Una reforma tan profunda que justifique una huelga general

Rajoy se ha puesto la venda antes de sangrar la herida: "La reforma laboral me va a costar una huelga; si al señor Zapatero, que hizo una reforma que se ha demostrado con el tiempo que no ha servido para nada, le hicieron una huelga, yo doy por descontado que a mi, me la van a hacer". Lo que realmente el presidente del Gobierno transmitió en Bruselas es que la reforma laboral será dura, profunda, y tan dura y tan profunda como para que justifique una huelga general.

En España cada reforma laboral ha sido acompañada por una huelga general, con las dos únicas excepciones de las dos modificaciones legislativas que precisamente rebajaban el coste del despido: la puesta en marcha de los contratos temporales en 1984 y la posibilidad de despedir a 33 días por año, en 1997. Los sindicatos han convertido una auténtica bomba atómica, que eso es en la actividad sindical una huelga general, en moneda de cambio de su gestión cada vez que algún gobierno ha intentado movilizar la legislación laboral, aunque fuese en aspectos bastante baladíes.

En muchos casos han logrado doblar la voluntad ejecutiva, como a Aznar en 2002, por la insistencia de Rodrigo Rato (él creía que iba a ser el sucesor y se puso populista) en paralizar una pequeña reforma que protendía movilizar a los parados estructurales ante la falta evidente de mano de obra en muchas actividades y el enquistamiento de la protección por desempleo de algunos colectivos, y que se resolvió con la entrada de desordenada y masiva de inmigrantes. En otros casos no cambió la voluntad política, aunque los efectos de las reformas combatidas hayan sido ciertamente limitados. Es el caso de la que en 1993 movilizó las normas de la vida interna de las empresas para ganar flexibilidad, pero que devino en poco útil por las trabas puestas por los sindicatos dentro de las empresas.

Por tanto, esta vez no será diferente y habrá una huelga general. La reforma no será como la que hizo Zapatero en 2010, ni la huelga tampoco lo será. Los cambios normativos aplicados por Zapatero se limitaron a arañar en la superficie de las normas, pero respetando celosamente los derechos que desde el franquismo consagra la ley para los trabajadores. No obstante, los sindicatos replicaron con una huelga por el simple hecho de que consideran que nadie en la esfera política tiene derecho a tocar una normativa que, entienden, debe estar reservada sólo para ellos, y que sólo con un pacto previo con ellos es posible hacer una reforma.

Desde luego que una reforma consensuada es más útil; pero si no es posible, la alternativa no es no hacer nada en un país que tiene 5,3 millones de parados. 5,3 millones de parados. Lo repito porque es algo así como el cuádruple de la afiliación que tienen los dos grandes sindicatos, en la que se apalancan, con la ayuda de la Ley Orgánica de Libertad Sindical, para gobernar la vida laboral de todos los españoles, y paralizar las salidas a una solución para los desempleados y los temporales, nada menos que otros cuatro millones de trabajadores asalariados.

En 2010, el 29 de septiembre, San Miguel arcángel, los sindicatos convocaron una huelga general que les retrató, que desnudó su verdadera fortaleza. Zapatero hace como que hace una reforma laboral, y los sindicatos hacen como que hacen una huelga general. Al final, ni reforma, ni huelga, y eso sí, cuatro años perdidos en los que el ajuste, una vez más, se ha hecho vía cantidad (pérdida de empleo), en vez de hacerlo por precios (recorte de salarios).

Esta vez será diferente. La reforma laboral tendrá calado real, y para ello las empresas deberán tener mecanismos efectivos para poder ajustar con los sueldos sus situaciones críticas, en vez de hacerlo siempre con pérdidas de empleo. Y el Gobierno hará un movimiento claro para rebajar el coste del despido, que es, con su carácter proteccionista y franquista, uno de los principales obstáculos para la contratación.

El despido improcedente, figura en la que terminan por decisión judicial, (o pacto previo por prever y anticipar la decisión judicial) todos los ajsutes de plantilla, debe bajar de los 45 días por año con 42 mensualidades de acumulación. La clave es dónde lo colocará el Gobierno. Pero puede hacerlo en 33 días, figura que ya existe y nadie utiliza, en 30 días con dos años de acumulación; en 20 días con un año de acumulación; etc. Tiene varias alternativas, respetando incluso los derechos adquiridos de quienes ya tienen ahora contrato fijo, y sus sacrosantos 45 días por años con 42 mensualidades.

Esa es la única reforma que justificaría una huelga general, que, en todo caso, los sindicatos harán de oficio, porque para ellos, todo es una agresión a sus derechos. ¿Llamarán a los 5,3 millones de parados a la huelga?

