TRIBUNA

Revolución de consumo

Hace unos años llegaban a mi dirección de correo electrónico invitaciones de organismos públicos y asociaciones para deslocalizar la pequeña producción de mi empresa. Ahí empezó mi miedo. Comunidades autónomas, organizaciones como el Icex o las Cámaras de Comercio organizaban permanentemente encuentros empresariales en los que se invitaba a los empresarios españoles a que invirtieran en otros países. En esos momentos yo me preguntaba por la razón que tendría que invertir en otro país y no en el mío. ¿Por qué no podía yo acudir a un mercado con el noble objetivo de exportar, de vender, de llevar mi trabajo y el de los míos a mercados diferentes?

Tremendo error de los diferentes políticos que nos han llevado a una Europa sin futuro. Políticos de todos los signos, tanto de Gobiernos centrales como de comunidades autónomas. E incluso también el error de empresarios que pregonan a los cuatro vientos que la clave para una internacionalización exitosa es comprar en países de bajo coste, provocando la fabricación fuera de nuestras fronteras. Para muchos de ellos, lo importante es salir fuera para fabricar.

Hay que ser claros. Debemos y tenemos que saber adónde vamos si seguimos comprando lo que se produce en países de bajo coste; esto es lo que tendríamos que transmitir: un país como España se mantiene si vivimos de lo que fabricamos. Tiene que quedar claro que el haber comprado un producto por el hecho de que sea más barato no significa que se haya comprado mejor. Con todo esto, la única salida a esta situación pasa por nosotros mismos. Deberíamos ser muy cuidadosos con lo que compramos y conocer de dónde viene.

Hace algún tiempo vi, durante mi estancia en Buenos Aires, cómo el Gobierno demandaba el consumo de productos de su propio país. Entonces pensé en lo necesario que era esa protección para su propia economía. Esto me hizo reflexionar. Para comenzar a solucionar nuestros problemas, tendríamos que conseguir que nuestras empresas, que fabrican en España, crezcan y puedan invertir en I+D+i; pero primero, y ante todo, que vendan. Como consumidor, empresario y emprendedor, hago una petición de apoyo a nuestra escasa, pero fuerte industria; si conseguimos sobrevivir a esta situación con competidores agresivos con bajos costes y a la tremenda crisis que vivimos, seremos capaces de volver a hacer un país respetado no solo por su sol, sino por unas industrias que transmitan una excelente imagen exterior. En 2012 la nueva Revolución Industrial empezará en España, pero de la mano de un ciudadano comprometido con los productos fabricados en el país y exigente con los gobernantes para que protejan nuestra economía.

Ángel Barranco. Director y fundador de Aener Energía