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Editorial

La inflación nunca es de fiar

La moderación de la inflación ha continuado en agosto por cuarto mes consecutivo, pero lo hace con una lentitud verdaderamente exasperante para una economía con el consumo anémico. Según el indicador adelantado del INE, el IPC bajó dos décimas en agosto, una buena noticia. No lo es tanto que siga en el 2,9% (2,7% el IPCA armonizado, tres décimas menos que en julio). Cierto que la tasa anual retrocede por cuarto mes tras alcanzar el pasado abril un preocupante 3,8%, su nivel más elevado en casi tres años, desde septiembre de 2008. Y también que por primera vez en tres trimestres la inflación anual consiga bajar del 3%. Serían datos para alegrarse si no fuera porque es muy preocupante que en una situación de atonía económica como la actual los precios se amarren a tales cotas. Y más si se tiene en cuenta que la influencia de la subida del IVA en julio del año pasado desaparece en la comparación interanual, porque el impuesto ya es el igual el mismo mes de ambos años.

La explicación, como siempre, está en gran parte en la enorme dependencia que la economía española tiene del petróleo. La rebaja de los precios se ha debido en agosto, según el INE, principalmente a la moderación de los precios de los carburantes y lubricantes, es decir, el siempre presente factor exógeno que no se puede controlar. El barril de Brent se abarató desde abril en más de 15 dólares y si se resuelve la crisis de Libia es previsible que siga a la baja, pero nada asegura que no vaya a rebotar en un futuro próximo. Razones para pensar esto no faltan, y otra crisis, la de Siria, es una de ellas.

El otro factor al que achaca Estadística la rebaja de la inflación es la evolución de los precios de los alimentos y las bebidas no alcohólicas. Es decir, la bolsa de la compra de los hogares. Y aquí es donde está buena parte de la verdadera explicación, pero también otro problema. Porque el telón de fondo de esta evolución de los precios a la baja es un consumo que está bajo mínimos. Es evidente que con una crisis galopante y un paro en tasas insostenibles, los consumidores ajustan al máximo sus gastos en bienes perecederos, porque de los duraderos se han empezado a olvidar hace tiempo. Esto ha hecho que la oferta se tenga que adaptar al estancamiento de la demanda, y lo está haciendo vía precios. Y aquí está precisamente el problema, en que la moderación de los precios solo aparece en situaciones críticas. Esto quiere decir que la inflación sigue vigente como mal endémico en la economía española y solo se modera coyunturalmente.

Los expertos pronostican que con un petróleo a la baja España puede cerrar con una inflación moderada, cercana al 2% que tiene como objetivo el BCE. No hay que olvidar que el mérito es atribuible a cualquier cosa menos a la competitividad de la economía española.

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