La zona euro, en jaque

El FMI se une al clamor general para que el BCE rebaje los tipos de interés

La institución se desdice y niega que vaya a comprar deuda pública

La petición para que el BCE siga los pasos de la Reserva Federal de EE UU, abandone su política monetaria restrictiva y baje tipos se ha convertido en un auténtico clamor. El último en subirse a este carro fue el Fondo Monetario Internacional (FMI), que ayer reclamó a los banqueros europeos que den aire a la economía para evitar una nueva recesión.

Durante la presentación del informe Perspectivas económicas regionales, el director del FMI para Europa, Antonio Borges, recomendó al BCE que relaje su política monetaria "mientras persistan los riesgos para el crecimiento y la estabilidad financiera y se mantengan bien ancladas las expectativas inflacionarias". En este sentido, el presidente del BCE, Jean-Claude Trichet, señaló ayer que el IPC de la zona euro se mantendrá en 2012 por debajo del 2%, lo que abre la puerta a una hipotética rebaja de tipos.

Trichet -que presidirá hoy el último consejo de gobierno del BCE antes de pasarle el testigo al italiano Mario Draghi- probablemente optará por mantener los tipos en su nivel actual del 1,5%. Sin embargo, tampoco resulta descabellado que decida abaratar el precio oficial del dinero en un momento en que entidades como Goldman Sachs, JP Morgan o Standard & Poor's auguran que Europa podría enfrentarse a una nueva recesión. En cualquier caso, todo apunta que antes de acabar el año se aprobará un rebaja de tipos. Si la decisión dependiera del llamado consejo en la sombra, un grupo de expertos que reúne el periódico financiero alemán Handelsblatt, el BCE ya hubiera bajado drásticamente los tipos. La mayoría de este club formado por 15 economistas apuesta por situar los tipos de interés al 0,25%.

El control del IPC ofrece a Trichet hoy margen para abaratar la financiación

Tanto el FMI como el consejo en la sombra instan al BCE a mantener su política de compra de deuda, sobre todo, de España e Italia. Ambos países son los que más están sufriendo la desconfianza de los mercados. Borges sugirió ayer la posibilidad de que el FMI participe en la compra de deuda. Sin embargo, más tarde matizó su propuesta. "El Fondo solo puede prestar sus recursos a los países y no puede utilizarlos para intervenir en los mercados de bonos directamente", aclaró.

En cualquier caso, la institución dirigida por Christine Lagarde señala que la situación de España e Italia no puede compararse a la de Portugal o Irlanda y mucho menos a Grecia. Borges, por su parte, sostiene que ambas economías "son solventes" y defendió que la mayor parte de sus problemas se explica por el pánico desatado en los mercados. El consejo en la sombra, a su vez, defiende que el incremento del coste de la deuda en España e Italia "es injustificado y peligroso". Una rebaja de tipos resultaría especialmente beneficiosa para España, que no ha logrado en la primera mitad de este año asentar un ritmo de crecimiento estable. Además de abaratar el crédito a las empresas en un momento en que España adolece de falta de iniciativa privada, una política monetaria expansiva también impulsaría economías como la alemana y la francesa, claves para la exportación española.

Por otra parte, los expertos también reclaman que el BCE incremente la liquidez al sistema bancario de la zona euro. Los analistas coinciden en que Trichet anunciará la reintroducción de una operación de refinanciación a un año de vencimiento.

Escalada de tensión en Grecia ante los ajustes

Atenas, la capital política y económica de Grecia, volvió ayer a paralizarse por enésima vez por una huelga de 24 horas de los trabajadores del sector público que protestan por los planes de austeridad que el Gobierno griego, a petición de Bruselas y el FMI, está aplicando.

En el aeropuerto de Atenas se cancelaron más de 400 vuelos y se paralizaron los servicios ferroviarios. Las oficinas de Hacienda y numerosos colegios permanecieron cerrados. La jornada se saldó con al menos cuatro heridos y una docena de detenidos por enfrentamientos entre manifestantes y policías. Miles de funcionarios, pensionistas y estudiantes se congregaron frente al Parlamento con pancartas en las que pedían que la crisis la pagaran los ricos. En ese momento, los diputados debatían la posibilidad de celebrar un referéndum en respuesta a la crisis fiscal del país.

La tensión aumentó cuando un grupo de jóvenes trató de entrar en el Ministerio de Economía y rompió los cristales de la puerta de entrada. Los sindicatos ya han convocado para el próximo 19 de octubre una huelga general.