COLUMNA

Bonos asiáticos con nuevo estilo

Puede que los mercados hayan recuperado su equilibrio, pero los ecos de señales negativas económicas y políticas han ensombrecido las perspectivas de la economía global. No puede ignorarse el riesgo de que se repita una crisis como la de agosto. Los bonos asiáticos fueron un refugio en el caos del mes pasado, mientras que los diferenciales de los CDS se dispararon a medida que menguaba el apetito por el riesgo. La compra de ambos podría ser una manera de capear el temporal.

La debilidad en la vivienda y el empleo están afectando a las exportaciones y la producción industrial de Asia. Y aunque el debate todavía sigue en si la economía de EE UU se acelera o estanca, decir que los políticos de Washington defraudarán es apostar sobre seguro. La última vez que eso ocurrió, en el debate sobre el techo de deuda, las Bolsas asiáticas y los mercados mundiales se desplomaron. Los bonos asiáticos, sin embargo, brillaron. El indicador de Merrill Lynch del bono indonesio se incrementó un 2,5% en agosto, mientras que su índice del bono filipino aumentó un 2%.

La popularidad de estos bonos refleja un cambio radical en la percepción de su riesgo respecto a los Gobiernos occidentales endeudados. Hasta hace poco, estos bonos eran considerados más arriesgados y caían cuando los inversores veían amenazas para la economía mundial. Esa vieja forma de pensar todavía vale para los CDS asiáticos. Esto supone una oportunidad para los inversores que temen que se repita otro agosto. Desde que los precios de bonos y CDS se mueven en dirección opuesta, ha cambiado la naturaleza de su comercio.

Pero la relación podría cambiar otra vez y atrapar a los inversores. Las divisas son un riesgo para esta estrategia. Salvo el yen, las monedas asiáticas cayeron en agosto. Esto implicó un menor rendimiento en los bonos para los inversores. Comprar opciones de venta podría ayudar a compensar el riesgo. También existe el riesgo de que Congreso y Fed aparezcan de repente con políticas que reactiven la economía mundial. Pero eso es un riesgo a la baja que la mayoría de los inversores estarían felices de tomar.

Por Wayne Arnold