EDITORIAL

Viaje alicorto de la banca española

Cuando surgen nuevos negocios, los que pretenden sacarles partido están muy atentos. Pero no es lo que ocurrió hace dos décadas, cuando decenas de miles de inmigrantes, sobre todo sudamericanos, empezaron a llegar a España en busca de nuevos trabajos. Las entidades bancarias, a pesar de la evidencia que manifestaban las calles y los comercios, fueron entonces reticentes a las expectativas que se presentaban. Sin embargo, nuevos clientes y nuevas oportunidades se abrían, en un momento en el que España había cambiado la dirección de los movimientos demográficos de su historia y estaba más receptiva que nunca a la llegada de mano de obra extranjera, que requería apoyo social y, sobre todo, financiero. Los bancos y las cajas tardaron en reaccionar, pero finalmente casi todos pusieron en marcha planes de negocio en forma de filiales dispuestas a atender la demanda de los nuevos clientes.

Mas la crisis ha marcado una recta final a tan interesante proyecto. Uno de los últimos en dar carpetazo a esa banca para inmigrantes va a ser Popular, que cierra ahora Mundocredit, y otros venden sus intereses en el sector a bancos latinoamericanos como el Pichincha. Llegaron tarde y se van sin éxito. Un viaje alicorto para un sector del que se espera mucho más.