Diez años del euro. A pie de calle

Ciudadanos europeos: ¿es el euro nuestra moneda realmente?

Los habitantes del Viejo Continente reflexionan sobre la divisa común a 10 años de su puesta en circulación

Europa se hará a través de la moneda o no se hará", predijo el economista francés Jacques Rueff en 1949. Un principio de vuelta a la actualidad al calor de la crisis y la amenaza de la ruptura del euro. Pero ¿qué supone Europa para sus ciudadanos? ¿Qué es la moneda única para los 17 países que la comparten? ¿Cómo la ven las economías que gravitan en su misma órbita?

A juzgar por las últimas encuestas, Europa está en horas bajas. Los datos de Eurostat revelan que la austeridad ha ido desgastando el europeísmo de sus ciudadanos. Así, la mayor parte de los griegos -un 67%- desconfía de las instituciones europeas. El dato no es más halagüeño para el corazón de Europa: un 55% de los alemanes frente al 50% de los franceses.

Los europeos consultados coinciden en que la explicación debe buscarse en la incapacidad de los políticos para llegar a soluciones. "Nos hemos dado cuenta de manera muy cruda de que la colaboración entre los Estados no tenía bastante empuje, no había suficiente integración para poder reaccionar rápidamente", apunta Céline Dupain, parisina, de 29 años, que trabaja como guía turístico en Montpellier. "Estaba preocupado sobre una posible ruptura del euro y las repercusiones económicas en toda la región. Estoy enfadado porque se ha permitido que ciertos países pongan en peligro la moneda única", continúa el abogado dublinés Rupert McCann, también de 29 años.

Los datos de Eurostat revelan que la austeridad ha ido desgastando el europeísmo de los ciudadanos europeos

El descontento es generalizado, si bien el nivel de enfado varía según la nacionalidad. "Cuando casi todos los países europeos tienen esas enormes cantidades de deuda pública, algunos incluso más que Grecia, me pregunto, ¿de quién es todo ese dinero?", plantea el empresario griego Leonidas Athanasiou, de 53 años. Su compatriota Dimitrios Hatzikakidis, de 44 años, llega aún más lejos: "El euro es una moneda extranjera creada en los noventa para favorecer a los alemanes y en menor medida, a Francia".

"Parece que la economía alemana se mantiene fuerte en comparación con otros países europeos y aguanta bien. Pero veo aumentar los precios cada vez más mientras mi salario sigue siendo el mismo. Tal vez la economía vaya bien, pero no sé si puede decirse lo mismo para los ciudadanos", se queja el periodista alemán Andreas Strasser, desde Múnich.

l Francia

Con todo, la mayoría no concibe una salida del euro y mantiene cierta visión positiva. En europeísmo, los franceses se llevan la palma: "Estoy en contra de la salida de cualquier país de la eurozona. Europa debe mostrar ahora más que nunca su solidaridad, que vale la pena estar en el euro. Con la salida de Grecia se enviaría al exterior una mala señal que reforzaría las convicciones de los antieuropeos. Marcaría, sin duda, el fin de la cooperación. Es nuestro deber proteger lo que nuestros mayores han tardado tanto en construir", afirma Dupain.

l Alemania

Si bien los alemanes comparten las ideas de sus vecinos del Oeste, su sentido del pragmatismo parece mayor. "Una unión monetaria necesita integración política, que aún no veo en Europa", dice Strasser. El alemán señala la existencia de una Europa a varias velocidades debido a las divergencias económicas de cada país: "Tenemos diferentes leyes y sistemas fiscales. Creo que una unión monetaria y una divisa conjunta pueden estar al final de un proceso político. No al principio".

l Grecia

La perspectiva más crítica proviene del epicentro de la crisis. "Ha quedado claro que no ha habido una buena planificación", se lamenta el empresario griego Leonidas Athanasiou. "Nuestra moneda ha sido rehén de los especuladores de todo el mundo, para los que ha sido presa fácil. Aún no hemos encontrado la manera de defendernos de los banqueros, que son quienes realmente dirigen Europa".

l Polonia

La debacle también ha influido en aquellos países con perspectivas de adhesión. Polonia, por ejemplo, ha decidido dilatar las fechas para su ingreso en la moneda única. "Una de las razones por las que nuestra economía va considerablemente bien es que está en una fase en la que no forma parte del euro", explica un joven abogado polaco que trabaja en un organismo internacional. Si hubiéramos compartido moneda, nuestra economía se habría visto afectada. Pero en el largo plazo y cuando la crisis termine, tendremos que formar parte para lograr un mayor desarrollo".

l Reino Unido

¿Y qué opinan en el país euroescéptico por antonomasia? "Reino Unido no entró en el euro porque pensamos que nunca funcionaría sin integración fiscal. Es de locos que un país fiscalmente negligente -Grecia, por ejemplo- tenga los mismos costes de endeudamiento que Alemania. Con la llegada de al menos 10 nuevos países miembros a la eurozona en los próximos cinco años, Francia y Alemania simplemente no pueden mantener su sistema", afirma el joven londinense de 28 años James Tennant. "La moneda única es un noble intento y un paso necesario en un mundo dominado por dos grandes economías: China y EE UU", añade la bróker londinense de 33 años Tamsin Plumptre. "Reino Unido debería adherirse al euro, pero todavía no estamos preparados", remacha.

"Una moneda eficaz es la condición de la libertad", decía Jacques Rueff. Hace más de 30 años que falleció el economista, pero sus premisas parecen más vigentes que nunca.