A fondo

æscaron;ltima oportunidad para el diálogo

Somos razonablemente optimistas respecto a un acuerdo porque la situación del país es de extrema gravedad", dijo ayer el líder patronal, Juan Rosell, tras entrevistarse con el futuro presidente del Gobierno, Mariano Rajoy.

Momentos antes, el líder de CC OO, Ignacio Fernández Toxo, aseguraba que acudía a su cita con Rajoy "con absoluta vocación de diálogo franco, abierto y sincero". Mientras que Cándido Méndez (UGT) aseguraba también antes de ver al futuro presidente del Ejecutivo: "Estamos dispuestos a hablar absolutamente de todo, porque somos conscientes de la gravedad del momento",.

Estos son los mismos líderes sociales que durante los peores momentos de la crisis que azota a España han sido absolutamente incapaces de llegar a los consensos necesarios en materia laboral para intentar frenar la dramática sangría del desempleo. ¿Qué ha cambiado? Pues parece que no solo el Gobierno, que también, sino que internamente "da la sensación de que los agentes sociales han llegado por fin al convencimiento de la gravedad de la situación", aseguraba ayer un colaborador del entorno sindical.

Patronal y sindicatos han recibido el mensaje de que el PP hará una reforma sin complejos

Pero es más, con la llegada del PP al Gobierno, patronal y sindicatos han recibido el mensaje -aún no se sabe si cierto o no- de que alcanzaba el poder absoluto un partido que haría una reforma laboral a golpe de decreto y sin complejos. Y es bien sabido en entornos laborales que esto no gusta ni a unos ni a otros. Que nadie toque la sacrosanta autonomía de las partes, han venido diciendo tanto Rosell como los líderes sindicales en los últimos días ante el fantasma de un decretazo popular.

Así, distintas fuentes de la negociación aseguran que los equipos de técnicos que ya están negociando ahora asuntos como los nuevos sistemas de solución extrajudicial de conflictos, reformas en el campo de las mutuas y el absentismo o en la polémica reedición del pacto salarial han cambiado el chip y están siendo más proclives a buscar un acuerdo más pronto que tarde.

Es inevitable que esta situación recuerde a la vivida en el año 1996, cuando José María Aznar llegó al Gobierno y enseguida comenzó a cocinar lo que finalmente fue la exitosa reforma laboral de mediados de 1997. En aquella ocasión, el Ejecutivo popular consiguió incluso que los sindicatos firmaran un abaratamiento del despido, con la creación del contrato de fomento, con una indemnización de 33 días por año frente a los intocables 45 días.

Aquella reforma -que probablemente nada tiene que ver con la que se necesita ahora- fue una de las espoletas que activó la creación de millones de puestos de trabajo en los años siguientes. Además, paradójicamente bajo el paraguas de un Gobierno conservador, inauguró una fructífera etapa de diálogo social que se vio bruscamente interrumpida en la legislatura anterior. Bien es cierto que independientemente de que fuera Zapatero el inquilino de la Moncloa, en 2008 se dieron condiciones internas en las organizaciones patronales y sindicales adversas a este diálogo.

Así, a mediados de 2008, CC OO estrenaba a Toxo como secretario general, con un cambio completo de su equipo directivo y tras un proceso de fuerte división interna. Mientras que en 2009 UGT celebró su 40 Consejo Confederal y CEOE las primeras elecciones tras el largo y carismático mandato de José María Cuevas. Todos estaban más preocupados de sus asuntos internos que del exterior y la mayoría de los negociadores carecían de experiencia.

La situación hoy es muy distinta y estos equipos de negociación están más consolidados. Si bien hay incógnitas como que Rosell no está exento de contestación interna y UGT atraviesa por una delicada situación tras la derrota electoral socialista. Ahora solo queda encontrar un ministro de Trabajo como Javier Arenas que, como en 1997, camele a todas las partes.