Muy confidencial

Retrasos aéreos y mentiras encadenadas

La epidemia de demoras en los aeropuertos y en los vuelos es consecuencia de la suma de dos realidades que se alimentan. Por un lado, la inestabilidad de los recursos en el control aéreo y la mezcla de depresión y cabreo con la que trabaja el colectivo de controladores. Por otro, el voluntarismo interesado de las aerolíneas al programar los vuelos, que no se corresponden con la disponibilidad de su flota ni tampoco con el espíritu de colaboración de sus tripulaciones.

En este precario estado, la falta de viabilidad en las programaciones y las autorizaciones de control a cámara lenta, se traducen, cada día más temprano, en el festival de demoras que conocemos.

El sufrido viajero, que aguanta estoicamente la situación, sufre como castigo adicional, las explicaciones contradictorias que, a discreción, quieran darle sobre los retrasas, cualquiera de las partes que los provocan.

Viajé la semana pasada desde Madrid a Palma con Air Europa, ida bien de mañana y regreso en el temido vuelo de última hora. En Barajas el destrozo fue limpio y expeditivo: hora y media de retraso sin ninguna explicación ya que "en este aeropuerto no se emiten mensajes por megafonía".

De regreso, en Son Sant Joan, a los primeros síntomas de demora me acerque al mostrador y se justificaron diciendo que la tripulación del vuelo acababa de llegar. Ya en ruta, el comandante se disculpó por la demora, pero alegó que "ha habido un cambio de avión por avería" y prometió volar más rápido para recuperar el tiempo perdido.

Iniciado el descenso el piloto tomó de nuevo el micrófono para explicar que desde el control le pedían que sobrevolara en círculos a 80 kilómetros de Barajas "por congestión del tráfico". Conclusión, otra hora de retraso en el regreso.