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Tribuna

En la muerte de Íñigo de Oriol

El viernes pasado nos sorprendió la triste noticia de la muerte de mi amigo Íñigo de Oriol, y fue curioso cómo en cuestión de segundos me vinieron a la cabeza una enorme cantidad de recuerdos tanto del extraordinario amigo como del gran empresario que siempre ha sido.

Mi relación con él empezó en su etapa de consejero de Siemens, donde fue uno de los mejores con los que ha contado la compañía; puedo decirlo abiertamente porque yo era entonces el presidente.

Desde ese momento nos hicimos buenos amigos, y siempre he admirado su inteligencia, su visión de las cosas y su capacidad de trabajo, pero lo que siempre he valorado más en Íñigo es que, ante todo, era un señor.

El nombre de Íñigo de Oriol está unido al de una de las familias con más larga tradición empresarial de nuestro país, y tanto su trayectoria empresarial como su contribución a la sociedad española son admiradas y conocidas por todos.

Pero como presidente de Unesa que fue en varios periodos de su vida y trayectoria empresarial no puedo dejar de hacer referencia a su contribución en el ámbito eléctrico de nuestro país, porque sin duda alguna ha sido una de las personas que ha hecho historia en el sector eléctrico español.

Como empresario, su gran visión de futuro le hizo darse cuenta de la necesidad de crear una empresa grande y sólida con capacidad de abrirse al exterior. Mientras el Gobierno español se preparaba para la efectiva integración de España en la Unión Europea en la década de los años ochenta y comenzaba el proceso de liberalización del sector eléctrico fomentado desde Bruselas, Íñigo de Oriol negociaba la fusión de Hidroeléctrica Española con Iberduero. La fusión de ambas empresas, que fue realizada en el año 1991, constituyó la actual Iberdrola.

En 2002, esa misma visión de futuro le hace, antes de retirarse definitivamente, poner al frente de Iberdrola a Ignacio Sánchez Galán, uno de los primeros ejecutivos del país. Siempre apoyó su gestión, convencido de que convertiría a la compañía Iberdrola en lo que es hoy: la quinta compañía eléctrica del mundo.

En el ámbito sectorial Íñigo de Oriol ha sido presidente de Unesa en tres ocasiones. Al frente de la patronal jugó un papel clave en el proceso de liberalización del mercado eléctrico, donde puso de manifiesto una gran valentía y tenacidad en la defensa de los planteamientos del sector. Fue además uno de los más decididos impulsores de la reordenación del sistema eléctrico español.

En su primera etapa negoció intensamente con los gestores de la Administración pública para el establecimiento del Marco Legal Estable. Más adelante, también bajo su presidencia, se estableció con el Gobierno español el tercer Protocolo Eléctrico, que sentaría las bases de la Ley del Sector Eléctrico 54/1997. En esta ley se basó el marco de liberalización del sector donde, como he dicho antes, la actuación de Íñigo de Oriol como representante máximo del sector fue decisiva para la culminación de este proceso.

Desde que llegué a la presidencia de Unesa siempre he afirmado que es para mí un honor representar a un sector que, en un momento como el actual, es uno de los motores de la economía española. A partir de ahora, con la desaparición de mi gran amigo, el ser presidente de esta asociación que él ha liderado en tres ocasiones adquiere para mí un significado especial, tanto desde el punto de vista profesional como desde el personal.

El viernes pude sentir la tristeza con la que se recibía en Unesa la noticia del fallecimiento de Íñigo de Oriol. Quiero aprovechar este espacio para transmitirle nuestras condolencias a su familia tanto en mi nombre como en el de todos los que trabajamos en la asociación de las empresas eléctricas, así como el cariño de todos nosotros hacia la figura del que ha sido tres veces presidente de Unesa.

Al terminar de escribir estas breves notas en recuerdo de mi amigo, me quedo en la memoria con la última imagen que tengo de Íñigo, una imagen para mí entrañable y familiar cuando me despedí de él este verano en la puerta de casa cuando se marchaba de la boda de mi hija Marta.

Descanse en paz.

Eduardo Montes. Presidente de Unesa

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