COLUMNA

Selic-actividad

Brasil parece haber renunciado a tratar de resolver sus problemas fiscales con políticas monetarias. El recorte del banco central del tipo de interés de referencia (Selic) al 12% no debería aumentar la inflación, ya que los precios al consumidor subieron solo un 7% y los tipos de interés globales están bajísimos. Pero el Gobierno está registrando grandes déficits durante un apogeo en los precios de las materias primas. Más que política monetaria, es una reserva de futuros problemas.

El Banco Central de Brasil ha estado tratando de reducir el sobrecalentamiento mediante subidas en los tipos, cinco en lo que va de año. Pero ahora ha dado marcha atrás afirmando que el deterioro de la economía mundial hace apropiado aflojar la política monetaria. Lo que ha gustado tanto a mercados y como empresas. La terquedad de la inflación frente a subidas en los tipos sugiere que el problema de Brasil no es fundamentalmente monetario. En parte refleja las condiciones globales; el largo auge en los precios de las materias primas ha reforzado mucho la balanza de pagos brasileña, con un excedente que se amplió de nuevo en agosto pero que también implicó inflación para los consumidores, cuyos medios de vida son más dependientes de las materias primas que en los más países ricos.

El desequilibrio primario en la economía de Brasil es fiscal. A pesar de su prolongada racha de crecimiento, el Gobierno continúa registrando un déficit sustancial tras el pago de intereses. Y en el presupuesto para 2012 anunciado esta semana está previsto un aumento del gasto de un 16%, mientras que la proyección de superávit primario se ha reducido a 114.000 millones de reales (2,5% del PIB) desde los 128.000 para 2011.

Está previsto un aumento del salario mínimo, al que están vinculados los sueldos de los funcionarios públicos, del 13,6%. El presupuesto también supone un crecimiento del 5% para 2012, lo que parece optimista comparado con el 3,9% de este año.

La política monetaria puede jugar un papel para atemperar el calor de la economía. Pero el banco central ya ha hecho lo que ha podido. Para resguardar a Brasil del recalentamiento, el Gobierno va a tener que emplear el bisturí en el gasto.