Difiere hasta el año que viene los siguientes tests de estrés

La EBA sostiene que las recapitalizaciones no minarán el crédito

Las nuevas exigencias de capitalización bancaria solo afectarán marginalmente al flujo de crédito en Europa. La EBA sostiene que el umbral del 9% de core capital se alcanzará casi totalmente con nuevo capital, ganancias no distribuidas y conversión de híbridos.

La autoridad bancaria europea (EBA, por sus siglas en inglés) ha comunicado hoy su valoración preliminar de los planes de la banca continental para recapitalizarse, en respuesta al acuerdo del Consejo Europeo del 26 de octubre. La EBA constata que los requerimientos se cubrirán en un 96% con medidas de capital directas. Ese es el porcentaje que suman el 77% de las propuestas bancarias, mientras que el 23% de los planes restantes se basan en activos ponderados por riesgo (RWA).

Pero lo más destacado de la nota difundida hoy es que la EBA cree que las citadas exigencias de recapitalización apenas tendrán impacto en el maltrecho nivel de crédito: en concreto, la reducción de los préstamos de los bancos a la economía real no llegaría al 1% del total.

El Consejo de Supervisores de la EBA todavía no ha emitido un veredicto sobre la viabilidad de los planes recibidos, un análisis sobre el que primarán las autoridades nacionales.

Objetivo: restablecer la confianza

El acuerdo de los jefes de Estado y de Gobierno del 26 de octubre llamaba a tomar medidas para "restablecer la estabilidad y la confianza de los mercados", tocados por la crisis de la deuda. La EBA realizó su recomendación el 8 de diciembre pasado, por la que pedía a las autoridades nacionales dos colchones "excepcionales y temporales" para reforzar sus niveles de capital: el primero, contra la exposición a la deuda soberana; el segundo, para elevar su core capital Tier 1 hasta el ratio del 9% a finales de 2012.

Por otra parte, el Consejo de Supervisores de la EBA ha anunciado que durante el ejercicio entrante no habrá tests de estrés para la banca europea. Los polémicos tests de estrés celebrados el año pasado se salvaron con sonoros errores de valoración, como la calificación de sobresaliente otorgada a Dexia: la entidad quebró apenas tres meses después de unos exámenes que no tomaron en cuenta la exposición a la deuda griega.