asiático que factura anualmente en torno a 200 millones de euros y emplea a más de 8.000 personas.
India ofrece una mayor flexibilidad y grado de apertura a los operadores extranjeros. Aunque el transporte de viajeros por carretera está abierto al 100% a la inversión extranjera desde hace años, la mala calidad de las infraestructuras ha frenado hasta la fecha el desembarco de operadores foráneos. Teniendo en cuenta los programas de desarrollo de carreteras en el país actualmente en curso, habría que seguir de cerca este mercado y establecer una estrategia para estar presente en el medio plazo. Entre tanto, las mayores oportunidades tienen que ver con la puesta en funcionamiento de sistemas de metro ligero en las grandes ciudades; en este sentido, el Gobierno indio ha manifestado en múltiples ocasiones su deseo de generalizar la fórmula concesional para la construcción y explotación de este tipo de infraestructuras. Compañías europeas están ya presentes, por ejemplo, en algunas líneas del metro de Bombay.
Brasil es el tercero de estos grandes mercados emergentes. A diferencia de China e India, sí que existen oportunidades cercanas para desarrollar y operar su red ferroviaria. No existen restricciones al capital extranjero y la red fue privatizada a principios de los noventa en concesiones generalmente a 30 años. Por tanto, a medio plazo, estas líneas volverán al mercado animando el sector que, unido al reciente desarrollo de una red de alta velocidad, prometen un escenario interesante para los operadores extranjeros.
También las grandes concentraciones urbanas, como Río o São Paulo, están generando oportunidades interesantes en el ámbito del transporte urbano, sector muy fragmentado por multitud de operadores locales de pequeño tamaño. Tampoco hay que olvidar las oportunidades en estos mercados para las líneas aéreas, ya que el incremento de la actividad comercial en estos países dispara la demanda para esta industria. El sector del transporte aéreo español puede aportar mucho tanto desde el punto de vista de la gestión de las infraestructuras aeroportuarias como en la operación de líneas de largo alcance, especialmente en lo que se refiere a Latinoamérica.
Independientemente de la participación en oportunidades concretas, parece evidente que ahora es el momento de que los operadores de transporte españoles reflexionen sobre su potencial presencia en estos mercados, tanto en el corto como en el largo plazo. Los riesgos regulatorios y de negocio no son nada desdeñables, pero no nos queda otro remedio que mirar más allá de nuestras fronteras.
David Hohn. Socio responsable del sector Transporte de KPMG en España