EDITORIAL

La digitalización del notariado

La implantación de las nuevas tecnologías en las oficinas notariales a lo largo de los últimos años ha sido una revolución silenciosa. Pese a que en parte de la imaginería popular estos fedatarios públicos siguen arrastrando una imagen decimonónica, la realidad es radicalmente opuesta. La inversión financiera realizada por el colectivo en la última década ha sido tan destacada como la rápida adaptación a las nuevas tecnologías de unos profesionales que no han dudado en dar el paso a la era digital. Pionero de la adopción de la firma electrónica dentro del marco institucional, el notariado ha interconectado en una red segura y homogénea las 3.000 oficinas notariales que existen en España. Un esfuerzo hercúleo que se ha traducido en facilidades inimaginables hace una década, tanto para ciudadanos como para empresas, y que ha agilizado notablemente el tráfico mercantil. Ello contrasta de forma llamativa con la laxitud con que se ha intentado llevar a cabo una revolución similar en los juzgados y tribunales españoles, donde a día de hoy existen ocho sistemas informáticos incompatibles entre sí. La Administración de justicia continúa a la espera de una inmersión tecnológica hecha con criterios de eficiencia y sin demagogia. Experiencias como la del notariado o los registradores son un ejemplo a seguir.