EDITORIAL

Nuevos aumentos de comisiones a la vista

El sistema financiero español se está preparando para afrontar otra complicada temporada. Si ya este año algunos de los grandes ejecutivos de las instituciones bancarias más representativas han advertido que están viviendo alguno de los trimestres más complicados de sus carreras profesionales, el horizonte que se les plantea en el corto plazo no está mucho más despejado. Los sobresaltos de los mercados siguen estando a la orden del día, a expensas de un nuevo rumor de la solvencia de Grecia, del contagio de la deuda soberana, de un mal dato de crecimiento de cualquiera de los motores de la economía europea, de una inflexión en la tímida recuperación estadounidense o de un síntoma de burbuja de las economías emergentes.

Pero las perturbaciones que ocupan y preocupan a las entidades financieras, sobre todo a las que operan prioritariamente en territorio nacional, no provienen únicamente de los vaivenes de los mercados, sino de las cada vez más nubladas expectativas de recuperación española, del nulo pulso de la demanda y del lento goteo de deterioro del mercado laboral. A todo ello parece arrimarse una nueva sombra. La recaída de las grandes economías europeas amenaza con recortes en el sector exportador, que hasta ahora se había convertido, junto al turismo, en el gran generador de esperanza sobre la salida de la crisis.

En cuanto al aspecto político, los augurios tampoco son los más alentadores para quienes tienen a su cargo la cuenta de resultados de bancos y cajas. El vuelco electoral producido en las últimas elecciones autonómicas y municipales ha tenido un efecto pernicioso: el parón que conlleva el relevo en la gestión de cualquier Administración, agravado por el hecho de que los nuevos administradores están ahora más ocupados en levantar alfombras, aclarar cuentas y poner en marcha drásticos ajustes que en activar las inversiones. Este impasse político tendrá su segunda fase el próximo 20-N, con unas elecciones generales para las que todos los partidos están empezando a afilar sus armas.

Ante este panorama, las entidades financieras, que se encuentran en plena digestión del atracón inmobiliario y de la urgente necesidad de que se desapalanquen las familias y las empresas, ya están preparando nuevas medidas dirigidas a mantener, en la medida de lo posible, su nivel de beneficios. Y las líneas emprendidas, teniendo en cuenta además que empieza a cobrar fuerza que el Banco Central Europeo (BCE) reconduzca su estrategia y vuelva a rebajar los tipos de interés, apuntan tanto hacia los ingresos como hacia los gastos. Por el lado de los ingresos, la subida de las comisiones, pese al incremento que ya han sufrido desde el inicio de la crisis, será una inevitable constante en los próximos meses. Por la parte de los gastos, se producirán nuevas vueltas de tuerca tanto en la reducción del número de oficinas como en el volumen de las plantillas. No obstante, lo que está en cuestión es el coste de las medidas de ajuste. De acuerdo con los últimos datos publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE), el finiquito medio para un empleado de banca asciende en estos momentos a 96.922 euros, cuatro veces más que el percibido en 2008 y ocho veces más que la indemnización media del conjunto de las actividades.

Cierto es que estos datos están motivados por el fortísimo ajuste que se ha producido en el mundo de las cajas de ahorros, pero no lo es menos que este, aunque se está acelerando, todavía falta por rematar. De hecho, su punto final vendrá de la mano del proceso de reestructuración del sector, que tiene en el mes de septiembre su momento culminante si se cumple a rajatabla, como parece, el calendario fijado por el gobernador del Banco de España, Miguel Ángel Fernández Ordóñez, y su equipo. La recapitalización de las entidades que aún quedan por completar el proceso y, sobre todo, la culminación de la venta de la CAM son las dos grandes piedras de toque para una reestructuración vital para el futuro de la economía española. Este proceso de saneamiento, del que cada vez más expertos esperan una segunda fase, es absolutamente imprescindible para que empiecen a desatascarse las cañerías del crédito y para que de esa manare comience a fluir la actividad económica.