A fondo

La espiral de una nueva crisis arrastra a Europa

Nadie diría, a juzgar por el tono de las declaraciones de este pasado fin de semana, que Europa vuelve a encontrarse al borde del abismo. Pero la reunión informal de ministros de Economía y Finanzas de la UE (Ecofin) celebrada viernes y sábado en Breslavia (Polonia) dejó claro que el Viejo Continente se ha dejado atrapar de nuevo en la temible espiral de la crisis financiera. Y peor aún. Los ministros reconocieron a base de eufemismos su impotencia para romper el peligroso círculo vicioso entre deuda pública y privada que amenaza con provocar una nueva recesión.

Si en 2008 los Estados tuvieron que asumir buena parte de la deuda privada del sector bancario, en 2011 los bancos europeos atesoran miles de millones de euros en una deuda pública que en ciertos casos corre el riesgo de convertirse en papel mojado.

El Ecofin reconoció que esta situación deja muy vulnerables a unas entidades financieras que parecen no contar con capital suficiente para cubrir las posibles minusvalías en su cartera de bonos. Pero más allá de la coincidencia en el diagnóstico del problema, los ministros no logran ponerse de acuerdo ni sobre las dimensiones del potencial agujero ni sobre las medidas que se deberían adoptar para blindar al sector bancario europeo.

En la mayoría de los casos, además, disponen de muy poco margen presupuestario y político para salir al rescate por segunda vez en menos de tres años de una industria que sigue anunciando beneficios multimillonarios y salarios estratosféricos.

Pero esta vez la banca puede invocar, al menos, que gran parte del peligro se debe a la incapacidad de las autoridades políticas para zanjar el problema de la crisis de la deuda soberana, en particular, el foco de contagio procedente de Grecia.

En Breslavia se puso de manifiesto que la operación de rescate de la economía griega sigue expuesta a la posibilidad de un descarrilamiento político o económico. El Gobierno de George Papandreu cada vez tiene más y mayores dificultades para sacar adelante las medidas de ajuste necesarias para cumplir con la drástica reducción del déficit exigida por la troika (CE, BCE y FMI). Y la zona euro sigue sin tener la certeza de que la reforma del fondo de rescate (la llamada Facilidad Europea de Estabilidad Financiera) llegará a tiempo para evitar una suerte de cataclismo financiero en Atenas.

Incluso si el riesgo de quiebra inminente parece bastante mitigado hasta finales de año, las dudas sobre la segunda operación de rescate (en la que se espera la contribución del sector privado) no se despejarán mientras la FEEF no asuma sus nuevos poderes de intervención (para comprar deuda, inyectar capital en la banca u ofrecer líneas de crédito a los países en dificultades). La zona euro espera concluir esa reforma a mediados de octubre, pero los parlamentos de varios países (Alemania, Austria, Finlandia o Eslovaquia) tienen serias dudas sobre su aprobación.

Una parte de los ministros esperan que la cauterización de la herida griega podría contribuir a calmar a los mercados. "Debemos romper de alguna manera el bucle que hay entre la deuda soberana y la estabilidad de las instituciones financieras", recomendó la vicepresidenta del Gobierno español y ministra de Economía, Elena Salgado, al término de la reunión en Polonia.

Pero otros, como el sueco Anders Borg, consideran imprescindible la preparación de fondos de emergencia destinados a fortalecer la banca europea ante una posible debilidad. "Desde nuestro punto de vista, hay una clara necesidad de recapitalización en la banca", señaló tajantemente Borg. Salgado, reconoció que, en ciertos casos, podría ser necesario un fortalecimiento coyuntural, pero descartó que alguna entidad española vaya a tener más necesidades de capital.

El Ecofin también abordó la creación de un impuesto específico a las transacciones financieras, aunque el comisario europeo de Mercado Interior, Michael Barnier, reconoció que la propuesta genera todavía enormes divisiones. España, Francia y Alemania apoyan un plan que parece abrirse paso mucho más rápido que la solución de la crisis.