COLUMNA

Italia, aún en el umbral de la puerta

El Parlamento ha aprobado los 54.000 millones de euros del plan de austeridad, pero los mercados siguen cautelosos. Los rendimientos del bono italiano se situaron en torno al 5,6%, hasta más de 50 puntos básicos este mes. La compra de bonos por parte del BCE mantiene el control de los rendimientos. Pero es apenas un estímulo para los inversores. Podría necesitarse un enfoque más específico.

El problema es que, a falta de un esfuerzo serio de la eurozona, no hay soluciones rápidas para convencer a los inversores adversos al riesgo. Existe aún la preocupación de que Italia no encuentre la salida a una deuda equivalente al 120% del PIB. Y con su movimiento hacia la austeridad, la bancarrota moral del Gobierno de Silvio Berlusconi puede haber llegado al límite de lo posible para reformar la economía. Italia podría sumar algunos puntos extra para demostrar que habla en serio lanzando un plan de privatización a gran escala.

Pero los mercados no darán a Italia el beneficio de la duda, al menos por un tiempo. El BCE está comprando unos 14.000 millones de euros de bonos por semana. Esto ayuda a evitar una espiral peligrosa, pero no es muy eficiente. Si la situación persiste, el BCE y el Fondo Europeo para la Estabilidad Financiera (FEEF) necesitarían comprar unos 460.000 millones solo para mantener la situación el año próximo, manteniendo el mismo ritmo. Eso superaría con creces la actual potencia de fuego del FEEF de alrededor de 250.000 millones. Incluso entonces, el aumento de los rendimientos del bono italiano podría asustar a los mercados de bonos. Y la deuda italiana se considera insostenible si los rendimientos están por encima del 6% permanentemente.

Sería mejor extender a Italia una línea de crédito flexible para cubrir las amortizaciones de bonos por un año. Eso equivaldría a unos 200.000 millones, en los que el FMI podría participar. Los fondos disponibles por adelantado reducirían el riesgo de contagio y supondría un uso más eficiente del dinero de los prestamistas. Deberían mantenerse fuertes incentivos de reformas. Y como beneficios, no planeados añadidos, la humillación de ese minirrescate podría incluso acelerar el cambio de Gobierno.