Mantiene la máxima nota crediticia: la triple A

Luxemburgo aspira a extender su mercado más allá de las fronteras europeas

El Gran Ducado es la primera sede europea de fondos inversión y segunda mundial, sólo detrás de EE UU.

Cada vez quedan menos supervivientes. No cesan los golpes de las agencias de calificación. Ellas otorgan y ellas arrebatan el preciado tesoro: la triple A, la matricula de honor crediticia. Francia y Austria han sido las últimas en sucumbir y ya sólo quedan cuatro Estados de la zona euro con en máximo galardón. Luxemburgo es uno de los aventajados. La credibilidad de las finanzas del Gran Ducado está probada a fuego. En 2009, el peor tramo de la crisis, su PIB cayó un 5,3%, pero la recuperación fue fulminante. El año siguiente crecieron un 2,7%.

Ante los abultadas mochilas de deuda y déficit de los piases periféricos, Luxemburgo exhibe un exultante 1% de desequilibro presupuestario y un 20% de deuda pública. Son la principal plataforma financiera de la zona euro (3.800 fondos de inversión y 2,2 billones en activos gestionados). El peso de los servicios financieros supone más del 80% del PIB y 75% del empleo del país.

Esta dependencia del negocio bancario es a la vez su mayor palanca y su talón de Aquiles. Así los señala Standard & Poor's (S&P) en su último informe, que confirma al máxima solvencia del Gran Ducado pero rebaja la perspectiva del rating a largo plazo, debido sobre todo a su interconexión con el sector financiero de la zona euro. Cada vez más indicadores dan por hecho una segunda recesión en la eurozona para el segundo trimestre de 2012 y los últimos acuerdos en el seno de la Unión Europea no despejan las dudas. S&P alerta en su nota de que un proceso de reformas basado únicamente en la austeridad fiscal tiene alta probabilidades de fracasar. Teme una caída de la demanda interna asociada a la preocupación creciente de los consumidores por la estabilidad del empleo y la renta disponible erosionando así los ingresos fiscales nacionales.

"Somos un eslabón entre grandes plazas financieras. Nuestro objetivo es pasar de ser una pasarela financiera europea a una mundial", señala Carlo Thelen, economista jefe de la Cámara de Comercio. Su reto es ampliar las fronteras de su mercado, principalmente hacia el este. "En los mercados emergentes se tiene una percepción nefasta de Europa, cercana a la bancarrota" opina Fernand Grulms, consejero delegado de Luxemburgo for Finance, una agencia semipública para la promoción del sector financiero.

No eluden las reformas. "Nuestro modelo social solo es sostenible sobre un crecimiento de entorno al 4%", reconoce Thelen. Las últimas previsiones de la Comisión Europea apenas superan el 1,5% para 2011. "Como el resto de socios europeos, nos toca revisar nuestro sistema de pensiones y ligar la evolución de los salarios a la productividad", afirma el ministro de Economía, Luc Frieden.

En sus 2.586 kilómetros cuadrados (la mitad de la extensión de la provincia de La Rioja) hay asentados 143 bancos, principalmente europeos (42 de ellos alemanes, 13 franceses y ningún español). El sector bancario luxemburgués goza de una relativa buena saludo, todos sus participantes pasaron sobradamente las pruebas de estrés establecidas por la Autoridad Bancaria Europa en julio. Pese a todo, el caso Dexia hace plantear algunas dudas. La entidad tuvo que ser rescatada recientemente por Bélgica, Francia y Luxemburgo. La medicina propuesta por el Gobernador Central de Luxemburgo, Yves Merch, es clara y rotunda: "recortar sueldos, congelar dividendos y potenciar el crecimiento orgánico de las entidades".

Espantar el fantasma del paraíso fiscal es otro de los empeños luxemburgueses. El acuerdo de intercambio de información fiscal firmado con España en 2010 camina en esta dirección, al borrar al Gran Ducado de la lista negra de la Hacienda española. "Creo que aun pesa esa imagen de paraíso fiscal, pero estoy convencido de que dentro de poco tendremos entidades españolas aquí", opina Grulms en relación a que aún ningún banco español ha aterrizado en Luxemburgo.