Lunes de los Fondos

El coste de invertir

Las comisiones que se lleva la banca por cada inversión pueden desvirtuarla como asesora

Si cree que el asesoramiento que recibe por parte de su entidad financiera le sale gratis, cree mal. Si piensa que este asesoramiento es independiente, piénselo dos veces, porque probablemente estará equivocado. Resulta sorprendente cómo los españoles con un buen nivel de conocimiento, comparable con el de cualquier otro país desarrollado en algunos de los principales temas que afectan a sus vidas desde un punto de vista económico, muestran un preocupante desconocimiento en lo que respecta a la gestión, planificación y asesoramiento de sus ahorros.

Respecto a la primera falsa creencia, el asesoramiento patrimonial no es gratis. Por el contrario (y como deber ser) tiene un coste, pero el principal problema es que este coste es desconocido para una mayoría de ahorradores o inversores. Ese coste, contrariamente a los que algunos pueden pensar, es más elevado (no en términos absolutos sino relativos también) cuanto mayor es el patrimonio.

Vayamos por partes. El coste es desconocido en buena medida porque no es directo y transparente, sino que la entidad percibe una comisión o incentivo del proveedor del producto financiero (sea este interno o un tercero) ofrecido, sean estos fondos, acciones, bonos, cuentas de ahorro, depósitos varios, etc. Así, cuando a usted le ofrecen invertir en, digamos, acción X, fondo Y o depósito Z, normalmente no le van a decir que el coste que usted está soportando es de, digamos, un 1% anual del patrimonio invertido. Lo lógico, como en cualquier otro servicio, es que además de las características de rentabilidad, plazo o riesgo, el coste fuera uno de los elementos de información (y decisión) más importantes.

Esta falta de transparencia se puede entender porque los ahorradores subestimen estos costes. Por ejemplo, un 1% sobre 100.000 euros supone la nada despreciable cifra de 1.000 euros al año. Pero no pocos lectores se sorprenderán si les digo que en determinados niveles de patrimonio no es nada inusual estar pagando un 3% o 4% anual del patrimonio, incluso más. Nada mal, si consideramos que los tipos de interés de referencia en España y Europa están actualmente en poco más del 1%. Visto el calibre del coste entenderán ahora mi sorpresa ante el nivel de ignorancia observado.

Las sorpresas no se acaban aquí porque resulta que el coste (intrínseco y poco transparente) suele ser mayor contra mayor riesgo tiene el producto u oferta financiera. Un fondo inversión en renta variable, por ejemplo, suele llevar aparejada una comisión media del 2% anual, mientras que un fondo de deuda a corto plazo suele soportar una comisión media por debajo del 1%. La entidad financiera que le puede estar "asesorando" se lleva digamos un 50% o más de dicha comisión y esta es su principal fuente de ingresos. La deducción, si no la ha hecho ya el lector, es clara. Las entidades con este modelo de negocio tendrán un mayor incentivo para ofrecerle y recomendarle productos con mayor nivel de riesgo o que de alguna manera generen más comisiones. Defenderse de la acusación de ser comercializadores o colocadores de producto y no asesores se antoja difícil.

Una derivada de este modelo de negocio es que la tentación de comercializar en lugar de asesorar puede convertirse en algo más peligroso. Imagínense que los mercados financieros están disfrutando de un largo periodo de bonanza y las carteras de inversión de sus clientes muestran un importante peso de activos de riesgo. Bajo el modelo arriba expuesto la generación de comisiones e incentivos provenientes de las inversiones de sus clientes pueden estarles generando digamos 100 euros. Así, la entidad desarrolla y construye una estructura que puede financiarse mientras uno siga cobrando 100 o no mucho menos de esa cantidad. Sin embargo, si el ciclo de mercado empeora radicalmente, el análisis independiente de la situación aconseja mover las carteras de los clientes a opciones muy conservadoras (escasamente generadoras de comisiones e incentivos). Este movimiento puede reducir a la mitad o a una tercera parte los ingresos de la entidad, poniendo incluso en peligro su propia supervivencia. El cliente tendrá toda la razón para pensar que la buena voluntad de asesorar puede quedar totalmente desterrada por la necesidad perentoria de supervivencia.

¿Cómo se elimina el problema? Muy sencillo: cobrando una minuta directamente del cliente y que esta minuta sea la única remuneración del asesor. La independencia de esta manera se encuentra prácticamente garantizada. Además, la alineación de intereses entre cliente y asesor provoca que el asesor se preocupe de reducir la factura de las inversiones del cliente. El camino en España hacia este modelo se antoja largo difícil pero, afortunadamente, la regulación europea que se perfila y la propia regulación española nos deben inequívocamente conducir hacia un nuevo modelo más justo y eficiente.

Juan Manuel Vicente Casadevall, EAFI, Kessler & Casadevall Asesoramiento Financiero

Relación entre coste y rentabilidad

¿Existe una relación directa entre el coste (la comisión de gestión anual y otros gastos) de los fondos de inversión y sus rentabilidades netas para el inversor?

Para responder a esta pregunta se han hecho bastantes estudios y entre ellos alguno relativamente reciente de la consultora Lipper.

La conclusión generalizada es que para los fondos de renta fija existe una relación clara, y la probabilidad de elegir un fondo con mejor rentabilidad aumenta si la comisión es menor.

Esta relación es menos evidente en los fondos mixtos y solo en los fondos de Bolsa no se aprecia.