La operadora se ahorrará un mínimo de 3.400 millones en tres años

Telefónica sacrifica el dividendo para liberarse de ataduras

Tras nueve años consecutivos de fuerte subida del dividendo, Telefónica ha decidido enfrentarse a la crisis con una rebaja de la remuneración a los accionistas que le permita liberar fondos para reducir la deuda y financiar su operativa.

Empleados acceden a la sede de Telefónica en el Distrito C de Las Tablas, en Madrid.
Empleados acceden a la sede de Telefónica en el Distrito C de Las Tablas, en Madrid.

æpermil;rase una compañía a un dividendo pegada... æpermil;se podría ser el principio de una breve historia sobre los últimos años de Telefónica; los últimos nueve años, de hecho, que han visto crecer la remuneración al accionista de forma vertiginosa, desde la nada hasta convertir a la operadora en una de las empresas más atractivas por dividendo del Ibex y de su sector en Europa.

Pero toda historia tiene un final y el de esta carrera retributiva se firmó ayer. Lo hizo con el baño de realidad de una crisis que está durando demasiado y que ha hecho saltar por los aires a países enteros, cuánto más a unos planes que se forjaron con el convencimiento de que el final de las turbulencias estaba a la vuelta de una esquina que parece no llegar nunca.

Los damnificados son millón y medio de accionistas, que sentirán ya en mayo próximo que el dividendo prometido con cargo a los resultados de 2011 no viene todo en efectivo, sino que una parte se cobrará en acciones. Y luego llegará el de 2012. De los 1,75 euros anunciados como pago hace menos de diez meses solo se percibirán en dinero contante y sonante 1,30 euros, mientras que otros 20 céntimos se destinarán a la compra de autocartera. Y en 2013 tampoco se cobrará lo que se esperaba: de 1,75 euros como mínimo se pasa a un suelo de 1,50 euros, sin ningún compromiso de cuánto será en metálico.

¿Malas noticias para los accionistas? Podría ser. La reacción de las acciones de Telefónica en la Bolsa de Nueva York al conocerse la noticia ayer por la tarde no fue buena. Pero, siguiendo con las referencias literarias, la reducción del dividendo es la crónica de una muerte anunciada y un movimiento que algunos en el mercado van a alabar.

Las primeras serán las agencias de rating, que llevan meses poniendo el grito en el cielo ante un dividendo creciente en pleno retroceso de los resultados y en una compañía con una deuda neta de 55.430 millones de euros. Luego llegarán bastantes analistas, que han alertado de lo insostenible de la retribución de la operadora en un momento como el actual.

"El mercado no estaba reconociendo los esfuerzos de nuestra política de remuneración al accionista", aseguró ayer el director financiero de Telefónica, Ángel Vilá, que salió a la palestra ante los analistas para explicar el recorte en la retribución. Con una caída en Bolsa en lo que va de año superior al 22%, Telefónica está en el furgón de cola de las empresas del Ibex por comportamiento bursátil pese a su alto dividendo. Pero algunos expertos han apuntado en el pasado que podía ser, precisamente, la elevada remuneración la que estaba penalizando el valor.

Las cifras lo dejan claro. Mientras el dividendo de Telefónica crecía, la previsión de beneficios para la operadora bajaba, de forma que su retribución prevista iba a ser superior a sus ganancias. Eso hubiera dejado muy poco margen para reducir su abultada deuda (como señalaban las agencias de rating), para aprovechar las oportunidades de crecimiento en el mercado o para invertir y distanciarse de su competencia con mejores servicios e infraestructuras.

Telefónica primero intentó conseguir el pleno sin tocar el dividendo. La venta de activos era una respuesta tan buena como cualquier otra para financiar la rebaja de deuda y el crecimiento. Pero la crisis seguía estando en el camino y la colocación en Bolsa de Atento tuvo que suspenderse. La operadora tiene más activos en cartera, pero no de tanta cuantía y, sobre todo, siempre dependientes de que alguien los compre.

"Necesitábamos más flexibilidad", admitió Vilá a los analistas. La reducción del dividendo permite conseguir este objetivo de manera inmediata. Con 4.564 millones de acciones en circulación, el recorte del dividendo en efectivo en mayo supone un ahorro de 1.200 millones, asumiendo las compras que le quedan por hacer de autocartera para abonar en forma de títulos el resto de la remuneración prometida. A eso se unen otros 1.100 millones (aunque la cifra final dependerá de la cuantía de la recompra de acciones que se hará el año que viene) por cada uno de los ejercicios de 2012 y 2013, donde el dividendo se reduce de 1,75 euros a 1,50 euros. En total, el ahorro en tres años ronda los 3.400 millones e incluso puede ser mayor según las condiciones que se fijen finalmente para 2013.

Esos fondos desde luego son una ayuda para lograr esa flexibilidad financiera deseada, para comprar espectro con el que potenciar el negocio del móvil ahí donde salga a la venta, para adquirir negocios o compañías con futuro o para reducir deuda. Este último punto cobra especial importancia por las necesidades de financiación que tiene Telefónica, con un mercado mayorista de deuda casi cerrado por la crisis, que se ha encarecido para ella tras las últimas rebajas de rating y que amenazaba con hacerlo aún más si las agencias de calificación seguían reduciendo su nota de solvencia debido a su política de dividendo.

La única duda que ha asaltado a algunos analistas es por qué lo ha hecho ahora. Telefónica se ha resistido tanto a reducir el dividendo que la decisión tomada ha cogido por sorpresa al mercado no por el fondo, sino por el momento. Durante la conferencia con analistas de ayer por la tarde, algún experto preguntó por problemas de liquidez o menor flujo de caja como explicaciones del recorte del dividendo. No es así, contestó Vilá, que apeló a la necesidad de flexibilidad financiera para aprovechar las oportunidades del mercado y cuidar la deuda.

¿Retroceder para sembrar hacia el futuro? Los accionistas tendrán ahora que dar su veredicto.