El dique psicológico de los cinco millones de desempleados ha caído

La mayor anomalía de la economía

El dique psicológico que supone la cifra de los cinco millones de desempleados ha caído. Aunque en términos nominales la cifra de parados llegó en el tercer trimestre del año a los 4,978 millones que revela la Encuesta de Población Activa (EPA), en valores desestacionalizados (corregidos los efectos del calendario laboral) superó con demasiada holgura los cinco millones: 5,095, un nuevo techo para España, con una tasa de desempleo del 22%. En valores nominales el paro ha avanzado en 144.700, y en 403.000 en el año (un 8,82%).

Aunque pueda parecer una interpretación no habitual, hay que recordar que los valores desestacionalizados marcan con mayor fidelidad la marcha de las variables, en este caso elaboradas por los servicios de Estudios del propio Ministerio de Economía. Además de admitir que el desempleo roza ya los 5,1 millones de personas, alerta de una destrucción de empleo en el tercer trimestre, aparentemente bueno para una economía de servicios como la española y de servicios turísticos, donde es la primera potencia europea, de 237.000 personas.

En todo caso, las cifras de la Encuesta de Población Activa, junco con las primeras pistas del último trimestre del año, permiten construir un delicado presagio para fin de año, con una cifra de desempleo muy superior, muy superior a los 5,1 millones de desempleados. La clave, además de la destrucción de empleo que no ha concluido a juzgar por el comportamiento de los planes de ajuste de las grandes empresas y de los datos del consumo minorista en España, está en el comportamiento verdadero de la población activa.

En el tercer trimestre ha descendido ligerísimamente (2,100 personas menos dispuestas a trabajar de más de 16 años), aunque en valores desestacionalizados o filtrados ha aumentado en el tercer trimestre en 50.500 personas. Esta evolución hace pensar que la evolución tendencial de los activos sigue marcando avances, aunque en términos nominales se haya producido un estancamiento o embalsamiento por una salida del país puntual de un colectivo numeroso de inmigrantes. En el último año han descendido en 107.000 el número de extranjeros con más de 16 años residente en España, mientras que ha aumentado en 109.000 el número de nacionales.

Los últimos datos de población apuntaban en tal dirección, y la EPA recoge un avance de solo 6.000 personas en el colectivo de mayores de 16 años. Si hay tal embalsamiento de activos, aflorarán en los próximos trimestres, lo que podría traducirse en unas cifras de desempleo bastante alejadas de los cinco millones, pero por encima.

El tercer trimestre ha destruido empleo en todos los sectores, con la excepción de la industria, con un comportamiento renovadamente destructivo en la construcción, y el número de ocupados ha caído hasta 18,156 millones, un 2,1% menos que hace un año, y una pérdida trimestral de 146.800 personas. Ha destruido empleo fijo sobre todo, con un repunte de la tasa de temporalidad hasta el 26,03% de los asalariados, se ha concentrado especialmente entre los hombres. Llama la atención que la tasa de paro del cabeza de familia se acerca peligrosamente al 18%.

Pero llama más la atención que toda la destrucción de puestos de trabajo se concentra en el sector privado de la economía, que en los últimos doce meses se ha llevado por delante nada menos que 322.000 empleos, mientras que el sector público ha creado 44.700 empleos, sobre todo en las administraciones públicas, con un estancamiento en las empresas de titularidad pública. En el trimestre hay un ligero incremento del empleo público, y se concentra en empresas públicas.

Los cinco millones de parados es la punta de un iceberg del mal funcionamiento de la economía española, es el síntoma de su principal anomalía, la que le diferencia del resto de los países de la zona euro. Ni uno sólo de sus socios, ni siquiera Grecia, tiene tasas de paro por encima del 20%, y ni siquiera ninguna, con masas sociales muy superiores, como Alemania o Reino Unido, tienen cinco millones de parados.

Esta es la anomalía que la propia Unión Europea solicitado a España que corrija, y que lo haga de forma decidida para que el crecimiento económico saque a España del tornado en el que se encuentra la deuda soberana de los países del sur de Europa.

Explícitamente Europa pide lo que la doctrina reclama hace años al Gobierno y los agentes económicos: una reforma laboral integral. Una reforma que contribuya a generar los efectos de una devaluación, sin hacerla, puesto que la ausencia de moneda no lo permite. Una reforma laboral que flexibilice los costes, activos y pasivos, del mercado de trabajo, y que los expertos identifican como el principal obstáculo que paraliza las decisiones de contratación de los empresarios, sobre todo en las pequeñas compañías.

Además, el empleo y su tendencia siempre se han convertido en el principal faro de las expectativas particulares, de los hogares: cuando se destruye atenaza las decisiones de gasto y multiplica el efecto contractivo den la actividad, y cuando sube genera euforia y desata el consumo y la inversión con la gran masa de ahorro generado durante la crisis.