El almacén generará numerosos puestos de trabajo

Fiebre nuclear en Villar de Cañas

Cientos de personas se acercan cada día hasta el pequeño pueblo conquense que albergará el ATC en busca de puestos de trabajo o de locales en los que levantar un negocio.

Imagen de una fachada del pueblo con anuncios.
Imagen de una fachada del pueblo con anuncios.

Desde que fuera elegido como emplazamiento para construir el almacén de residuos nucleares, Villar de Cañas (Cuenca) parece haberse convertido en una mina de oro. Empresas y particulares intentan instalarse en la zona para trabajar a la sombra del ATC, aunque aún no se sabe cuándo se empezará a construir.

Un polideportivo, una piscina, una residencia de mayores, un centro médico... Como si se tratara de la carta a los Reyes Magos, José María Saiz, alcalde de Villar de Cañas (Cuenca), enumera las cosas que le gustaría hacer en este pueblo de apenas 450 habitantes. "Lo primero es terminar el centro de día", le recuerda Carmen Barco, la secretaria municipal. Para todo ello, esperan que el consistorio pueda contar con un amplio presupuesto gracias a la instalación del almacén de residuos nucleares de alta radiación.

El 30 de diciembre de 2011, el Consejo de Ministros anunciaba que la localidad conquense de Villar de Cañas era la elegida para albergar el Almacén Temporal Centralizado (ATC). A partir de ese día, el teléfono del ayuntamiento no ha dejado de sonar y las visitas han sido constantes. Por allí no solo han pasado decenas de periodistas, también cientos de personas en paro se han acercado a dejar su currículum o a informarse sobre la posibilidad de abrir un negocio.

"Antes de esto, yo estaba cerrando por las tardes", asegura Antonio Belda, que regenta junto a su mujer el bar La Mezquita, uno de los tres que hay en Villar de Cañas. Cuenta que, salvo los fines de semana, hace meses que no había clientes que atender. "Ahora los que vienen a dejar el currículum por lo menos se toman un café", dice Belda.

Iván ya ha entregado el suyo. Tiene 20 años y vive en Saelices, un pueblo de 660 habitantes a 35 kilómetros de Villar de Cañas. Estudia a distancia un módulo de técnico en emergencias sanitarias y su única experiencia laboral ha sido la vendimia. "Espero poder compaginar un trabajo aquí y los estudios", dice el joven, "ahora mismo hay que hacer todo lo que se pueda para conseguir dinero". Lo que menos preocupa a Iván es lo peligroso que pueda ser trabajar en el ATC. "También es peligroso salir a la calle", afirma.

Como él, muchas personas se han acercado a Villar de Cañas con la esperanza de conseguir un trabajo. Albañiles y transportistas, ahora en paro, se desplazan hasta allí desde la provincia de Cuenca, el resto de Castilla-La-Mancha, Madrid, la Comunidad Valenciana o Andalucía.

Recogida de currículos

Un improvisado despacho en la sala de juntas del ayuntamiento es ahora el lugar de trabajo de Ángel Luis Álvaro, el técnico de la Cámara de Comercio de Cuenca que se encarga desde hace unos días de recibir a los que llegan de todas partes de España a entregar un currículum. "Nadie pregunta por los posibles riesgos para la salud del ATC", explica Álvaro, que en un solo día ha llegado a ver hasta 170 aspirantes. "Hemos habilitado una cuenta nueva de correo electrónico villar@camaracuenca.es y en un solo día recibimos unos 1.200 currículos", afirma. En total, la semana pasada ya había almacenados 3.000 en el consistorio.

Sin embargo, la Administración local no realizará directamente ningún tipo de contratación relacionada con el almacén de residuos nucleares. Enresa, la empresa pública de residuos radiactivos, será la encargada de construir y gestionar el ATC y de ella dependerán los puestos de trabajo. Se calcula que la construcción del almacén temporal y su centro tecnológico asociado generará entre 300 y 500 empleos en los próximos cinco años. Una vez terminado el ATC, Enresa calcula que la plantilla rondará los 150 asalariados.

Con los currículos que han llegado ya al ayuntamiento se creará una base de datos que estará a disposición de Enresa y de cualquier empresa que se instale en la zona y necesite contratar personal. Aunque los que pretenden invertir o levantar negocios en el municipio andan con mucha cautela por allí. Quieren evitar que suban los precios. Ángel Luis Álvaro asegura que solo ha recibido físicamente a cuatro interesados, pero los lugareños cuentan que ya han visto a muchos más buscando locales. Los bares y la estación de servicio próxima al pueblo son los que más pretendientes reciben cada día.

En este pueblo ubicado en mitad de una llanura, rodeado por alguna pequeña colina, no hay hostales ni hoteles, ni siquiera restaurantes. Al menos de momento. El sector hostelero parece ser ahora una de las apuestas más seguras en un lugar que, según reconoce la secretaria, Carmen Barco, carece de interés turístico. "Siendo realistas, ¿quién va a venir aquí por turismo?", afirma Barco, "pero cuando se construya el ATC hará falta un hotel para alojar a las visitas del centro tecnológico asociado".

La gasolinera más cercana lleva cerrada desde 2007. Cuando se anunció que el ATC se construiría en Villar de Cañas, Alberto Álvarez decidió vender el antiguo negocio familiar. "Hace unos 10 días que pusimos la estación de servicio a la venta y ya hemos recibido una docena de ofertas", explica Álvarez. ¿El precio? Según el anuncio: negociable.

