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Tribuna

Ya lo decía Sócrates: "Solo sé que no sé nada"

Con relación a la crisis griega, a la vista de los últimos acontecimientos y de los posibles escenarios de futuro más inmediato, lo primero que nos viene a la mente es la conocida sentencia que resume el pensamiento socrático: solo sé que no sé nada. Y es que la realidad económica (y política) que estamos viviendo es, por decirlo de una forma suave, diferente.

El penúltimo episodio de la telenovela (el último siempre está por llegar) ha sido el anuncio del primer ministro griego, Yorgos Papandreu, de someter a consulta popular la aprobación de las medidas impuestas por la Unión Europea como condición sine qua non para llevar a cabo el plan de rescate de la economía helena. Previo a dicho referéndum, el Gobierno griego deberá superar en el parlamento una moción de confianza a su gestión.

El terremoto originado por este anuncio del primer ministro griego se ha dejado sentir en los mercados de forma inmediata. Cuando de forma sistemática se rebasan todos los límites que parecían intocables, la desconfianza y el temor hacen mella en los inversores, que solo piensan en deshacer posiciones riesgosas y moverse a productos y entornos lo más estables posible.

Así, los precios de la deuda pública española e italiana, economías con los deberes aún por hacer o mal hechos, cayeron de forma significativa con el anuncio, producto de la percepción de los mercados de un incremento de riesgo-país en los dos Estados mediterráneos, que situó las primas de riesgo de sus bonos a 10 años en los 375 y los 450 puntos básicos, respectivamente.

Tampoco la renta variable escapó al efecto de los temores del inversor institucional: el Ibex 35 cerró su sesión del 1 de noviembre con una caída del 4,19%, algo inferior a la que sufrieron el Dax alemán (-5%), el Cac francés (-5,38%) o el Mibtel italiano (-6,8%). Solo el FTSE británico, fuera del euro, perdió menos (-2,5%), mientras que el riesgo sistémico de Europa se percibía también en los índices estadounidenses Dow Jones y Nasdaq, que perdían un 2,3% y un 3%, respectivamente.

Pero, transcurridos unos días desde el anuncio sorpresa de Papandreu (aunque parezca increíble, su ministro de Finanzas, Evangelos Venizelos, afirmaba no conocerlo con anterioridad), ¿qué escenarios se plantean? Pues aquí, lo más sensato nos parece echar mano del principio socrático y de una cierta dosis de humildad, y reconocer nuestras limitaciones a hacer predicciones acertadas.

No obstante, sí podemos intuir que en el supuesto de llevarse a cabo finalmente el referéndum, la respuesta más probable es que se rechacen las medidas impuestas por Bruselas. En este escenario, el colapso financiero de Grecia sería la hipótesis más plausible. La Unión Europea ya ha amenazado con cerrarle el grifo de las ayudas (8.000 millones de euros), en cuyo caso la quiebra del Estado heleno parece inevitable. Con más de 28.000 millones de euros de deuda pública griega en manos de sus propias entidades financieras helenas, la bancarrota de muchas de estas entidades y, por consiguiente, la sequía del crédito parecen inevitables.

Algunas opiniones más duras (entre ellas la de la agencia de rating Fitch) hablan de la previsible salida de Grecia de la Unión Europea e incluso de un posible corralito a la argentina.

Desde luego, este escenario devastador para Grecia, no parece que pueda dejar indemne al resto de países europeos: recordemos el importante volumen de deuda griega en los balances de la banca alemana y, sobre todo, francesa (se calcula una exposición de 65.000 millones de euros de la banca de ambos países a 30 de junio de 2011).

No obstante, a pesar de todo, por el momento, se vive la calma tensa que precede a los importantes acontecimientos. Incluso, los mercados se han calmado, al menos temporalmente, al haber acogido de forma positiva la compra de deuda pública italiana y española por parte del Banco Central Europeo (BCE) y la bajada de un cuarto de punto de los tipos de referencia.

Ante tanto cambio y en tan corto espacio de tiempo, mantiene su vigencia e incluso gana fuerza el principio socrático solo sé que no sé nada….

Joan Carles Amaro. Profesor de Finanzas de Esade (URL)

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