Michael Woodford se opone a la "cultura de la deferencia" de Japón

"Las empresas japonesas deben ser críticas con sus directivos"

Gaijin significa forastero en japonés. El nombramiento de un gaijin como directivo de una empresa nipona es una rareza, una excepción que solo suele suceder cuando todas las opciones nacionales han fracasado. Las pocas veces que ha ocurrido han sido motivo de gran interés y mucha expectación mediática dentro del país.

Japón tenía cuatro forasteros al timón de compañías niponas hasta el pasado 14 de octubre. Ese día, el último gaijin en llegar fue despedido por supuestos "motivos culturales".

Sin embargo, en poco tiempo salió a la luz que Michael Woodford, ex consejero delegado de la empresa de cámaras fotográficas y endoscopios Olympus, había pedido explicaciones sobre pagos irregulares valorados en 687 millones de dólares, lo que ha provocado un auténtico cataclismo en la compañía, cuyas acciones en la Bolsa se han desplomado tras el escándalo (ver entrevista en CincoDías del jueves 17).

Este periódico le ha preguntado a Michael Woodford si cree que su osadía aumentará el recelo de los japoneses hacia los directivos extranjeros. Asegura que, por ahora, no ha tenido ocasión de conversar con el resto de los gaijin sobre cómo les está afectando el escándalo, "pero sé que habrá mucho que comentar".

"Si hay alguna compañía japonesa en situaciones similares a Olympus seguramente no quieran contratar a alguien como yo. Japón necesita cambiar y retarse a sí misma. Este escándalo está sacando a la luz deficiencias en relación al buen gobierno. Estas son muy relevantes", asegura en una entrevista en el salón de su casa en Londres.

En cualquier caso, dice que para saber si después de esto Japón ve a los extranjeros como enemigos o aliados hay que esperar a conocer el desenlace de su historia. "Aún no sabemos cómo va a repercutir. Si yo volviera a Olympus podría interpretarse como una demostración de que quieren enmendar sus errores y dar respuesta a las preguntas de qué hay detrás de toda esas cuentas ocultas".

Mientras el tiempo pone fin a su pesadilla, la valentía de Woodford, que ha tenido que huir de Japón preocupado por su seguridad, ha creado un intenso debate en el país.

La mayoría de diarios nipones se han alineado de su parte. El propio primer ministro le ha mostrado su apoyo, y hasta se ha creado una web de trabajadores, llamada Olympus Grassroots, a favor de la vuelta de este inglés a la empresa. Woodford cree que darle la espalda al capital humano extranjero perjudicaría al país. "Japón necesita vibración económica y dar la espalda al talento de los forasteros le haría más débil. Tiene una deuda de más del 200%, lo que es peor que España, Italia y Grecia por un gran margen y, además, acaban de vivir el más grande, catastrófico y horrible desastre natural. Además, necesitan decidir qué van a hacer con la energía nuclear".

Pase lo que pase, Woodford deja claro que la redención de Olympus, y el buen nombre de las empresas japonesas, pasa por aceptar algunos cambios; principalmente en la excesiva "cultura de la deferencia" y en las rígidas jerarquías de las compañías. El ex consejero delegado de la compañía japonesa explica que la cultura de Japón "respeta la posición de manera automática, pero no necesariamente la persona", asegura.

Cambios

Según Woodford, en las compañías japonesas "no juzgan si son buenos o malos, sus debilidades o sus habilidades. Necesitan cambiar hacia una forma de dirección empresarial que sea crítica con sus miembros. La armonía y el consenso tienen su lugar y su momento y lo seguirán teniendo en la sociedad japonesa, pero en los negocios han de cambiar", explica.

Un viaje de regreso para la semana que viene

El ex consejero delegado de Olympus vuelve a Japón el miércoles de la semana que viene para hablar con la policía, después de haber tenido que salir huyendo de allí hace un mes.

Pese a la preocupación que manifiesta por su seguridad, Woodford está decidido a colaborar con los investigadores internacionales que intentan aclarar, desde Reino Unido, Estados Unidos y Japón, a dónde fue a parar todo el dinero ocultado. Las autoridades japonesas se encargarán de su seguridad durante su estancia, porque el escándalo ha hecho sospechar que algunos pagos irregulares podrían estar vinculados a la Yakuza, como se llama al crimen organizado japonés.

Woodford se encontrará con la policía japonesa, con miembros de la SESC (Securities and Exchange Surveillance Commission) y con el regulador del mercado financiero japonés. Todos ellos ya tienen en sus manos las cuentas que Woodford destapó y esta vez le preguntarán por nuevos detalles que han surgido a lo largo de la investigación.

Además de las autoridades japonesas, el FBI estadounidense y el cuerpo de seguridad contra el fraude en Reino Unido SFO (Serious Fraud Office) están tras la pista de los posibles delitos cometidos por Olympus.

Si hay tres fuerzas de seguridad de tres países distintos involucradas es porque están de alguna manera involucrados en los pagos irregulares. Por ejemplo, entre las operaciones controvertidas está la adquisición de la empresa británica Gyrus Group en 2008 por 1.950 millones de euros.

Si el miércoles 23 de noviembre Woodford viaja a Japón, pocos días más tarde, en concreto el día 29, se desplazará hasta Estados Unidos para prestar su colaboración al FBI. Aunque asegura que "esto es solo el principio del escándalo" y que aún quedan "muchas cosas por salir a la luz", el exdirectivo tiene la esperanza de que el día 14 de diciembre marque un antes y un después en su pesadilla.

Olympus ha anunciado que en esa jornada publicará los resultados del segundo trimestre revisado por auditores. La compañía japonesa ha declarado en un comunicado que, además, está corrigiendo las cuentas irregulares que publicó en el pasado.

"Ese día la compañía se juega su permanencia en la Bolsa, por lo que espero que muchas cosas se aclaren y poderme tomar unas vacaciones en Navidad", apunta Michael Woodford. Y es que, si pierde su batalla contra la cúpula de Olympus, dejará, definitivamente, de formar parte de la selecta hermandad de los gaijin.

El club de los cuatro directivos 'gaijin' en el país oriental

Cuatro extranjeros forman parte del reducido club de los gaijins en Japón. Ellos son los únicos forasteros que han logrado encaramarse hasta la dirección de empresas niponas. El brasileño Carlos Ghosn, consejero delegado de Nissan, es el más antiguo de los cuatro. Y el galés sir Howard Stringer es consejero delegado de Sony Corporation desde 2005. En 2009 se convirtió, además, en el presidente de la multinacional.

Craig Naylor llegó en abril de 2010 a la cúpula de la compañía de vidrios Nippon Sheet Glass. La elección de este estadounidense fue algo muy inusual pues, además de ser gaijin, no había tenido ninguna experiencia previa dentro de la compañía.

Michael Woodford, el ex consejero delegado de Olympus, fue el último en ser elegido, en abril de 2011, aunque ahora está en el limbo de los gaijins.