Tim Harford, escritor y consejero editorial de 'Financial Times'

"El paro en España requiere soluciones no convencionales"

Tim Harford, londinense de 38 años, se dio a conocer internacionalmente hace cinco con El economista camuflado, un libro que intercambiaba vivencias cotidianas con teorías económicas que permitían reinterpretarlas.

Columnista y miembro del consejo editorial del Financial Times, presenta ahora en España su nuevo libro, Adáptate: un texto documentado y optimista sobre las virtudes de la innovación, la utilidad de las alternativas heterodoxas en la empresa y la necesidad de que los emprendedores asuman los fracasos como peldaños en el camino hacia el éxito.

Como autor de varios libros divulgativos sobre la economía, ¿cree que se está explicando bien la crisis a la población sin formación financiera?

Hay grandes periodistas que se explican muy bien, pero me preocupa la forma en que se transmiten muchas noticias, sin un contexto. La necesidad de inmediatez de las noticias, a la que contribuyen los nuevos medios, puede dar lugar a percepciones equivocadas. Pondré un par de ejemplos de mi país. La gente tiende a culpar a los bancos de la crisis, y hay una ola de indignación ante la posibilidad de que entidades que han recibido dinero público puedan cerrar el ejercicio con un pequeño beneficio. Sin embargo, no se ha explicado que los bancos británicos no han causado la crisis, sino que la han sufrido. Otro ejemplo es cómo se habla de déficit para justificar los recortes; pero el contexto de la situación británica no tiene nada que ver con países con problemas, y ni de lejos con Grecia en particular.

Hay miles de estadísticas que distraen, la realidad en sí misma es confusa. Pero lo cierto es que cuando se hace un esfuerzo por una explicación sencilla, no es tan complicado de entender. Y el ciudadano medio es más inteligente de lo que generalmente se cree.

Terminó de escribir Adáptate hace un año... ¿Mantiene hoy la vigencia de su mensaje optimista?

Sé que las cosas no son tan fáciles como las pinto en muchos países, en particular para los jóvenes. Cuando leo que esta crisis va a afectar durante diez años... Bueno, es una simplificación terrrible. Esta situación va a afectar a toda una generación de estudiantes que terminarán sus carreras y no accederán fácilmente al mercado de trabajo, que estarán lastrados para siempre por ese arranque. Pero sigo pensando que cada individuo puede marcar la diferencia en su situación personal. Un profesor del London School of Economics, Johannes Spinnewijn, hizo una serie de entrevistas con gente que había perdido su trabajo. La gran mayoría eran optimistas sobre la posibilidad de encontrar otro pronto. Pero, de hecho, el porcentaje que en efecto lo consiguieron fue inmensamente superior entre quienes se movieron, entre quienes actuaron. El mundo de hoy es muy poco amable, pero podemos mejorar nuestras oportunidades con la actitud correcta.

En España, por la precariedad laboral, el funcionariado es la opción preferida para la mayoría de los estudiantes.

En eso se parece a Gran Bretaña. Sin embargo, hay que ser conscientes de que la situación ha cambiado en los últimos dos o tres años. El colapso de Grecia y la forma en que ha afectado a los trabajadores públicos es un inmejorable ejemplo de que la estabilidad laboral es hoy por hoy una ilusión.

Aquí se suman también las dificultades para conseguir financiación, y una cultura en la que el fracaso empresarial no está tan bien visto como en los países anglosajones.

La aversión al riesgo no es un fenómeno español, creo que es algo común a todos los seres humanos... La búsqueda de la seguridad es una necesidad muy arraigada. Sin embargo, la historia, y las historias que cuento en este libro, muestran cómo buena parte de los avances en todos los órdenes en los últimos años han partido de tomas de decisiones arraigadas, o al menos no convencionales. Es algo que también deberían entender los bancos. Por otra parte, la figura de la bancarrota es una buena protección para los emprendedores, la posibilidad de un borrón y cuenta nueva para arrancar de nuevo. Por cierto, a Grecia a estas alturas ya le iría fenomenal...

Otro aspecto que contrasta entre su libro y la experiencia cotidiana en las empresas españolas es el de la celebración de la originalidad dentro de las organizaciones jerarquizadas. Aquí la precariedad laboral presiona para no resultar heterodoxo, y los cambios de rumbo promovidos por subordinados pueden interpretarse como debilidad.

