Pequeños gigantes | Molecor

Regreso al futuro, pero a la española

La empresa madrileña Molecor comercializa un producto único en el mundo: tubos de grandes diámetros de PVC orientado. Tecnología totalmente §made in Spain§

No es el condensador de fluzo. Pero al igual que el pequeño artilugio inventado por Doc en la popular película de Steven Spielberg Regreso al futuro, los tres socios de Molecor dieron con la fórmula para viajar en el tiempo. Al menos, en lo que al mundo del plástico se refiere: el PVC orientado. Una tecnología que ha llevado a esta pyme a jugar en la liga de las grandes empresas. Nada de ciencia ficción, todo made in Spain.

El producto -tuberías de plástico para la canalización del agua- se conocía desde hacía 30 años, explican los socios. Pero el sector llevaba otros tantos sin introducir prácticamente ninguna innovación. Ignacio Muñoz, José Manuel Romero y Antonio Arena descubrieron un potencial nicho de mercado. A juzgar por el constante trasiego de camiones cargando sin cesar enormes pilas de tubos, y el imponente aspecto de las máquinas -instaladas en una nave industrial de Mejorada del Campo, al este de Madrid-, dieron en el clavo.

La empresa dio sus primeros pasos como un proyecto de I+D en 2006. Un año antes de la hecatombe financiera mundial, las grandes multinacionales monopolizaban el mercado. Sin embargo, no extraían todo el jugo al producto, que era "poco eficiente a nivel industrial e implicaba elevados costes", explica Arena.

Así que como si de una película se tratase, un equipo de apenas seis personas se enclaustró en una pequeña nave de 400 metros cuadrados para construir su particular DeLorean. Esto es, un producto único: tubos de grandes diámetros de PVC orientado (y la tecnología para fabricarlos). Un arduo trabajo que resultó en un gran salto adelante en el tiempo.

De dilatada experiencia, Muñoz y Arena trabajaban desde hacía muchos años en el sector. Y para potenciar sus habilidades gerenciales, ambos ingenieros deciden realizar un MBA. "Antonio Arena hizo un máster en IESE y yo hice un máster en el Instituto de Empresa", relata Muñoz. Allí conoció a Romero. "Juntamos la experiencia industrial y la del mercado", resume Muñoz. Dos ingenieros industriales y un licenciado en empresariales. Tres ingredientes para componer la receta básica de esta aventura.

Dos ingenieros, un financiero

"Iñaki y Antonio conocen más la parte técnica y yo, la financiera. Así que mi labor consistió en conseguir capital y preparar el plan de negocio", observa José Manuel Romero, director financiero. En sus primeros metros de rodaje, el DeLorean español contó con varios combustibles. "El apoyo del Centro para el Desarrollo Tecnológico Industrial (CDTI) fue fundamental", apunta Romero. "Gracias también al friends and family", añade. Esto es, la ayuda de sus más allegados. Y entre unas cosas y otras, reunieron un presupuesto de 1,3 millones (escaso para una empresa de estas características).

Recursos financieros limitados, ambición descomunal. "Queríamos entrar en un sector donde competían multinacionales", recuerda Muñoz. Y hoy por hoy estamos por encima de ellos. Somos líderes mundiales".

Tras solo cinco primaveras de existencia, la empresa cuenta con dos unidades de negocio muy complementarias entre sí, pero a la vez distintas: la venta de maquinaria que produce los tubos, y la de los propios tubos. Y cada una de ellas aporta aproximadamente la mitad de los recursos a la empresa. "Nuestro pedido medio de conductos oscila entre las 100.000 y las 200.000 unidades", explica Arena, responsable de esta parte del negocio. "Cada maquinaria cuesta entre tres y cinco millones de euros", añade Muñoz, director de la otra pata de la empresa.

