COLUMNA

El dolor de Credit Suisse

Credit Suisse sufre. Los recortes en gastos y la contracción de su balance se han combinado con la débil situación de los mercados para arrastrar al banco a sus primeras pérdidas trimestrales desde 2008. El presidente ejecutivo, Brady Dougan, piensa que la entidad podrá salir adelante a través de una reestructuración. Pero la recuperación de la inversión continúa dependiendo de la recuperación del negocio.

El daño ha sido, en parte, infligido por el propio banco. Gastó 414 millones de francos suizos recortando puestos de trabajo, mientras que las empresas de las que intenta deshacerse tuvieron una pérdida de 567 millones.

La contracción del balance no acaba ahí. Credit Suisse planea recortar otros 56.000 millones de francos suizos, un 17%, en activos ponderados por riesgo este año. Algunos de estos activos se desplazarán a los empleados como bonus diferidos.

Credit Suisse piensa que es mejor deshacerse de activos ahora y no más tarde, cuando otros bancos sufrirán las mismas presiones. Pero también se está encontrando con nuevas reglas de capital, en concreto fiscales. Si Basilea II fue implementado totalmente, el banco reconoce que su capital básico a finales de 2012 será del 7,1%. Los reguladores suizos quieren elevarlo al menos hasta el 10%, aunque no antes de 2018.

No está tampoco claro cuánto dinero será capaz de generar el banco. En el cuarto trimestre de 2011, los ingresos por ventas en renta fija y variable fueron de 36 millones de francos suizos, un descenso del 96% comparado con un año antes. Y los costes continuarán encogiendo. Aunque la cuenta total de compensación del banco se redujo un 9% el año pasado, el dato está distorsionado por los bonos diferidos otorgados en años anteriores.

Todavía es pronto para vaticinar si la mejora de las condiciones del mercado cambiará la tendencia del banco. Además, cualquier mejora sostenida será compartida por los rivales, que encontrarán más fácil deshacerse de los activos indeseados. Por ahora, el dolor de Credit Suisse es más latente que su posible mejora.

Por Peter Thal Larsen