Inicia la comercialización en Sanchinarro y Montecarmelo

Orange impulsa su oferta de fibra con el asalto a los nuevos barrios

Los pocos afortunados que disfrutan en su casa de una conexión de fibra óptica tienen todas las papeletas para ser clientes de Telefónica. Pero Orange ha irrumpido en este negocio con un despliegue que ahora ataca los nuevos barrios de Madrid.

Una cliente sale de una tienda de Orange
Una cliente sale de una tienda de Orange

Neelie Kroes, la polémica vicepresidenta de la Comisión Europea y responsable de los temas tecnológicos, no ha tenido más remedio que reconocerlo: la apuesta de las operadoras europeas por la fibra óptica está muy lejos de lo deseable a estas alturas del partido.

Y si esa afirmación sirve para países como Dinamarca, Suecia o la República Checa, donde el porcentaje de líneas de fibra sobre el total de banda ancha supera con creces los dos dígitos, o incluso para el 2% de Italia, qué no decir de España, donde según los últimos datos de la OCDE la cifra se queda en un más que tímido 0,49%.

Es verdad que estos datos son de finales de 2010. Los más actuales de la Comisión del Mercado de las Telecomunicaciones (CMT) son algo mejores y llevan la penetración de la fibra sobre la banda ancha nacional al 1,1% en agosto. Aun así, la tecnología de última generación sigue siendo prácticamente testimonial en España y lo es, entre otros motivos, porque solo Telefónica ha apostado por ella en el pasado más reciente.

Pero esta situación está empezando a cambiar. Jazztel, Vodafone y Ono siguen sin expresar intención alguna de llegar con fibra óptica hasta el hogar; Orange, en cambio, tiene un discurso diferente. La operadora decidió a finales del año pasado desmarcarse de sus rivales y apostar por un despliegue selectivo. Ahora acaba de dar un paso más. Esta misma semana ha comenzado a comercializar fibra en el barrio madrileño de Sanchinarro y en breve hará lo mismo en Montecarmelo, según aseguran fuentes de Orange.

Su objetivo es llegar a unos 10.000 hogares en los próximos meses y supone toda una declaración de intenciones. Hasta el momento, Orange había realizado tres tipos de despliegue limitado de fibra: en colaboración con instituciones públicas, como la red Asturcón en Asturias, o el Ayuntamiento de Viladecans en Cataluña; apelando a la red de operadores de infraestructuras como Ufinet, y desplegando red propia, como hizo en el barrio madrileño de Retiro.

Ahora, la apuesta por los nuevos barrios supone una iniciativa de despliegue propio sin ayuda de ninguna institución pública. La elección se ha determinado por el perfil de la población de estas zonas, la facilidad de llevar fibra al interior de viviendas nuevas y con infraestructuras comunes adaptadas, y la menor complejidad de obtener los permisos necesarios para ello.

Y es que Orange tuvo una mala experiencia en la zona de Retiro, donde los obstáculos de algunas comunidades de vecinos convirtieron en un infierno la consecución de permisos. Ahora, la situación no puede ser más distinta, según añaden fuentes de la compañía, lo que puede inclinar la balanza a seguir creciendo en fibra en zonas parecidas.

Pese a que esta iniciativa no está basada en la colaboración con las instituciones públicas, Orange ha mantenido los precios de sus otras iniciativas en fibra. Y eso significa que por 45,95 euros al mes (30,95 euros de la conexión a internet y 15 euros de la cuota de la línea, a los que habría que sumar el IVA correspondiente) los usuarios de Sanchinarro y Montecarmelo podrán acceder a una conexión de 100 megas simétricos con tarifa plana de llamadas de telefonía fija y televisión.

Como comparación, la tarifa de Telefónica para su fibra de 50 megas con televisión asciende a 75,77 euros al mes sin promoción.

La pregunta que queda en el aire es si este despliegue selectivo de Orange acabará siendo algo más. Y eso dependerá de la regulación, explican fuentes de la compañía, porque en estos desarrollos limitados se están viendo los problemas del proceso. Uno de ellos es la complejidad de la tramitación de permisos en algunas zonas; otro, las dificultades prácticas de negociar con Telefónica la compartición de sus conductos.

Mientras llega el despliegue masivo que ni Telefónica ni Orange ven inminente, Jazztel, Vodafone y Ono siguen deshojando la margarita. Las dos primeras mantienen su apuesta por el ADSL, con desarrollos que den más velocidad, como el VDSL en el caso de Jazztel. Lo mismo está haciendo Ono con la implementación del Docsis 3.0 a su cable coaxial. Todas ellas cuentan con redes de fibra que conectan sus centrales o sus nodos, pero a partir de ahí lo que llega hasta los hogares es el par de cobre o el cable coaxial. La parte complicada es llegar con fibra hasta las viviendas y ahí es donde parece que empieza a jugarse la partida.

Sobre la mesa está la propuesta de hacer un frente unido de operadoras alternativas y desarrollar las redes de fibra de forma conjunta, como se ha hecho en otros países. Por ahora, sin embargo, solo son deseos sin plasmación real.