¿Mercado objetivo? Todos

Los dos pilares sobre los que descansa Molecor tienen una clara vocación internacional. "Desde el primer momento vimos que nuestro mercado es el mundo", dice con aplomo Muñoz. La empresa nació con vocación internacional desde el primer tubo. Fabricado el prototipo, los tres socios emprendieron un apresurado viaje en coche rumbo a Düsseldorf. Allí se celebraba la feria trianual más importante del sector. Con las horas pisándoles los talones, lograron llegar a tiempo con el prototipo. "Teníamos la evidencia de que nuestra tecnología funcionaba y empezamos a promocionar nuestra actividad", señala Arena.

En la feria, los españoles hicieron contactos y vendieron sus dos primeras máquinas: una a Italia y otra a Australia. Y de ahí dieron el salto al siguiente reto: capitalizarse para poder acometer estos dos primeros pedidos. Molecor entró entonces en una segunda fase, explica Romero. "Tuvimos muchas entrevistas, buscamos mucho". Y al final los amigos y la familia volvieron a dar resultado: "Trabajo casi con las mismas personas que antes. Una persona nos habló bien de una empresa de capital riesgo, Stiria, y a ellos les hablaron de nosotros".

De regreso al futuro, la empresa se encuentra ahora en un momento dulce. "Estamos a punto de cerrar el contrato de nuestra vida", apunta Muñoz. La puerta de un mercado tan inmenso como el indio se abre de par en par para Molecor. Y con ella, la del mañana.

La materia prima del éxito para una empresa

La tecnología española no es lo único que lleva a Molecor por el camino del éxito. "Tenemos un modelo distinto", justifica Arena, director de la unidad de tubos. "Cualquier otra empresa estaría preocupada en mantener la facturación que tenemos, mientras que nosotros estamos inmersos en la construcción de una planta nueva y en abrir nuevos mercados".

El capital humano es otro de los elementos diferenciadores de la empresa. La edad de la plantilla oscila entre los 30 y los 40 años y su preparación es impecable: 15 ingenieros técnicos y trabajadores que dominan varios idiomas.

Su compromiso también es un elemento clave. "Nuestra gente lleva la camiseta", apunta Moreno, director financiero. La cosa llega a tal punto que en una ocasión, cuando la empresa estaba aún en proceso de desarrollo, se repartió lotería por Navidad. "Un empleado dijo que esperaba que no tocase para que Molecor no se fuera al garete", dice entre risas.

"En los dos últimos años, han cerrado dos empresas referentes en España", recuerda Muñoz, director de la unidad de maquinaria. Y con todo, de seguir con lo previsto, Molecor podría necesitar incorporar personal a su plantilla el año próximo.

La compañía parece tener la capacidad de cambiar la orientación del tiempo, como lo hace con las moléculas del PVC, e ir contra corriente. Cinco años han dado para mucho. "Si recapacitas un poco sobre todas las cosas que hemos hecho, es como una película", remacha Romero.

Datos básicos

Facturación. La firma ha ido in crescendo en lo que se refiere a los beneficios. En 2007 cerró con unos modestos 200.000 euros. Pero solo un año después, y con la crisis en pleno apogeo, se acercó al umbral psicológico del millón. En 2010, Molecor alcanzó los 7,7 millones. Y para 2011, la empresa espera llegar a los 14 millones. Una cifra que bien podría dispararse de cerrarse un acuerdo inminente en India.

Plantilla. Los trabajadores son el gran valor añadido de la empresa. De los 50 empleados que tienen en plantilla, 15 son ingenieros licenciados. Además, la firma le da una gran importancia a la preparación de sus empleados y a los idiomas. Toda una pequeña torre de Babel en la que se domina el inglés, el francés, el alemán, el ruso, el árabe y el portugués.

Exportación. El mercado natural de esta pyme es el mundo entero. Y en él recoge el 85% de sus frutos -en forma de beneficios-. Europa Occidental, Oceanía, África, Latinoamérica... Exportan a destinos tan lejanos (y algunos tan exóticos) como Nueva Caledonia, la isla de San Martín o Haití.