Muchas viviendas vacías de Villar de Cañas también esperan un comprador o inquilino. Sin embargo, otras volverán a estar ocupadas por sus dueños. Esther García está dispuesta a volver al pueblo del que emigraron sus padres hace años para instalarse en Valencia. Lleva más de tres años en paro, aunque en ese tiempo ha trabajado con contratos de corta duración. "Estaría dispuesta a empadronarme aquí", cuenta García, "la casa de mi familia está vacía con el gasto que eso supone".

Mientras los currículos se siguen acumulando en el ayuntamiento, y compradores y vendedores se afanan para conseguir un buen negocio, parece que al ATC aún le queda un tiempo para arrancar. El departamento de prensa de Enresa explica que todavía faltan muchos trámites por realizar antes de que comience la construcción, que supondrá una inversión de unos 700 millones de euros. La empresa todavía espera la autorización previa del Ministerio de Industria, un permiso que depende de la declaración de impacto ambiental que tiene que realizar Medio Ambiente (integrado en la cartera de Agricultura). En definitiva, no hay fecha aún para que comience la primera fase del proyecto aunque se calcula que todavía se puede demorar un año.

Oposición al ATC

La llegada del almacén temporal de residuos, que ahora parece la gallina de los huevos de oro, ha recibido una gran acogida en Villar de Cañas; la mayoría de los habitantes se muestran encantados con la próxima construcción del ATC. Sin embargo, hay vecinos de la zona que no celebran tanto la noticia.

María Andrés vive en Villares del Saz, a unos 10 kilómetros del lugar donde se ubicará el almacén. Tiene 31 años y es licenciada en Biología. Se considera neorrural, porque tras terminar sus estudios en Madrid decidió trasladarse con su pareja a este pueblo de unos 600 habitantes y montar un negocio dedicado a la agricultura y la ganadería ecológica. Cultivan cereales y olivo y crían cabritos. El anuncio de la llegada del ATC a Villar de Cañas les ha pillado construyendo una quesería ecológica. "Lo que está claro es que no es plato de buen gusto vivir cerca de una cosa de estas, pero menos aún cuando tienes un negocio relacionado con la agroecología", dice la que hoy es la portavoz de la plataforma en contra del ATC.

"Queremos pensar que todavía podemos parar la llegada del almacén nuclear", cuenta Andrés, mientras explica que toda la agricultura y la ganadería de la zona se verían afectadas por la construcción del cementerio de residuos nucleares. "En mi caso, lo que desde luego no nos planteamos es ampliar el negocio aquí", cuenta, y añade que el trabajo con clientes fijos se podría conservar, pero ve difícil atraer a nuevos compradores.

"Va a ser una publicidad muy negativa para productos agropecuarios de calidad", dice convencido Carlos Villeta, portavoz de Ecologistas en Acción de Cuenca y miembro de la plataforma en contra del ATC. "Muchas denominaciones de origen de la zona se van a ver afectadas", añade este biólogo, que ha trabajado en grupos de acción local de la serranía conquense, y enumera algunas como el queso manchego, el ajo morado de las Pedroñeras o la Indicación Geográfica Protegida (IGP) Cordero Manchego. "Lo que tenemos claro es que esto no va a ser beneficioso para el empleo, al contrario", concluye Villeta.

Los habitantes de Villar de Cañas no esperaban que les fueran a conceder el ATC, pero los de los pueblos vecinos, menos aún. La movilización en contra del almacén nuclear ha empezado a ser más visible a partir del 30 de diciembre. Desde entonces hay convocadas concentraciones todos los jueves en contra de la construcción del cementerio y para el día 12 de febrero la plataforma está preparando una manifestación en Villar de Cañas en la que se espera que participen masivamente vecinos de toda la provincia.

Los que están en contra de la construcción del ATC esperan hacerse ver el día 12, dado que en una provincia de 17.000 kilómetros cuadrados, poblada por apenas 200.000 habitantes, es difícil congregar a un gran número de personas.

En contra o a favor del ATC, en toda la comarca no hay otro tema de conversación. "Avísanos cuando venga la tele para que nos pongamos guapas", dice una vecina mientras juega a las cartas en ese centro de día para personas mayores y discapacitados que el alcalde y la secretaria sueñan con terminar en breve.

Así fue la carrera por el ATC

En 2006, el Gobierno de Rodríguez Zapatero creó una comisión interministerial con el fin de poner el marcha un almacén que albergara el combustible gastado de las centrales nucleares. Enresa, la empresa pública encargada de gestionar los residuos nucleares, puso el asunto sobre la mesa tras alegar que no era posible acumular más material en las piscinas de las propias centrales. El 29 de diciembre de 2009 se publicó en el BOE la resolución de la convocatoria pública para que los municipios que lo desearan pudieran presentar su candidatura para albergar el Almacén Temporal Centralizado y el centro tecnológico asociado. Un mes después finalizaba el plazo y Villar de Cañas se presentaba, por sorpresa y en el último momento, como candidata. Tras los exámenes técnicos, los terrenos propuestos por cuatro municipios fueron calificados como los más idóneos. Se trataba, por orden de puntuación, de Zarra (Valencia), Ascó (Tarragona), Yebra (Guadalajara) y Villar de Cañas (Cuenca). "Arrojando la valoración técnica escasas diferencias entre ellos", según rezaba el informe elaborado por el Gobierno.

Tras el segundo Consejo de Ministros del Gobierno de Mariano Rajoy, la vicepresidenta Soraya Sáenz de Santamaría anunciaba que el municipio elegido para construir el ATC era Villar de Cañas. Una localidad agrícola de unos 450 habitantes sin relación alguna con la energía nuclear. Su alcalde, José María Saiz, declaraba a los medios de comunicación que les había "tocado la lotería".