Para invertir

Ofertas de ahorro al calor de la sequía interbancaria

La guerra del pasivo no ha terminado. La banca planta cara al Tesoro con ofertas en pagarés y depósitos en su afán por capturar liquidez.

Sigue la crisis y sigue el cerrojazo al sector financiero en el mercado interbancario. La cumbre europea no ha servido para desbloquear nada. "El acuerdo fiscal es muy frágil, aunque suponga un progreso", señalan desde Deutsche Bank, que anticipa un mercado "volátil" hasta al menos la primera mitad de 2012. "El BCE es reticente a dar más ayuda, pero al final no quedará otro remedio", vaticina Deutsche Bank. Esta situación ya se ha puesto de manifiesto para la banca española en noviembre: la apelación a las facilidades de liquidez del BCE fue el mes pasado de casi 98.000 millones de euros, según los datos publicados por el Banco de España. Se trata del 26% de toda la financiación concedida por la autoridad central en la eurozona. Durante la segunda mitad del año, casi ninguna entidad financiera ha podido emitir deuda a precios razonables. El recurso a la financiación minorista, vía depósitos y pagarés, se ha tropezado con un inesperado rival de envergadura: el Tesoro.

La presión del mercado sobre la deuda pública española, al anticipar un potencial problema de solvencia, ha elevado las rentabilidades hasta niveles que están despertando el interés de los pequeños ahorradores. Los minoristas pueden comprar a día de hoy una gama de títulos de deuda pública que van de tres meses a dos años a rendimientos limpios, sin comisiones, que oscilan entre el 2,4% y el 3,6%. El inconveniente añadido para bancos y cajas es que el Tesoro no hace distinciones entre buenos y malos clientes, por lo que no emplea la subasta para obligar al inversor a contratar productos adicionales, un recurso del que suele tirar el sector y que se conoce como venta cruzada.

"Las entidades ya no pueden ofrecer productos de ahorro a un 3,5%, ahora tienen que ir del 4% en adelante, lo cual no es fácil de mantener. El sector afronta vencimientos muy importantes el año que viene unos 112.000 millones y a lo que va a tener que recurrir masivamente es a la ventanilla de financiación del BCE. Ese va a ser el principal recurso", explica Fernando Hernández, de Inversis Banco.

Un recurso que se convierte en necesidad, ante la potencia con que ha irrumpido el Tesoro. Pese a ello, el sector no se muestra especialmente preocupado por esta situación, porque confían en que sea coyuntural. Hay que destacar que en la última subasta de letras a 12 y 18 meses, las peticiones directas por parte de minoristas se multiplicaron por tres respecto a colocaciones anteriores y que el interés de cara a la subasta del próximo martes, donde el Estado venderá deuda a tres y seis meses era visible esta semana en la sede central del Banco de España en Madrid. "Es cierto que actualmente la rentabilidad para el inversor está siendo quizá un poco mayor, siempre que sean adquiridas en subasta directamente al Tesoro. Pero es algo puntual y, en principio, no ha supuesto una "fuga" masiva de clientes, ni de recursos", afirman desde Bankinter. "También hay que tener en cuenta que la compra de deuda pública en subasta no es algo tan sencillo ni tan generalizado para los particulares como la contratación en su entidad de los típicos productos bancarios", añaden desde la entidad.

Lo cierto es que las letras de más corto plazo solo cotizaron por encima del 5% durante tres días hábiles, justo a finales de noviembre. Desde entonces, la rentabilidad ha caído más de la mitad, lo que viene a confirmar el carácter puntual de aquella subasta. "Las letras al 5% han llevado a los clientes a preguntar por qué rentan más que los depósitos. Pero las letras ya han bajado de precio. Si estuvieran mucho tiempo a un nivel tan elevado, sería insostenible para el sistema financiero porque los bancos no lograrían financiación", explican desde una caja de ahorros, que inmediatamente matiza: "Las emisiones de letras se producen en momentos puntuales y se colocan durante un plazo de una semana o diez días, pero no son masivas ni perduran mucho en el tiempo. Las emisiones de las Comunidades Autónomas también quitan liquidez, pero su impacto es limitado al durar poco tiempo".

"No estamos preocupados, se trata de algo completamente coyuntural y nuestra estrategia de financiación es más de medio y largo plazo", aseguran desde Banco Popular.

La apuesta por los pagarés

La decisión del Banco de España de obligar a las entidades a multiplicar por cinco las aportaciones al FGD (Fondo de Garantía de Depósitos) de aquellos depósitos cuya remuneración anual superara el euríbor medio a seis meses más un prima de 150 puntos básicos ha llevado a las entidades a volcarse en la emisión de pagarés, que no requieren aportación al FGD y tienen un sesgo de producto de ahorro similar a la de los tradicionales depósitos, pero que precisamente no están garantizado por el FGD, al ser deuda. Las entidades ya han registrado en la CNMV programas para emitir pagarés por un volumen de 45.500 millones de euros.

