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Análisis
Exposición didáctica de ideas, conjeturas o hipótesis, a partir de unos hechos de actualidad comprobados —no necesariamente del día— que se reflejan en el propio texto. Excluye los juicios de valor y se aproxima más al género de opinión, pero se diferencia de él en que no juzga ni pronostica, sino que sólo formula hipótesis, ofrece explicaciones argumentadas y pone en relación datos dispersos

Mucho poder, poco tiempo

Para el jugador de ajedrez hay dos coordenadas sobre las que tiene que efectuar sus movimientos. Tiempo y material. El novato siempre piensa en la mera superioridad material, en acumular un alfil o dos peones de ventaja. Pero la mera presencia de las piezas en el tablero es inútil. Las piezas sirven en la medida en que permiten al jugador conseguir su objetivo, y para eso tienen que estar colocadas en la posición adecuada. Las más bellas partidas son aquellas en las que la inferioridad material de un jugador se compensa con una superioridad posicional que hace que su adversario no tenga tiempo para contrarrestar las amenazas.

Mariano Rajoy está en la posición contraria. Tiene material, pero no tiene tiempo. Aunque no puede presumir de tener tras de sí a un país unido, sí existe en la ciudadanía la conciencia, o la necesidad, de salir de la tormenta sea quien sea el timonel. Pero los mercados y la desconfianza aprietan. Y ahogan. La banca y las empresas tienen cerrado el grifo del dinero, escasez que se traslada a la economía con restricción del crédito. Las expectativas de los agentes económicos están bajo mínimos y desde la UE no llegan refuerzos, sino regañinas. Rajoy ha considerado necesario dar un volantazo y lo ha intentado.

Por eso, en los tres aspectos más relevantes no ha concretado las medidas. No en el ámbito presupuestario; tampoco en el sistema financiero, donde sigue siendo una incógnita la fórmula para sanear y poner en valor real los balances del ladrillo; ni en la reforma laboral. Salvo, quizás, en el ámbito presupuestario, tiene motivos para no mostrar sus cartas. Y esta falta de concreción la ha corregido prometiendo rapidez: tres meses para presupuesto y reforma laboral y seis para la financiera. Mensaje claro a los mercados. Y, volviendo al símil del ajedrez, movimiento para salir del jaque intentando, además, no encerrar al Rey (al del ajedrez) con compromisos poco asumibles en el futuro. No es una mala jugada.

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