Comentarios

Buen artículo: supongo que no es una primicia lo de la amenaza de la huelga. Pero... ¿Francia subiendo el IVA? ¿Europa entera asustada poniendo techo al gasto de los Estados miembros? Ése es el peligro, no las huelgas: http://goo.gl/8eoAZ
Sr. vega, empezaré por decirle que, como Vd. sabe, una reforma laboral por si sola no crea empleo y con estas mismas leyes laborales hay CCAA como Navarra y el País Vasco con una tasa de paro inferior a la mitad de la tasa de paro nacional. Por otra parte, es lógico que si una empresa atraviesa dificultades antes de recortar empleos los trabajadores deben, por la cuenta que les tiene, facilitar la viabilidad de la empresa mediante el recorte de salario y otros derechos laborales, pero dicha situación debe revertir tan pronto como la empresa vuelva a la senda de los beneficios y la prosperidad. Vengo observando en Vd. una propensión a demonizaciones y simplificaciones banales, sobre todo en lo que se refiere a los derechos de los trabajadores, privilegios según Vd., y a la actuación de los sindicatos al velar por los derechos de los mismos, tanto de los que tienen empleo como de los que no. No creo que sea preciso recordarle el comportamiento habitual de los sindicatos en cuanto a moderación salarial al igual que en otros aspectos de las relaciones laborales. Mire, no le he leído comentario alguno sobre como algunos empresarios aprovechan la coyuntura de crisis para cometer verdaderos abusos respecto a condiciones y horarios laborales así como respecto a la merma de las retribuciones salariales sin que haya causa alguna que lo justifique y le aseguro que no se trata de un caso ni dos. Al parecer ahora se dan todas las circunstancias para endosar a los trabajadores una reforma laboral de caballo y los opinadores como Vd. la reclaman y la apláuden a rabiar y, ojalá me equivoque, seguirá sin crearse empleo hasta que no haya una verdadera reactivación económica y el poco empleo que se cree será en unas condiciones abusivas y leoninas para los trabajadores. Cuando se produzca dicha reactivación económica y por mor de la misma se vuelva a crear empleo los simplistas como Vd. dirán que éste se crea merced a la reforma laboral y yo le diré que no, que gracias a la reforma laboral lo que habrá aumentado es el beneficio de los empresarios y los trabajadores habremos retrocedido en nuestros derechos más de cien años. Por favor, más rigor y seriedad Sr. Vega.
Excelente artículo. Inmejorable explicación de la realidad de nuestro mercado laboral. Se necesitan salarios y horarios más flexibles. Una empresa tiene que tener la capacidad de ajustar hasta un 33% las horas trabajadas en función de los pedidos que tenga sin tener que despedir a nadie. La excesiva indemnización por despido es una sangría que la mayor parte de los empresarios ya conoce y que hace que contratar a un trabajador indefinido sea siempre la última opción, cuando debiera ser la primera. ¿Cuantos trabajadores indefinidos contratarían los trabajadores que más se quejan si fueran ellos los empresarios?. El sistema acaba siendo absolutamente injusto. Baja la facturación y las horas de trabajo necesarias, pasan unos meses y la empresa no puede sostener a trabajadores para que se estén mirando. A despedir. ¿Quién se va?, pues el más barato de despedir, que puede ser el más productivo de la plantilla, pero despedir al que no pega palo cuesta 70.000€ más y la empresa no los tiene. No sólo es injusto, sino que como es lo que tiene que hacer la mayor parte de las empresas, el país pierde competitividad. Otras veces la empresa no tiene la tesorería suficiente para despedir a los trabajadores que le sobran para seguir en beneficios, con lo que la empresa sigue en pérdidas hasta que quiebra, y todos al paro y sin indemnización. La indemnización excesiva por despido tiene además otro efecto pernicioso sobre los trabajadores: un trabajador tiene una oferta laboral que es mejor (eso ocurría), pero por miedo a perder la indemnización que ya tiene asegurada (mientras la empresa no quiebre) se queda en su puesto inferior en su empresa sin desarrollar todo su potencial. Resumen del efecto de la actual legislación laboral: 1.- Menos contratación absoluta. Más paro. 2.- Mayor temporalidad, porque contratar indefinido es lo último que se hace. 3.- Pérdida de productividad, por trabajadores temporales, por enchulamiento de los antiguos, por falta de ajuste en las plantillas, que hace que la plantilla se planifique pensando en los peores momentos, no en los intermedios; y por falta de movilidad laboral que permita el desarrollo personal de los trabajadores.
De verdad que no me explico como con estas mismas leyes en el año 2007, la tasa de paro en España se situo en 8.9 % (minimo absoluto), con 1.760.000 parados sin embargo desde entonces con un coste de despido tan caro ha subido al 23.5% con 5.3000.000 (igual el problema no es el coste del despido y sí otras cosas como el modelo productivo y el tejido empresarial español.)
Perdón 7.9 %
Dice usted respecto a 2002: "una pequeña reforma que protendía movilizar a los parados estructurales ante la falta evidente de mano de obra en muchas actividades y el enquistamiento de la protección por desempleo de algunos colectivos". Y yo le pregunto: ¿no se debería haber resuelto por mecanismos de economía de mercado?. Sí, me refiero a algo tan simple como subir los salarios hasta que aparezca un trabajador. Ya sabe, ley de oferta-demanda (el trabajo de una señora limpiando sucios WC mire usted por donde igual no vale tampoco comparado con el del señor Botín).En 2002 efectivamente no se optó por aplicar la economía de mercado para captar mano de obra. Ahora usted la reivindica via reducción de unos salarios que fueron ya frenados por una avalancha de inmigración.Por cierto, para entrar a trabajar en algunos países europeos como Alemania, es necesario (si no se es comunitario) acreditar que se cobrarán elevadas sumas (50000 euros para arriba). Allí no han usado la inmigración descontrolada, y curiosamente les va mejor.
Pregunta rápida; si el problema es de 5,4 millones de parados, ¿por qué todo el mundo, cuando habla de reforma laboral, pone el acento en los costes del despido?. ¿Qué quieren, despedir más?
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