COLUMNA

Sarkozy, una fiesta como la de 2009

El mundo según Nicolas Sarkozy es un lugar simple. El Banco Central Europeo (BCE) no quiere comprar bonos porque eso viola sus reglas sobre prestar a Gobiernos, pero el presidente francés habría hecho casi lo mismo indirectamente. Quiere que los bancos empleen el dinero barato del BCE para comprar bonos públicos con rendimientos por debajo del mercado. Y Sarko da entender que si los bancos no quieren jugar así, los Gobiernos harán lo que quieran.

Los bancos harían dinero. Podrían hacer uso de los nuevos préstamos a tres años del BCE para prestar al 1% de interés de refinanciación del banco central y comprar, digamos, deuda italiana a incluso la mitad del 7% de los rendimientos del mercado sobre la deuda a diez años -y todavía reportar una ganancia-. La deuda soberana serviría como garantía para los préstamos del BCE. Los bancos establecieron carry trades parecidos en 2009, cuando el BCE introdujo su primer año de facilidad. Ahora es diferente. El BCE podría tener sentimientos encontrados. El plan suena a financiación monetaria. Además, la facilidad a tres años no se diseñó para especular, sino para aliviar la presión de financiación a los bancos.

Las entidades de crédito pensaban que el comercio mundial iba a ir un poco peor que en 2009, cuando se consideraba que la deuda soberana de toda Europa estaba libre de riesgo. Ya no. Una razón por la que la Autoridad Bancaria Europea está forzando a los bancos a llegar a 114.000 millones de euros de capital es para que sean capaces de absorber cualquier pérdida de deuda pública. Si los bancos siguen el camino de Sarko, los accionistas y los acreedores los penalizarán.

A los Gobiernos podrían gustarles la idea de forzar a los bancos a comprar sus bonos y la represión financiera podría funcionar en las entidades nacionales. Probablemente se hundirían en cualquier caso si se produjeran incumplimientos públicos. Pero las grandes instituciones internacionales no son marionetas del Estado y probablemente se resistirían. La idea de utilizar los fondos del BCE para apalancar no es del todo mala. Podría atraer a inversores privados como los gestores de activos para comprar deuda soberana. Pero los bancos deberían reducir, no añadir, riesgos de deuda pública. Un masivo carry trade público por parte del BCE podría ser atractivo, pero también podría arrastrar a los bancos aún más en el lodo.

Por Neil Unmack.