Lo que se esconde trás de los 300.000 millones del FMI

El riesgo de contagio, en cuatro fases

El Informe de Estabilidad Financiera Mundial publicado hoy por el FMI contiene una cifra que llama a la preocupación, si es que hubiese mucho margen para elevar la desconfianza respecto al devenir de la zona euro.

Que la madre del cordero ha pasado ya de la deuda soberana al sistema bancario empieza a ser un secreto a voces, y el FMI se ha atrevido a calcular el riesgo asumido por los bancos europeos. Los ya famosos 300.000 millones de euros no se refieren a necesidades de capital de la banca europea, ya que el propio Fondo reconoce que para ese cálculo necesitaría realizar tests de estrés a gran escala, más completos que los que presentó al comienzo del verano la Autoridad Bancaria Europea (EBA, por sus siglas en inglés). El Fondo Monetario Internacional habla, más bien, de contagios sucesivos, en cuatro fases diferenciadas.

La primera fase se ciñe al país que originó de la crisis de la deuda soberana hace ya un año y medio: Grecia. Según el Fondo, los bancos europeos tienen entre sus activos cerca de 60.000 millones en deuda griega, un país que se encuentra más cerca que lejos de la bancarrota. Si se materializarse esta, los bancos tendrían que descontarse esa cantidad de su balance.

La segunda fase incluye la primera interconexión: la de los riesgos soberanos entre países rescatados. Los otros dos miembros del grupo, Irlanda y Portugal, sumarían al desbalance bancario otros 20.000 millones de euros, vía aumento del riesgo de impago.

La tercera aborda el gran salto operado por la crisis de endeudamiento este verano: el que fue de los países pequeños a dos de las cuatro mayores economías de la zona euro. La incorporación de los riesgos soberanos de Italia y España en el análisis lleva al FMI a sumar un contagio de 200.000 millones de euros.

Pero ni siquiera ahí se agota el riesgo, porque, según recuerda el Fondo, los precios de los activos de los bancos europeos han caído a medida que aumentaban las tensiones soberanas, lo que supone un nuevo tipo de contagio: entre unos bancos privados y otros, porque los tenedores de deuda ven elevarse el riesgo de impago a medida que los emisores pierden valor contable. Un bucle casi perfecto que, a juicio de la entidad dirigida por Christine Lagarde, vale ya 300.000 millones de euros. Un buen motivo para que la política ponga, de una vez, manos a la obra.