Es necesario un enfoque distinto. Si hace una propuesta un empleado más joven, y con mayor proximidad con el consumidor medio, creo que los mandos demostrarán flexibilidad e inteligencia si le escuchan, no debilidad. La capacidad de adaptarse no es un síntoma de flaqueza, bien al contrario, y los mejores ejemplos de gente que ha triunfado adaptándose son individuos por lo demás muy sólidos. En este libro cuento la historia del H.R. McMaster, el coronel del ejército estadounidense que comenzó a experimentar en Iraq, en la ciudad en que tenía el mando, con las técnicas que finalmente fueron empleadas por el general Petraeus para resolver todo el conflicto. McMaster, en persona, no es un tipo menos duro que Donald Rumsfeld, ni mucho menos; pero él estaba a pie de obra y supo darse cuenta de que las ideas preconcebidas sobre la lucha contra la insurgencia que Rumsfeld se empeñaba en mantener porque le parecían más firmes... eran ineficaces. Este mismo esquema puede trasladarse a otros ámbitos.

¿Cómo encaja en su visión que sean en cambio países a priori poco celebrados por su creatividad, como los BRICs, los que se adivinen en el horizonte como dominadores de la economía mundial?

Son cuatro casos diferentes. Por un lado, Brasil y Rusia se apoyan fuertemente en su condición de proveedores de materias primas. Algo que puede dar lugar a economías sólidas, como Noruega, o fallidas, como Iraq... El caso de India y China es distinto. Son economías muy centralizadas, pero en las que la innovación se apoya más de lo que parece. En India, la industria del software está creciendo de una manera verdaderamente significativa. En cuanto a China, Deng Xiaoping siempre tuvo una actitud abierta hacia los experimentos, incluso cito una frase suya en el libro... Tampoco vamos a esperar que se conviertan en Silicon Valley con cambios radicales de un día para otro, pero el camino que llevan es bueno.

De todas las historias de adaptación e innovación que cuenta en Adáptate, ¿cuál es la que le impresionó más descubrir?

Sin duda, la de Archie Cochrane, un epidemiólogo escocés que luchó en la guerra civil española y luego fue capturado por los nazis en la Segunda Guerra Mundial. En el campo de prisioneros de Salónica, se dedicó a hacer pruebas entre los enfermos de edema de picaduras, un mal terrible, con los únicos materiales a su alcance: unas pastillas de vitamina C y una pasta de cerveza. Los enfermos tratados con este último producto mejoraron algo, y él presentó un informe a los médicos del campo que fue finalmente atendido. Llevó a cabo todo tipo de pruebas similares... Si es posible experimentar para buscar soluciones en un campo de prisioneros nazis, ¿cómo no va a serlo en las sociedades libres?

¿Cuál es su percepción sobre la evolución de los acontecimientos en los próximos meses?

En el libro ya comento que existen estudios sobre expertos haciendo profecías que estadísticamente no dan mejores resultados que un grupo de monos pulsando teclas... Personalmente, sólo tengo claro que Grecia caerá, y que no será tan grave, como no lo fue por ejemplo una situación similar en Argentina, que es un país que lo está haciendo bastante bien. Hay que mantener un sistema bancario fuerte, en la medida de lo posible. Países como Portugal o Irlanda han sido puestos más en peligro por ese empeño de salvar a la insalvable Grecia que porque sus problemas sean verdaderamente de un alcance similar. Aunque todo esto depende en gran medida de lo que decida Alemania, es el verdadero eje de la actual situación.

¿Cree que nos aproximamos a una nueva recesión más grave, como comentan autores como Nouriel Roubini?

Existe un fuerte incentivo para que los expertos hagan declaraciones lo más altisonantes posibles, anunciando hechos cuanto mayores, mejor. Así consiguen salir más en televisión, vender más libros... Es una pena que todos seamos perezosos a la hora de hacer un seguimiento de cuántas veces aciertan verdaderamente. Y con esto no critico a nadie en particular, es una reflexión global.

¿Y España?

Una de las enseñanzas que quisiera transmitir con mi libro es que cada uno debe encontrar sus propias soluciones, así que no estaría bien que un economista inglés dé lecciones a España... Dicho esto, es obvio que la situación del desempleo es increíble. Mi único consejo para los políticos, que deben afrontarlo como prioridad, es que experimenten: que prueben con formación, con reconstrucciones, paquetes de estímulo o lo que sea. Pero que no sean tímidos a la hora de intentar soluciones no convencionales.