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Editorial
Es responsabilidad del director, y expresa la opinión del diario sobre asuntos de actualidad nacional o internacional

Repensar el papel de las agencias

Inmediatamente después de la rebaja de rating por S&P, la zona euro ha conseguido cerrar con éxito una jornada de colocaciones en los mercados que, a priori, se presentaba complicada. En el caso de España, la subasta del Tesoro se saldó con la adjudicación prácticamente del máximo previsto -4.900 millones de euros- a un tipo de interés considerablemente menor que el de anteriores citas. Ni el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera (FEEF) ni las emisiones de deuda de Grecia y Bélgica tuvieron dificultades tampoco en sus respectivas apelaciones a los inversores. Tras los zarpazos del viernes y el lunes de S&P, la expectación estaba más que justificada, pero los mercados no solo ignoraron la rebaja de rating, sino que mostraron un sólido interés por hacerse con las emisiones de deuda soberana.

No es la primera vez que los inversores se muestran aparentemente inmunes a una rebaja de rating. El pasado diciembre, sin ir más lejos, el anuncio de la puesta en cuarentena de la deuda europea no desencadenó una jornada negra, tal y como hubiese sido lógico esperar. Ello admite más de una posible explicación. Probablemente, la de mayor peso tiene mucho que ver con el nuevo estilo impuesto desde el Banco Central Europeo (BCE) por un Mario Draghi dispuesto a plantar cara a la desmesurada influencia de las agencias de calificación, cuya neutralidad, oportunidad y buen criterio se han visto puestas en cuestión más de una vez desde el comienzo de la crisis.

Curtido profesionalmente en las arenas de los mercados y conocedor por tanto de sus entramados, Draghi hacía el pasado lunes un acertado llamamiento a una nueva forma de "trabajar" en la que no se otorgue tanto "peso" a las evaluaciones de las agencias. Un discurso firme y claro que ha reforzado aún más ese otro mensaje -no explícito, pero evidente- que el presidente del BCE lleva transmitiendo desde que llegó al cargo: su apuesta decidida por proteger con todos los resortes a su alcance los flancos de la deuda soberana europea y por mantener a flote el euro. Junto a las dos sucesivas rebajas del precio del dinero, la decisión del italiano de abrir el grifo de la liquidez a tres años ha sido un balón de oxígeno para el sistema financiero y un aviso para navegantes de que un nuevo modo de hacer se ha instalado en el BCE.

Aunque, sin duda, también hay que tener en cuenta que es el anuncio de las rebajas de calificación, más que su materialización efectiva, el elemento que influye en las decisiones de los mercados, es cierto que en los últimos tiempos se está produciendo una creciente puesta en cuestión del exceso de influencia de estas sociedades. Una influencia que tiene su razón de ser y su utilidad, pero cuyos límites resulta cada vez más urgente repensar, redimensionar y, en fin, acotar.

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