EDITORIAL

Una electricidad de autoconsumo

Aunque con más de un año de retraso, y prácticamente contra reloj, el Gobierno ha aprobado el real decreto que permitirá a familias y comercios consumir la electricidad que autogeneren a partir de energías renovables sin necesidad de pasar por una compañía eléctrica. La norma, cuyo desarrollo ha sido demandado con insistencia por el sector de las renovables y muy demandado por los usuarios de estas instalaciones de pequeña potencia -es el caso de un panel solar fotovoltaico o de una torre minieólica-, posibilitará que el particular o la empresa puedan reducir de forma considerable su factura energética, al dejar de estar sujetos a la tarifa estipulada por el distribuidor o por el Gobierno. Ahora solo queda delimitar lo que ha constituido un nudo de discrepancias entre las eléctricas tradicionales y las renovables: las condiciones económicas en las que el particular podrá verter a la red exterior la energía que le sobre.

Cualquier medida que permita a empresas y hogares ajustar gastos resulta una buena noticia, pero todavía más en una coyuntura como la actual, en la que cuadrar cuentas supone un férreo y no pocas veces heroico sacrificio. Con ello, además, España se une a países como EE UU o Alemania, donde el autoconsumo eléctrico no constituye, ni mucho menos, una novedad.