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Tribuna

Europa convulsa

Se acabó la fiesta. La manera de entender una Europa que ya no es posible. La Europa ensoñada pero no real. Reino Unido da un paso atrás, frena, tensa espera. No acepta la reforma. Demasiada confusión, política y económica. Se hablaba desde hace meses de refundar Europa. Refundación ¿a partir de qué y sobre qué? Ahora son 23 los que aceptan un nuevo Tratado, mañana más.

Euroescepticismo de celebración, en unos años, cabe incluso que se arrepientan. No a una Europa a dos velocidades, sino una Europa sin Londres. Esa es la noticia. Todo debe empezar de otro modo, aprender de los errores, de las debilidades. Es un interrogante difícil de responder. La crisis económica ha lastrado aún más la ignota pero también ignorada conscientemente crisis política y de identidad del constructo europeo. Lo mejor que le ha pasado a los europeos en más de cincuenta años amenaza desmoronarse. Ya no se trata de más o menos Europa, sino de otra Europa más soberana, otra forma de hacer Europa. ¿Cómo hemos dejado que esto suceda?, ¿quién ha secuestrado a Europa? Nos hablan de regeneración, de un nuevo Tratado de la Unión. ¿Realmente es necesario?

Un Tratado bajo la impronta alemana. El Elíseo sigue a pies juntillas los dictados de la canciller aparentando que también decide. Alemania quiere una Europa a su medida, con sus criterios, tal vez con su manera de entender el federalismo toda vez que Europa nunca será un estado ni una federación. Una Europa con otras estructuras, con otras reglas de juego, más seria, más rigurosa, menos alegre tal vez. Austeridad y consolidación fiscal, embridamiento de la deuda, reactivación y quizás algo más de inflación para evitar la deflación. Hay tensión, demasiada, amenaza de enroque. Un parto nuevo, tal vez prematuro. ¿No sirven ya los viejos anclajes?, ¿por qué?, ¿por qué la igualdad y la paridad no son posibles en la Unión Europea y solo prima la voluntad de uno?

En estos momentos una de las tensiones más graves que debe debatir el futuro inmediato de la Unión es quién y hasta dónde se integrará un núcleo más fuerte, más unido, que sirva de nexo para una eurozona hacia la que bascule todo el proceso de la Unión. Relegado voluntariamente el futuro político de Europa, ésta quiere, o quieren los alemanes sobre todo, constituir un gobierno económico, una unión fiscal y una rigidez presupuestaria que controle definitivamente el déficit, sancione en su caso a los que transgredan la regla de oro, el 3%, active los mecanismos de estabilidad y solidaridad, por encima de las propias instituciones comunitarias. La Europa postsoberana pide paso. La rigidez de planteamientos germanos hasta el momento, sobre todo con respecto a Grecia, equívoca y numantina, no ha hecho más que agravar la crisis. Hacer pechar a las entidades financieras con parte de la responsabilidad y la crisis de la deuda soberana, ha amenazado con la quiebra misma de estas y la explosión sistémica de todo el sistema financiero, zaherido por una especulación sin límite, por una aversión al riesgo mínima y una desregulación tan atropellada como vergonzosa. La crisis ha desactivado las resistencias, salvo la británica que no tolera la reforma de su sistema financiero integrado bajo la lupa bruselense y germana. No hay liderazgo. Ya todo es posible. Como siempre Europa, ayuna de liderazgo, llega tarde. Demasiado tarde. En el calendario una fecha, el 9 de diciembre. Entretanto revuelos de pasillos, borradores, conversaciones informales, exigencias. Merkel exige, no tolera, no cede, siempre un pero. Hay que cambiar, ya no valen las esperas ni los paños calientes. Una espera que deja atónita a Europa, a Estados Unidos. El tablero de la eurozona no sabe siquiera qué va a suceder y si otra Europa es posible. Reino Unido amaga, resiste, amenaza, pero necesita un euro fuerte tanto como los propios diecisiete que hoy atesoran esta moneda a los que muchos han cantado ya un apresurado réquiem.

Europa se ha asomado estos últimos años a su propio caos, el de su inercia provocada por la falta de reacción adecuada, del estímulo y coraje necesario, la ausencia de audacia y la racanería de sus planteamientos y exigencias respecto a los rescates de algunos países, significativamente griego. Se ha empeñado en jugar sobre un fino alambre que amenaza con romperse del exceso de tensión. La ampliación del fondo de rescate no es inmediata. El Banco Central no debe comprar exageradamente deuda periférica por los problemas que a la larga arrastrará esta, pero tampoco permanecer inmóvil. De Irlanda y Portugal no se habla, de Italia asusta al ser la tercera economía de la zona euro. Y España mantiene y contiene el pulso como puede. Sabe que Europa es condición necesaria para salir de la crisis, pero no suficiente. Los deberes y obligaciones, reformas y recortes draconianos se quedan dentro de los Pirineos.

Abel Veiga Copo. Profesor de Derecho Mercantil de Icade

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