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Tribuna
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El traspaso de poderes y la gestión del cambio

Como el PP ha ganado las elecciones con una amplia mayoría absoluta, no necesita del apoyo de otros partidos políticos para la constitución del Ejecutivo, por lo que el proceso debería verse acelerado. En estos días hemos entrado en la fase del traspaso de poderes que permitirá al nuevo Gobierno que se constituya en diciembre asumir plenamente el liderazgo del país y de las funciones propias del Gabinete. Los sistemas democráticos se caracterizan por la posibilidad de alternancia. Afortunadamente, nuestra democracia tiene ya los suficientes años como para que hayamos visto varios traspasos de poder entre la UCD y el PSOE y entre este último y el PP en ambos sentidos.

Por tanto, el traspaso de poderes es una fase más del ciclo democrático y, en puridad, no debería suponer diferencias relevantes respecto del traspaso que se produce cuando ocurren cambios de Gobierno que afectan al mismo partido político, ya sea tras unas elecciones o por remodelaciones ocurridas en el transcurso de una misma legislatura. La constitución de un nuevo Gobierno, sobre todo si supone un giro político, constituye un proceso de transformación que requiere ser gestionado. Desde la óptica de la consultoría de gestión, es interesante observar tal proceso, no tanto desde una perspectiva política como desde una visión más centrada en la gestión del cambio para garantizar su éxito. Veamos cuatro requisitos que se deben cumplir.

En primer lugar, hemos de hablar de liderazgo. El proceso debe contar con el apoyo directo de los líderes de los dos partidos políticos, el actual y el futuro presidente del Gobierno, y debe ser asumido por personas con autoridad en sus respectivas organizaciones. En el caso del PSOE, lo está realizando Ramón Jáuregui, ministro en funciones de la Presidencia, y, en el caso del PP, Soraya Sáenz de Santamaría (ello lleva a suponer que tendrá un papel relevante en el próximo Gobierno).

Un segundo aspecto a considerar es la comunicación. Todo proceso de cambio exige una comunicación fluida y franca entre las partes involucradas. Deben considerarse y contrastarse las expectativas de cada uno de los participantes, que pueden ser muy diferentes. Si la comunicación es ineficiente (por escasa o excesiva, por no considerar las expectativas de la otra parte o por producirse a destiempo) se generan recelos y malas interpretaciones que pueden conducir a una espiral negativa, acusaciones entre las partes y, en definitiva, al fracaso del proceso.

Un tercer elemento es la gestión del conocimiento. El Gobierno saliente ha gestionado el país durante los últimos años y esto supone un acervo de conocimiento ingente en cada uno de los ámbitos propios de su función. El Gobierno entrante debe hacerse con ese conocimiento (el cómo están las cosas) lo más rápidamente posible, de cara a garantizar que la labor de Gobierno continúe con plena normalidad.

Afortunadamente, ese conocimiento no reside en exclusiva en unas pocas personas. Existe documentación y una estructura de empleados públicos que, por debajo del poder político, realizan el trabajo diario y garantizan la continuidad de la actividad, aunque cabe en este punto reflexionar sobre el grado de informatización y transparencia en determinadas áreas de la gestión pública, quizá mejorable en algunos casos. En cualquier caso, tras las fotos en las que dentro de unas semanas veremos a ministros entrantes y salientes entregándose las carteras ministeriales debe haber mucha comunicación y traspaso de información previos, especialmente en ámbitos como la economía, el empleo, la UE o los asuntos sociales, que cobran una mayor relevancia dada la actual situación socioeconómica.

Finalmente, hay que destacar un cuarto elemento que suele olvidarse y que es fundamental en la gestión del cambio. Hablo del soporte una vez que el traspaso de poderes ha concluido y el nuevo Gobierno ha comenzado a ejercer. ¿Acaso no es humano y predecible que surjan dudas? ¿Que sea necesario consultar con los anteriores responsables sobre tal o cual cuestión que se descubre no quedó del todo clara? Ojalá que esto sea práctica común y que este tipo de conversaciones a posteriori se mantengan tras todo cambio de Gobierno. Los políticos saben que lo que está en juego es la buena marcha del país y el respeto hacia los ciudadanos. Aplíquense pues los principios de la gestión del cambio y celebremos democráticamente este traspaso de poderes del mismo modo que lo hicimos con los anteriores y lo haremos con los futuros. Por muchos años.

Pedro M. Blanco. Socio de Accenture

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