COLUMNA

Jóvenes parados, más problemas

El rostro humano de la crisis en Europa es el paro. Hablar de una generación perdida no es exagerado. En Reino Unido y la eurozona una quinta parte de los jóvenes está sin trabajo. En Grecia y España las cifras se elevan hasta casi la mitad. El desempleo a esta escala amenaza al resto y, en la periferia del euro supone una advertencia de lo mucho que se debe hacer si quieren permanecer en el euro.

La Gran Recesión ha sido larga y profunda, pero al menos en EE UU el paro parece estar en retirada, la tasa ha bajado desde el 10,1% al 9%. Las ya malas cifras europeas -desempleo del 10,3% en la eurozona y el 8,3% en Reino Unido- podría empeorar si la recesión que se avecina se materializa. Entre los jóvenes el nivel de desempleo es devastadoramente alto. Más de una quinta parte de los europeos menores de 25 años están sin trabajo. En Grecia, la cifra es del 45% y en España el 49%. Este paro juvenil crea múltiples peligros. Son demasiados los jóvenes que no adquieren experiencia. Suponen una carga para los presupuestos. Corren el peligro de verse arrastrados a la delincuencia y el descontento social. ¿Qué puede hacerse?

Desde un punto de vista macroeconómico, la respuesta tradicional es que los Gobiernos gasten más o bajen los impuestos para estimular el crecimiento. Pero los Gobiernos europeos se ven obligados a hacer lo contrario. Se están produciendo recortes y reduciendo el empleo público en nombre de la austeridad. Pero a nivel microeconómico, el camino no está cerrado. Mariano Rajoy, nuevo presidente del Gobierno español, ha dicho con razón que el inflexible mercado laboral debe reformarse. En Reino Unido, la Confederación de la Industria Británica tiene razón en sugerir un crédito fiscal del Gobierno para que las empresas contraten a jóvenes. En lugar de pagar la prestación por desempleo de los jóvenes, los Gobiernos deberían financiar programas de aprendizaje.

Mejorar la competitividad también es vital. Incluso con una libra débil, el paro juvenil en Reino Unido es tan malo como la media europea. Pero los problemas británicos son mucho menos severos que los de la periferia del euro. La falta de empleo, como la deuda, advierte que la periferia no será viable dentro de la zona si no puede aplicar un cambio radical.

Por Ian Campbell