Santander ha tomado la delantera, inscribiendo una emisión de 7.500 millones de euros con rentabilidades que oscilan entre el 3% y el 3,75%. Pero en este segmento, la competencia es dura. La Caixa ha lanzado unos bonos sénior de medio plazo (tres años de duración) con una rentabilidad muy sugerente del 5%. Popular apuesta por pagarés al 4,5% a 12 meses vista; Sabadell baja el interés al 4%, pero con la ventaja de que el importe mínimo es de 1.000 euros, lo que amplia el foco de captación de posibles ahorradores. Bankinter ofrece una gama de pagarés a plazos muy diversos, desde solo un mes hasta un año y medio, con un interés que va en aumento desde el 3,25% al 4,1%. La entidad está a punto de lanzar un nuevo fondo de inversión de perfil conservador: garantizado, renta fija, con dos años de vida y un rentabilidad muy similar a los pagarés. Bankia también juega con los plazos y el importe, con el que los inversores pueden llegar a obtener un 4% en un año.

"El problema para las entidades financieras son las emisiones. Los bancos preferimos que nos den dinero a largo plazo, antes que ir discutiendo con el bonista cada cuatro meses la renovación. Aún así, la venta de pagarés a través de la red de sucursales está para quedarse. Suelen ser títulos a más corto plazo, que permiten a quien los suscribe adaptarse mejor a los cambios de tipos de interés; es decir, no comprometer su dinero durante plazos dilatados que pueden provocar que sus ahorros les rente menos", relatan desde una entidad.

"Nos guste o no, la tendencia de los próximos meses va a ir por los pagarés, porque la clave es que los mercados mayoristas siguen cerrados y para volver a salir a financiarnos vamos a tener que esperar", reconocen desde una importante entidad bancaria.

Ante la interminable parálisis de la Unión Europea, a las entidades les queda el recurso del Banco Central Europeo. La autoridad central procederá el próximo miércoles a realizar una subasta de liquidez ilimitada por un plazo de nada menos que 36 meses a un interés del 1%, más que apetecible, comparado con el coste de la financiación minorista. De hecho, muchas entidades empiezan a hacer arbitraje entre el interés al que se financian en el BCE y la rentabilidad que ofrecen los instrumentos de deuda pública del Tesoro español. La crisis está reventando todos los patrones convencionales de la economía.

Alternativas para el ahorro

Deuda pública: La volatilidad inesperada

Lo nunca visto: las oportunidades de inversión en renta fija pública se esfuman en cuestión de días. El mercado ha estado jugando todo el año con la posibilidad de que España incurriera en un impago, sobre todo para presionar al Tesoro en busca de mayor rentabilidad, pero esa tensión está remitiendo muy rápidamente. En un mes, las letras a más corto plazo han pasado de más del 5% a menos del 2%. La deuda pública se puede adquirir prácticamente sin comisiones abriendo una cuenta en el Banco de España. Hay dos formas de adquirir títulos de deuda pública: una es participar directamente en las colocaciones en el mercado primario, donde la recomendación para el inversor minorista es ir a la subasta no competitiva, que garantiza la adquisición de papel, pero no al mejor interés, sino al tipo medio. La otra forma es acudir al mercado secundario y comprar títulos que ya estén emitidos. En este caso, el riesgo radica en que el precio de la deuda fluctúa y es posible llegar a pagar por encima del nominal.

Depósitos: Un clásico del ahorro

Las periódicas guerras del pasivo suelen desembocar en grandes oportunidades de obtener remuneraciones sustanciales para las imposiciones a plazo fijo. Es un producto sencillo, que cuenta además con el respaldo del Fondo de Garantía de Depósitos y que suele tener gran aceptación entre los usuarios de las redes comerciales. Abundan las ofertas a varios plazos de vencimiento que ofrecen rendimientos que oscilan entre el 2% y el 5%, en función de las cantidades aportadas y del grado de compromiso que los clientes adquieran con la entidad que ofrece el producto.

Pagarés: El producto más en boga

Al contrario que los depósitos, los pagarés son un instrumento de deuda. Es un producto de renta fija de corto plazo que las entidades están empleando ahora de forma masiva para seguir ofreciendo la rentabilidad que hasta ahora proporcionaban vía depósitos, que ha sido penalizada por el Banco de España, para evitar que las entidades que han recibido ayuda del FROB incurran en competencia desleal. La rentabilidad de los pagarés solían estar reservados para los grandes inversores institucionales, con una rentabilidad ligada directamente al euríbor del plazo al que son emitidos. Una de sus características es que los pagarés se emiten al descuento; es decir, en el precio de compra se descuenta el interés y al vencimiento se devuelve el 100% del nominal. Una desventaja es que la liquidez de los pagarés es escasa, a pesar de que cotizan en un mercado de renta fija.

Estructurado: Vendiendo seguridad

Este producto se vende bajo la vitola de que la aportación está garantizada. Otra cosa es la rentabilidad, vinculada al cumplimiento de ciertas condiciones de mercado de realización incierta.